Perfil

La abeja victimista y sus bribones

Perfil publicado en marzo de 2011 en El Correo de Andalucía que recupero tras la muerte de José María Ruiz-Mateos y que complementaba otro ‘post’ de La Siega de febrero de ese mismo año (http://www.lasiega.esy.es/2011/02/) donde se daba cuenta de las relaciones de amor y odio entre las administraciones y el controvertido empresario jerezano).

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En un país multicolor (polen financiero en abundancia), nació una abeja bajo el sol (otrora cara al sol con la camisa nueva), y fue famosa en su lugar (empresarial y excéntricamente), por su alegría y su bondad (que, al final, resultó fingida). Y a la pequeña abeja la llamaron Maya, la traviesa (¡que te pego leche!) y dulce (con Trapa y Dhul) abeja Maya. Maya vuela sin cesar (hasta que rompió sus alas), en su mundo sin maldad (a Dios, el Opus Dei y los Legionarios de Cristo gracias). No hay problema que no solucione Maya (siempre al rescate de empresas y trabajadores), la traviesa y dulce abeja Maya. Maya, yo te quiero (te querían, administraciones incluidas). Maya, ven y háblanos de ti.

Soy José María Ruiz-Mateos Jiménez de Tejada, marqués de Olivara. Nací en Rota en abril de 1931, pero me crié en Jerez de la Frontera, donde mi padre tenía una bodega, y estudié en los Salesianos de Ronda. Heredé esa firma y comencé a exportar vino sin intermediarios, para que lo haga otro, yo. Corría el año 1961 y en pocos convertí la compañía en el mayor holding privado de España, Rumasa, fíjense ustedes, vinos, licores, hoteles, tiendas selectas, grandes almacenes, bancos, aseguradoras. Quienes me critican, bribones ellos, dicen que fue gracias al crédito oficial de la dictadura y la manga ancha de los políticos del régimen de Franco, a mí, que soy un mero trabajador, llevo toda la vida trabajando y, a punto de cumplir los 80, sigo trabajando.

El Banco de España, llegada la democracia, me avisó de una peligrosa concentración de riesgos de los bancos del holding en mis empresas y de un exceso de inversión, y repliqué ¡mentiras, todo en orden! Pero recién ocupada La Moncloa por el primer Gobierno socialista, su ministro Miguel Boyer, mal aguijón que le clave, expropió mi panal, con su miel, reina y zánganos, sin valorarlos ni calcular el justiprecio, y ni me pagó ni me paga. Fue una confiscación pura y dura, aunque ellos, a quienes negué información sobre los balances reales del grupo, argumentaron que actuaron para evitar la quiebra y males todavía mayores en una maraña de 700 empresas -se acordarán ustedes de Galerías Preciados, por ejemplo-, con 350.000 millones de pesetas de facturación y 60.000 trabajadores.

Huí al extranjero, pero por poco tiempo, dicen que para expatriar dinero, ponerlo a salvo, otra mentira que me cargan, apenas pisé la cárcel, aunque me acusaron de fraude y evasión fiscal, agredí e insulté a Boyer y me disfracé de Supermán, presidiario, chulo y torero para acudir a los juzgados, parodias con las que capté la atención de los medios y con ellas pasaré a la historia. ¿Se creían que me iba a arrugar? No.

Renací en 1986, dicen que con el patrimonio que logré poner a salvo, yo digo que de cero, y fundé Nueva Rumasa, mi nuevo enjambre, primero la bodega Garvey y el equipo del Rayo Vallecano, en cuya presidencia coloqué a mi mujer, Teresa Rivero, después los flanes Dhul, más tarde los bombones Trapa, luego recuperé la cadena hotelera Hotasa, y fui, poco a poco, al calor crediticio del boom económico, agregando firmas y marcas, Clesa, Cacaolat, Letona, Tranchettes, Santé, Elgorriaga, Cavas Hill… Allí donde había una empresa con problemas, allí que acudía yo a rescatarla y a asegurar los puestos de trabajo. Las administraciones, tan contentas, me daban ayudas y se fotografiaban conmigo, y los sindicatos, también. ¡Ah! Y en 1989, además, recibí el cariño de 600.000 votos españoles en las elecciones al Parlamento Europeo, dos escaños conseguí, que se chinchen los políticos.

Al frente del nuevo panal, mis seis hijos varones, mis siete hembras no, ellas fueron educadas para ser madres de familia, 52 nietos tengo ya. Con tantas empresas y sin despido alguno, me entrampé, especialmente con el Royal Bank of Scotland y el Santander, y cuando me cerraron el grifo, lancé emisiones de pagarés. Pese a lasadvertencias de la CNMV sobre su riesgo, engatusé a cinco mil inversores.

Y ahora no tengo caja para pagar ni a unos ni a otros, y Emilio Botín no me quiere, y miren que he rezado por él en mi capilla particular, que Dios está en mi casa y no me deja siquiera pegarme un tiro, y al banquero le he ofrecido incluso mi brandy como garantía y le he reconocido que mi devoción por el mundo obrero era sólo marketing, un mentirijilla, la Virgen, a la que amo apasionadamente, me perdone. 28 años después y tropiezo en la misma piedra. Las principales de mis 117 empresas, independientes para que no me las cojan todas, van a suspender pagos. Pero la culpa es de todos los demás, no mía, víctima soy en un país de zánganos que ya no es tan multicolor.

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