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Sevilla, qué gran bazar

La zona más norteña de Sevilla, allá donde se acaba el barrio de Pino Montano y también la propia Sevilla, no la conoce ni la madre que la concibió. Donde sólo había jaramagos se ha cultivado una próspera y en constante expansión área empresarial y comercial que, a mediados de la pasada década, quedó sembrada por las torres azules del parque Torneo, para después abonarse con edificios de oficinas y bloques de viviendas en derredor y ahora ampliarse con un nuevo polígono, el denominado Higuerón Sur, que recolecta sus primeras mieses y en breve, sí, revelará una gran cosecha. Es, de hecho, de los pocos enclaves de desarrollo que, en la capital, parecen cobrar vida. Uno va por allí y regresa diciendo aliviado, uf, parece que algo, sí, por fin algo, se mueve. Obreros, carteles, se lee aquí pronta inauguración, dos pasos más allá, otra, trasiego de desempleados para llevar en persona el currículum, por dónde queda Costco, por dónde Brico Depôt.

Hasta aquí, todo bien, ¿no? Pero siempre hay un pero, oh, fatídica palabra acostumbrada a matizar, precisar, condicionar e incluso a echar por tierra cualquier buena nueva: sólo se está poniendo el ojo en el comercio, y esto preocupa porque, sin restar a la economía, sólo estamos sumando comercios y comercios como bares y bares y cruceros y cruceros, sin que se corte la cinta roja del queda inaugurada esta industria, hisopo y agua bendita.

Preguntó el periodista: «¿Las nuevas compañías con las que se negocia para instalarse en el parque del Higuerón Sur serán sólo y como hasta ahora de la actividad comercial?». «Aquí caben todas», respondieron el alcalde, Juan Ignacio Zoido, y Javier Marín, director general de Bogaris Retail, promotora de la criatura. No dijeron más, aunque recordaron que este parque está preparado para albergar firmas de servicios tecnológicos avanzados. Seamos confiados y a ver si llegan de verdad…

Porque no será por la expectación y el despliegue que le dedicamos –yo el primero– a la implantación de cadenas comerciales. ¿En cuántas ubicaciones hemos colocado ya esa tienda aún nonata de Primark en la capital? Avenida de la Constitución, la Gavidia, el Centro así en general, Los Arcos, un polígono cualquiera de las afueras… ¡Pero qué campaña publicitaria más gorda le estamos haciendo sin que la empresa haya dicho sí, allá vamos! ¡Cómo nos gusta un trapito, oye!

La cosa no queda aquí. Se armó el belén cuando Decathlon, por aquello de las peleítas entre administración local y autonómica a cuenta de su apertura en el complejo del Olímpico, dijo: ahí os quedáis con vuestros papeles, que yo pongo pies en polvorosa. La marimorena, además, la vemos asentada desde hace años en el edificio de la antigua comisaría de la plaza de la Gavidia, que tiene novia, al parecer una gran superficie buscada por el Ayuntamiento a la que, incluso, le asigna la dote de un parking subterráneo en la Alameda –aún por construir–, y a ambos proyectos la Junta de Andalucía les dice que tururú. Y, ya como último ejemplo de advocación comercial, se hará lo posible y lo imposible para no dejar escapar la tienda de Ikea en Sevilla capital, así que hágase la SE-35 y cámbiese lo que proceda. Una acotación sobre esta infraestructura:_matiza el delegado de Urbanismo, Maximiliano Vílchez, que no será sólo para la multinacional del mueble, sino que propiciará una gran zona de desarrollo en el entorno del aeropuerto. OK. Pues esperemos que no sean sólo comercios…

Y no es por menospreciar. Al contrario. El sector se caracteriza por una grandísima capacidad para crear empleos y hacerlo rápido, pero sin olvidar tampoco los altibajos laborales que marcan las campañas –por ejemplo, la de Navidad– y, por tanto, la alta temporalidad. Y hay que tener también en cuenta que una parte –dentro del amplio abanico que va del mucho a la nada– de las compras de las ansiadas grandes cadenas se factura a la industria regional y local, así como el efecto arrastre que supone para otros negocios de servicios o transportes.

Quede constancia, eso sí, de que en esta tierra, además de comercio y turismo, hacen falta más industrias, más firmas tecnológicas y más investigación al servicio de las empresas, y tanto mimo y tanto empuje por parte de todas las administraciones públicas –la Zona Franca de Sevilla es un ejemplo, el impulso a la minería, otro– como lo tienen una gran superficie o una tienda de trapos. Que esto, oiga, ya parece un gran bazar, mientras que pronto se secan las lágrimas por las industrias que cierran, huyen o no vienen –responso y resquiescat in pacem–.

P. D.

La parva. Curioso resulta que el campo andaluz esté muchísimo más indignado con el ministro de Industria, José Manuel Soria, que con el de Agricultura, Miguel Arias Cañete, a pesar del reparto nacional de las ayudas comunitarias de la PAC que tantísimo ha disgustado a la Junta de Andalucía y las asociaciones agrarias UPA y COAG. Y la razón no es otra que la descomunal tarifa de la electricidad, que se sufre especialmente en las producciones de regadío –por las bombas de riego–. No en vano, la patronal Asaja prepara una gran movilización, tanto a nivel andaluz como nacional, para reivindicar otras condiciones en los contratos eléctricos de los agricultores, al tiempo que exige a Cañete que medie ante su colega de Industria, quien está haciendo caso omiso al sector. No son los únicos perjudicados del sistema eléctrico español, que no gusta absolutamente a nadie.

La simiente. La Consejería de Economía, a través de la Agencia de Defensa de la Competencia, ha decidido tomar cartas en el asunto de la manipulación del Euríbor que realizaron ocho grandes bancos europeos, condicionando la evolución del principal índice de las hipotecas y perjudicando, pues, a las familias en plena burbuja inmobiliaria. En su análisis del impacto –cuántos hogares perjudicados y por qué cuantía– se apoyará en las asociaciones de consumidores y profesores de la Universidad de Sevilla. Se trata de una cuestión, la hipotecaria, muy sensible para las economías domésticas. Precisamente por esto, se exigirá celeridad y prontas conclusiones para así determinar si las familias andaluzas pueden o no recurrir de forma individual o colectiva. Que no quede en un titular…

La paja. Volvemos a la Consejería de Economía y a su previsión de que la actividad regrese a la mina de Aznalcóllar en apenas un año. Sí, asegura el departamento de José Sánchez Maldonado. Imposible, responde una industria minera, la ubicada en Andalucía, que está acostumbrada a los dilatados procesos administrativos, especialmente en sus requisitos medioambientales. Cierto es que Economía tiene que hacer atractivo el concurso internacional convocado para explotar el yacimiento, y que atraiga a las grandes multinacionales mineras, habida cuenta de que es un negocio que exige una fortísima inversión inicial. Sin embargo, es también aconsejable que se den plazos razonables, puesto que se corre el gravísimo riesgo de perder credibilidad. Al tiempo.

 

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