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Norma Duval en Cajasur y Pilatos en Marsans

Por un momento temí que Mario Fernández se soltara la melena y lanzara al viento, cual anuncio de Norma Duval, un porque yo lo valgo. En su primera comparecencia ante los periodistas andaluces, con motivo de su visita de cortesía al consejero de Economía, Antonio Ávila, y posteriormente al jefe del Ejecutivo regional, José Antonio Griñán, el presidente de la BBK realizó un ejercicio tal de superioridad, cuando no de prepotencia, que muy caro le puede salir en el proceso de absorción de la aún intervenida Cajasur.

La vasca es la mejor entre las cajas de ahorros españolas, sí, lo han demostrado las pruebas de solvencia realizadas a la banca europea. Pero Fernández se encargó de airear su resultado no una vez, ni dos, sino veinte veces ante unos periodistas que se miraban unos a otros como diciendo bueno, vale, basta ya, lo sabemos. De humildad, más bien poco, y aquí aflora su primer error, la prepotencia es mala consejera, un grano en la cara sólo es un grano, pero se puede infectar y dejarte marca.

El directivo vasco, que antes que cajero fue político y más mano izquierda debería haber tenido, se permitió el lujo de decir, en presencia de Ávila, que no acudía a la Junta de Andalucía a recibir bendición alguna. Le faltó aseverar que no la necesitaba, habida cuenta de que la adjudicación de Cajasur es competencia del Banco de España y, además, al convertirse la entidad cordobesa en un banco, escapará a cualquier tutela del Ejecutivo autonómico. Me pregunto entonces a qué vino Mario Fernández. Le convenía, y mucho. Bájese el orgullo, porque el sentir de no pocos cordobeses y andaluces era, y es, esta caja nos la quitan, se nos ha ido.

Cierto es que don dinero no tiene fronteras ni atiende a los sentimentalismos patrios. Pero esta sentencia no se cumple del todo cuando media Córdoba, si no tres cuartos de ella, estaba plenamente identificada con su caja, y si esta especial vinculación no la percibe Mario Fernández, en otro error caería. No sabría lo que ha comprado más allá de números y coeficientes, ésos de los que tanto presume.

No hay que olvidar que más de 1.230 de euros en depósitos se esfumaron de Cajasur entre marzo de 2009 y el mismo mes del ejercicio en curso, y que esa huida se aceleró, con 30 millones diarios, tras la intervención de la entidad por parte del Banco de España el pasado 22 de mayo. Deseando estoy de ver los balances de julio para comprobar el impacto que tuvo la adjudicación de la caja cordobesa a la BBK, si pesó o no ese sentirse cordobés y andaluz.

No en vano, la propia Federación Andaluza de Cajas de Ahorros (FACA), es decir, Braulio Medel, quien la preside, le enmendó la plana al ejecutivo vasco al recordarle que Cajasur ni será una caja, porque se transformará en banco, ni será andaluz, pues su sede social estará en Bilbao. Fue la réplica a las declaraciones de Fernández de que venía a Andalucía para convertir a Cajasur “en una de las cajas andaluzas más importantes”. Menudo tropiezo, gran quite el del cajero malagueño.

Un tercer error de Fernández radicó al hablar de la Obra Social de Cajasur, a cuya fundación se le imprimirían profundos cambios, con un mayor compromiso con la sociedad, la cultura y los emprendedores y con menos folclore. Por mí, perfecto, pero, de nuevo, se olvida de la realidad que envuelve a la actual caja de ahorros cordobesa. Así, el desdén que le hizo a la Iglesia, fundadora de Cajasur, cuando dijo la Iglesia para los creyentes, entre los que no me incluyo, fue un imperdonable descuido que revelaba su desconocimiento sobre Andalucía, donde hasta los mismísimos comunistas se meten debajo de las parihuelas de las vírgenes y se colocan cada Semana Santa el capirote de nazareno.

Y un apunte más. El presidente de la BBK juró y perjuró que no podía cuantificar el recorte de plantilla en la cordobesa, ni los ajustes necesarios en su cartera empresarial ni las necesidades totales de inyección de capital porque el melón no estaba abierto del todo. ¿No sabe entonces qué ha comprado?

Por todo ello, más le valdría a Mario Fernández que no entrara en Cajasur cual elefante en una cacharrería, por mucho que él y su caja vasca lo valgan.

Segunda parte de esta entrada de blog, que dedico con especial cariño a mi compañera Clara Campos, que en breve pasará a engrosar la lista de acreedores en el proceso de concurso (suspensión de pagos) de Marsans, el imperio turístico que gestaron el presidente de la CEOE, Gerardo Díaz Ferrán, y su socio Gonzalo Pascual.

Sigue ahí, al frente de la patronal, y me pregunto el porqué. El empresario tiene derecho, cual torero, a cortarse la coleta cuando estime oportuno, como asegura el andaluz Eustasio Cobreros, cuya familia vendió la cadena de supermercados Cobreros en medio de una auténtica invasión de multinacionales de la distribución comercial. E incluso es meritorio que lo haga si es consciente de que sobra su presencia y que otros lo pueden hacer mejor que él, sobre todo cuando el objetivo principal es llevar a buen puerto un barco que zozobra.

Mucho me temo que lo de Díaz Ferrán no ha sido así. Se deshizo del grupo turístico y lo vendió a la sociedad Posibititum, especializada en comprar empresas en crisis, y se lavó así las manos, cual Poncio Pilatos, con la finalidad de que a él, patrón de los patrones españoles, no le salpicaran las consecuencias posteriores, a sabiendas de que sentenciaba a la compañía a una irremediable suspensión de pagos y a unos despidos masivos que él no se atrevió a afrontar.

A estas alturas, y con todo lo que arrastra Díaz Ferrán, sólo entendería que el respaldo que aún le profesa la cúpula de la CEOE se sustente en la necesidad de trasladar a la sociedad que no sólo los trabajadores sufren la crisis económica, sino también las empresas y los empresarios. Si es lo que persiguen los empresarios españoles, me pregunto qué imagen exterior del empresariado español está dando una patronal presidida por el protagonista de tan sonoro fracaso y que lleva incrustado al nombre un tercer apellido, el de Impago.

¿Alguien se imagina a Juan Pedro Hernández Moltó, ex presidente de Cajas Castilla-La Mancha, o a Santiago Gómez Sierra, ex presidente de Cajasur, al mando de la patronal CECA? Se me podrá alegar que ambos señores están inhabilitados por el Banco de España. Legalmente Díaz Ferrán no lo está, pero ¿y socialmente?

P. D.

La parva. Me encanta esa expresión que ha colocado el PSOE al enmendar la reforma laboral y que habla de que el despido podrá ser objetivo si la empresa prevé incurrir en pérdidas. Cuatro apuntes cambiados, sobre todo en lo que a las amortizaciones se refiere, puede llevar a una empresa a declarar números rojos cuando todo parecía indicar que sus beneficios iban a ser holgados. Pocos recuerdan ya que las pérdidas más abultadas de la historia empresarial española se las apuntó Telefónica cuando decidió amortizar anticipadamente el fiasco de Terra. Se equivocan los socialistas al no especificar en detalle las causas del despido objetivo. Al final seguimos con las ambigüedades y la interpretación de los jueces.

La semilla: Se va José Antonio Vázquez-Rosso de la dirección regional del Instituto de Comercio Exterior (ÍCEX) de Andalucía tras décadas largas décadas en el cargo. En ese tiempo se ha labrado el respeto de las instituciones andaluzas, en especial de Extenda, y de las organizaciones empresariales de la comunidad por su siempre disposición a colaborar en la internacionalización de la economía regional. Suerte en su nuevo destino, Libia.

La paja. Cajasol quiere con Unicaja una fusión entre iguales, alegando que no es tanta la diferencia (unos 5.000 millones de euros) entre los activos de una y otra. La malagueña, por supuesto, dice que tururú, que ella gana con holgura en los principales parámetros financieros, como así lo han revelado las recientes pruebas de estrés, y que estaría dispuesta a ceder algo, pero de iguales, nada de nada. Aquí reside, básicamente, el obstáculo al matrimonio entre ambas, y a esto hay que añadir que Antonio Pulido y Braulio Medel no se pueden ni ver, y eso no ayuda. El ambiente está tenso. Cómo será que cuando hace unos días sonó el runrún de que Unicaja negociaba una alianza con Ibercaja, posteriormente desmentida, en Cajasol interpretaban la noticia como un claro intento de “presión” para acelerar la operación con la malagueña. Después vinieron los test de solvencia. La sevillana esperaba un mejor resultado. Se quedó helada. Un aprobado raspado. Menuda sonrisa afloraría en la cara de Medel, y eso que sonríe poco.

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