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Luis Olivencia ‘in memoriam’

La última vez que hablé con él fue en febrero pasado a cuenta de una duda sobre una compañía sevillana en proceso de liquidación sobre la que mucho habíamos hablado –y también cotilleado–. Cogió el teléfono, nunca hizo lo contrario, y me obsequió con una de sus clases magistrales. «Perdona, Luis, no quiero molestarte», me excusé. «Nunca lo hiciste y nunca lo harás. Siempre estaré aquí. Llámame para lo que necesites». Acto seguido, como en tantas otras ocasiones anteriores, me recordaba que uno de sus primeros trabajos fue para El Correo de Andalucía, y con eso bastaba para sentir una humilde y sempiterna deuda con este periódico.

Tanta que hoy revelo que, allá por noviembre de 2013, cuando un individuo malandrín trató de hacerse con este centenario rotativo a través de artimañas societarias ajenas a cualquier empresario –e incluso persona– de bien, Luis Olivencia Brugger atendió la desesperada llamada de este periodista para, en nombre de toda la Redacción, pedirle ayuda y consejo. «Ya sabes, Juan, que estoy limitado. Pero si me necesitáis, allí voy». «No, de veras, no hace falta», repliqué. Sólo unos minutos después, sonaba el teléfono: «Juan, estoy más tranquilo. Pepote (el abogado y expresidente de la Junta de Andalucía José Rodríguez de la Borbolla) va para allá».

Días más tarde, los trabajadores en Plaza Nueva, manifestándose, denunciando su crítica situación y buscando una salida empresarial para este diario. «Desde aquí os puedo ver, pero no puedo bajar para estar con vosotros», y de nuevo sacaba a relucir su vinculación con El Correo de Andalucía. En la sombra de su enfermedad, reconfortando él, no siendo él reconfortado. Es el remordimiento que aflora mientras estas líneas escribo, o quizás la sana envidia hacia su gran persona.

Porque, al margen de su valía profesional, que era muchísima, Luis era –y es y será por siempre– todo un caballero. Quienes trabajamos en el periodismo económico de Sevilla abusamos, sí, de él. Porque opinaba, y bien, de las cajas de ahorros. Porque argumentaba, y bien, sobre las cuestiones mercantiles. Porque explicaba, y bien, los entresijos de los concursos de acreedores. Porque se quejaba, y bien, de la lentitud de la Justicia –«los juzgados son cementerios de empresas». Y, además de todo eso, transmitía una humildad y una sencillez que ya quisieran para sí muchísimos de quienes conforman la sociedad de la abogacía y, si me apuran, ésa que llaman la sociedad sevillana. Retaguardia, pese a ser quien era…

Le bastaba Tarifa para ser feliz y Tarifa y sus atunes estaban presentes en su despacho del bufete Cuatrecasas, Olivencia-Ballester en el histórico edificio de La Unión y el Fénix de Plaza Nueva. Véase aquí una enorme fotografía en blanco y negro. He de admitir que, mientras contaba su relación adolescente y amorosa con esa ciudad de los vientos, mis ojos se iban hacia carpetas y archivadores donde rezaban nombres entonces protagonistas en plena ebullición de las fusiones de cajas de ahorros y de empresas andaluzas y españolas. Cuánto titular allí escondido…

Le gustaba, sí, este mundillo periodístico, y ahí queda su rúbrica en El Mundo –sentido obituario el parido de la pluma de Sebastián Torres– y Expansión. Es más, tenía un pellizco de periodista nato. El respeto y el reconocimiento hacia la labor del periodista y de la prensa –cuántos fueran como vos, querido Luis– era escrupuloso. Sus incursiones –«escaramuzas»– las tuvo en las redes sociales: un blog de sus escritos y un twitter ahora vacíos. Luis Montoto, de ABC de Sevilla, le dedicaba su artículo del pasado domingo –léanlo, dice mucho sobre la personalidad, el magnetismo y la discreción que caracterizaban al letrado–. «Muy apenada por el fallecimiento de Luis Olivencia, siempre tan servicial y con un trato afable y paciente desgranando el Derecho Mercantil», escribía en twitter mi compañera Isabel Campanario, un pesar compartido por quienes en la Prensa tuvieron –tuvimos– la inmensa suerte de conocerlo, tratarlo, admirarlo y quererlo.
Allí donde estés, querido Luis, seguro que sigues siendo el mismo. Descansa en paz.

P. D.

La parva. El proyecto para el dragado de profundización del río Guadalquivir en varios de sus tramos desde Sevilla capital hasta su desembocadura en Sanlúcar de Barrameda ha recibido un auténtico varapalo por parte del Consejo de Doñana y de la Junta de Andalucía, a través de su Consejería de Medio Ambiente. La alternativa de protección de las márgenes del río propuesta por la Autoridad Portuaria no convence, de ahí el no rotundo, y vuelta a los chiqueros. Yo, a estas alturas de la larguísima película, me pregunto si, en lugar de este ir y venir, no sería mejor y urgente que unos y otros se sentaran –la educación no me permite gritar ¡de una puñetera vez!– en una misma mesa y consensuaran medidas preventivas y correctoras que posibiliten afrontar las obras del dragado. Y si realmente no existen, pues hombre, dejen ya de marear y generar falsas expectativas.

La simiente. Después de varios años de declive en la formación de directivos de empresas –ya se sabe que la formación es precisamente una de las grandes damnificadas en tiempos de crisis económica–, el alumnado vuelve a clase. Sí, lo confirman en la escuela de negocios andaluza Instituto Internacional San Telmo, que aprecia ya un repunte en sus principales programas (el PIDE y el AD-1). Una institución académica que, por cierto, acaba de recibir un auténtico espaldarazo internacional tras la decisión de Carrefour de que sus directivos de cualquier parte del mundo se formen en San Telmo –en las sedes de Sevilla o Málaga–. De hecho, una de sus especialidades formativas es la agroindustria y el conjunto de la cadena alimentaria.

La paja. ras las investigaciones afloradas sobre el presunto fraude masivo en las ayudas a los cursos de formación para parados y trabajadores en Andalucía, y como si no tuviéramos ya suficiente con el caso de los ERE y el escándalo de los fondos mal empleados por UGT, se exigen dos cosas inmediatas. Primera: no generalizar, puesto que a raíz de las informaciones, parece que la totalidad de las subvenciones y, por tanto, el conjunto del sistema están bajo sospecha, y no es así: la minoría no puede tomarse por la mayoría de empresas de formación serias y de desempleados que necesitan realmente formación y/o reciclaje para poder trabajar. Y segunda: que el gran enfado público de la Junta de Andalucía no le exime para que saque los papeles caiga quien caiga.

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