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La Sevilla del turismo de hacer bulto

He de confesarles, queridos lectores, que fui yo quien desbarató el número redondo de personas para que éste no ascendiera exactamente a 1.600.000 y se quedara en 1.599.999, las que visitaron el iluminadííííísimo centro de Sevilla durante el pasado puente de la Inmaculada, o de la Constitución, tanto monta. Ese restante uno, díscolo, traicionero, aguafiestas, saborido, más que saborido, que eres un sieso, fui yo, sí, lo confieso, entono el mea culpa, solamente mea. Pero, salvo caso de extrema gravedad o salida nocturna, yo por semejante jungla no paso. No percibo placer alguno en las masas, ni que esta ciudad, alentada por la sempiterna política de fiestas de quienes gobiernan en Plaza Nueva, sucumba al encanto del bulto. La cosa me recuerda a cierto profesor de Ciencias de la Información cuya teoría de la maquetación se reducía a manshshshar. Manchar con lo que sea, pero había que manshshshar.

Y esa imagen del agobio agobiante, muuuuuucha gente, hay que venderla fuera para atraer dineritos a sus señorías del Centro, a saber, comerciantes, hosteleros y hoteleros, en esa partidaria y muy interesada teoría de que si el Centro va bien, el resto de la plebe de los barrios tendrá también el contento en la caja registradora. La aristocracia primero, batiendo palmas al Ayuntamiento con las orejas, y después los demás, la otra economía populacha de comerciantes, hoteleros y hosteleros a quienes no preguntaron cómo les fue realmente el puente.

Uno, que es curioso y cotilla por aquello de la degeneración profesional, pega su indiscreto oído a una conversación entre la encargada y una camarera de la cafetería donde suelo desayunar, en Pino Montano para más señas, y le cuenta quejosa: “En lo que llevamos de este mes de diciembre, han entrado en caja unos 500 euros menos que por las mismas fechas del año pasado”. Querida mía, qué decirte yo, aguarda al mapping de la plaza de San Francisco que, por segundo año consecutivo, nos traerá nuestra Zoidonavidad –sí, señor alcalde, a coste cero, no pierda ocasión para recordarlo–, lo grabas sin perder detalle alguno y lo emites una y otra vez por la panorámica televisión de tu bar. Hordas garantizadas.

Oye, señor turista alemán, después de estar harto de trabajar, porque en Alemania sí se trabaja, déjese usted de tranquilidad, hombre, véngase a la bulla de Sevilla, que en su día patentamos para la Semana Santa y ahora la hacemos extensible al mes y medio que dura nuestra Navidad. No pasee por sus calles, no, déjese llevar cual borrego por el rebaño. No compre con paciencia y mesura, no, súmese al estresante estrés de las larguísimas colas y al de las familias enteras, padre, madre, hijo, novia y el pobre abuelo empujando el carrito del bebé y con la cartera dispuesta. No deguste la tapa y el vino, no, desespérese en grado sumo para pedirlos al camarero, cójalos y realice después un sprint hacia la mesa en un intento de comer sentado, fracase y engulla de pie y esquivando codazos. Y, ya por último, cuídese de los empujones, que puede terminar sobre el asfalto atropellado por el autobús que, a duras penas y con el riesgo que entraña, trata de hacerse paso entre la jauría humana o, si coge el coche, échele resignación para sortear el tráfico. Son sólo pequeñitos inconvenientes para disfrutar de esta ciudad sin moderación y del bulto.

Muchos, con la grasia sevillana, vendrán a replicarme, oye, tú, so sieso, que esto es Sevilla, casssi ná. Pues esta Sevilla quédensela, todita para ustedes, ahora, eso sí, ni una queja quiero del tipo “en el Centro no se puede estar, hay demasiada gente, no vuelvo, el coche se lo ha llevado la grúa, si lo sé no vengo”. En mi soledad, yo seguiré replegado en mi barrio, o en los barrios, para, dentro de mis posibilidades, hacer negocio a los comerciantes y hosteleros plebeyos, puesto que la aristocracia ya está bien surtida, pero que muy bien surtida, con esta Zoidonavidad.

No estoy restando valor a los esfuerzos del Ayuntamiento para generar más atractivo turístino y animar el aún depauperado consumo. No descubro la pólvora al decir que la tan necesaria creación de empleo requiere del impulso a la actividad económica. Sí cuestiono, en cambio, la estrategia, errónea a mi parecer, de comercializar el producto turístico Sevilla como un turismo de bullas, de masas, de bulto. Porque son imágenes que se quedan impregnadas en la retina, se tornan preconcebidas y, a la larga, pesan y pasan factura. Que, por ejemplo, se traslade como un triunfante triunfo el urgente corte de la circulación del tranvía por la masiva afluencia de público en la avenida de la Constitución y la Plaza Nueva es, lejos de un rotundo éxito, un absoluto fracaso, salvo para la propaganda política que encumbra al señor alcalde con decenas de miles de bombillitas de colores y rayos láser.

Éste es el segundo año de la Zoidonavidad. Después del primero, recuerden, el frío de enero nos dio un doloroso guantazo en la cara y nos devolvió la crudísima realidad de una economía y un empleo que fueron a peores. Tras el segundo, a ver si la aristocracia se queja mucho o poco, pero quejarse se quejará. Yo seguiré siendo ese uno, poquita cosa, que joderá aquel 1.600.000.

P.D.

La parva. Pocas horas antes de que el alcalde de Sevilla diera, acompañado por nueve concejales, una rueda de prensa para presentar las novedades de uno de los exitosos productos de la factoría Zoido, el mapping navideño, su delegada de Hacienda, Asunción Fley, hacía lo propio, pero sola, para explicar las cuentas de los presupuestos para 2014. Es lógico que las convocatorias ante los periodistas las atiendan aquellas personas que realmente conciben el asunto, lo entienden y pueden explicar sus detalle. Pero no deja de sorprender la comparación y, por tanto, el bajísimo perfil al que ha quedado reducido el regidor.

La simiente. Después de meses y meses de trámites y agónica burocracia en los que realmente pensé que el proyecto gourmet para las Naves del Barranco se iría al carajo como otros muchos de Sevilla capital, al final ha triunfado la paciencia y la transformación del edificio junto al puente de Triana ha comenzado. La cosa gourmet está de moda, sí, y puede incrementar no sólo la oferta gastronómica de la ciudad, sino también revalorizar las producciones agroganaderas y agroindustriales de la provincia. Así, la reciente apertura del mercado gourmet del céntrico El Corte Inglés de la Plaza del Duque, el propio mercado de abastos de Triana, y el proyecto para el mercado de la Carne bajo el puente de los Bomberos dan idea de la pujanza del sector gastronómico. Bienvenidas sean todas las iniciativas… y ojalá haya negocio para todos.

La paja. Es curioso que Santiago Herrero, presidente de la patronal CEA hasta enero, recurriera a la misma justificación que los líderes de UGT cuando se quieren quitar los marrones de encima. Eso de hay conspiraciones mediáticas contra mí, a izquierdas o derechas, está ya muy manido y revela la falta de argumentos por parte de quienes no quieren aclarar los escándalos. Pero resulta aún más sorprendente el silencio –salvo rara avis– dentro de los órganos de la patronal en un intento –supongo– de lavar en casa los trapos sucios y que no se sequen a la luz pública. Pues con su cobardía, su silencio, ese no pedir siquiera explicaciones sobre el caso de las VPO de Sevilla Este, el agujero económico de la CEA y el fracaso de la concertación social, se vuelven cómplices de la pérdida de credibilidad de la CEA y de lo que esté bajo las alfombras…

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2 thoughts on “La Sevilla del turismo de hacer bulto

  1. E says:

    Cuánta razón tiene y qué bien pinta a esta Sevilla hortera de la bulla que, efectivamente, es la que quieren vender con el todavía más hortera “casi ná”.
    Fui una de las víctimas de esa cifra espeluznante que, ni por asomo, me esperaba. Lo normal es pensar que habrá gente en el centro por estas fechas horrendas, pero aquello fue la rehostia vamos. Iba a casa de unos amigos y menos mal que pude huir despavorida de los miles de carritos con niño, los empujones, los gritos en el oído, la turba navideña del año, que cada vez parece empeorar, en fin, no sé por qué, se me viene a la cabeza lo que escuché ayer en un programa de radio sobre la clase política, que cada país tiene los politicos que se merece…….???

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