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Gambrinus por el mundo

Cruzcampo necesitaba un golpe de efecto, una reacción rápida ante el descenso general del consumo de cerveza y del suyo en particular en un mercado, el andaluz, en el que Mahou-San Miguel comenzaba a echar el resto para arrebatar cuota en la hostelería. El Correo de Andalucía lo advertía en agosto pasado: el grupo Heineken España, propietario de la histórica marca sevillana, no sólo se distanciaba de ese líder de las rubias, sino que la tercera compañía, la catalana Damm, se acercaba cada vez más y amenazaba con quitarle en pocos años el segundo puesto de este ranking. No pocos interpretaron la noticia, escrita también por éste que La siega firma, como un injusto ataque al sevillanísimo Gambrinus y una claudicación ante los botellines foráneos. Ni una cosa ni la otra. Era simplemente constatar, con cifras certeras de la propia industria, que algo estaba fallando en la estrategia comercial desarrollada por Cruzcampo –y el tiempo, sin falsa modestia, parece haberle dado a uno la razón–.

Si algo ha demostrado esta crisis económica es que no hay tanta fidelidad a las marcas cuando el bolsillo aprieta. De hecho, aquí está la clave del continuo crecimiento en España –más intenso que en el resto de Europa– de las marcas blancas, que son propiedad de las cadenas de distribución: tú me fabricas, yo le pongo la etiqueta con el nombre de mi supermercado. Si dentro del hogar el gasto trata de reducirse, ¿cómo iba a quedar intacto el presupuesto familiar para salir de bares?

Con su tradicional e indiscutible hegemonía –¿soberbia?– en Sevilla y en la Andalucía occidental, a Cruzcampo se le olvidó la sensibilidad de adaptarse a los clientes, y especialmente en una provincia y en una comunidad autónoma que, oh descubrimiento, sufre un insoportable nivel de paro. Aquí radica una parte de la culpa. La otra habría que buscarla en aquellos dueños de bares y cervecerías que, sin dejar de mirarse el ombligo con el tengo la mejor cerveza del mundo, se resistieron a abaratarla para así amarrar los márgenes de beneficio pese a la estampida de los consumidores, sobre todo los más jóvenes, ¿adónde? Hacia los nuevos modelos de restauración low cost, como 100 Montaditos y La Sureña, enseñas ambas de la cadena Restalia.

El grupo Mahou-San Miguel sí entendió muy bien tales necesidades y una gran oportunidad de robar mercado en unas enseñas que daban volumen. Mucho volumen. El cubo de cinco botellines Mahou por tres euros, el gancho de La Sureña, rompería el mercado. Al cambio: dos cañas de Cruzcampo. Y díganme: ¿Quién ha resistido la tentación? Eso sí, también es cierto que era la novedad, y el modelo está llamado a reinventarse con el pasar del tiempo –no en vano, ya se ha iniciado la mutación–. Al compás de más y más aperturas, con Restalia Mahou se hacía cada vez más y más grande…

¿Alguien se extraña ahora de por qué Heineken España perdía cuota de producción? La soleada y turística Andalucía es un mercado estratégico por la sencilla razón de que aquí hay sol y hay turismo. Hace calor, viene gente y bebe –y mucho–. No es una sorpresa, por tanto, que todas las grandes cerveceras nos quieran, y que todas envidien el grado de penetración –y servicio– que tiene Cruzcampo en la hostelería.

En la tardía reacción de Gambrinus se han alineado tres astros: primero y primordial, el interés de Heineken España por no seguir perdiendo cuota de mercado –menos ventas, menos ingresos, más costes de transporte, menos beneficios; he aquí las claves del volumen–; segundo, el interés de Restalia, que ya ha visto las orejas de un lobo que aúlla que la novedad se diluye; y tercero y último, el desinterés de la propia Mahou-San Miguel, que difiere en la estrategia de ampliación de las franquicias de 100 Montaditos y La Sureña, que aborda ubicaciones donde poco puede crecer más, y además es muy consciente de que la hostelería tradicional seguirá siendo coto vedado para ese tío gordo y de rojo.

Éste, asimismo, será un sevillano por el mundo, habida cuenta de que Restalia ha concebido una fuerte expansión al otro lado del Atlántico, al tiempo que abordará zonas norteñas de España ahora muy controladas por Mahou-San Miguel. Son cinco los años del acuerdo, cinco años por delante para acortar distancias con su más inmediato rival y acrecentarlas respecto a Damm. La guerra de la cerveza, por tanto, se librará no ya en el sur, sino en el norte. Y esto suena al donde las dan…

P. D.

La parva. «Desprenderse de La Almoraima es como vender el Guernica de Picasso». Lo ha dicho la consejera de Medio Ambiente, María Jesús Serrano, en una entrevista publicada ayer por este periódico, donde reitera el rechazo de la Junta a la prevista venta de esa grandísima finca gaditana propiedad del Estado. No está mal poner en valor el patrimonio natural y agrario que tenemos, y que éste sea considerado cultura de nuestra tierra. Pero quizás haya que recordar a la Administración autonómica que ella liquidó el IARA –y con él, la reforma agraria–, con el cartel de se vende para sus tierras. Si pocas se vendieron, culpa fue de la crisis. Si alegan que eran para adjudicarlas a sus colonos, no se debe olvidar que si éstos no lo hacían, aquéllas se podían colocar en el mercado. La Almoraima está en el corazón del Parque de los Alcornocales; el IARA, en el corazón de la misma autonomía.

La simiente. Cuando se gestó, hace algo más de ocho años, la Corporación Tecnológica de Andalucía fue acogida con cierto recelo. Era una apuesta de la Administración regional por la I+D+I en unos momentos en los que ésta estaba de moda y, además, había que sacudirse la imagen de una comunidad autónoma eminentemente agraria, agroindustrial y turística. Es más, existía entonces una errónea creencia: que el paso de una economía aún muy tradicional hacia otra más innovadora y tecnológica era cuestión de añitos. Algunas de las empresas fueron incluso arrastradas por la Junta para entrar en la iniciativa. Ocho años después, la CTA ha demostrado, sin interferencias externas, las virtudes de esta gran alianza donde confluyen grandes y pequeñas empresas. Y sus números la avalan.

La paja. Las seis grandes entidades sancionadas por una multa de cuantía histórica por la Comisión Europea tras manipular la evolución del Euríbor hipotecario –a saber, los bancos Deutsche Bank, Royal Bank of Scotland, Société Générale, JPMorgan y Citigroup y la firma bróker RPMartin– y las otras dos – Barclays y UBS– que reconocieron la alteración y colaboraron en las investigaciones deberían ser las primeras en aclarar cuál ha sido el impacto económico de sus tejemanejes en las familias. La Agencia de Defensa de la Competencia de Andalucía, junto con las asociaciones de consumidores y profesores universitarios, ha abierto una investigación al respecto. Desde aquí esperamos la necesaria contribución de los bancos nombrados. Sea al menos por decencia…

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