Agroalimentación, Agroindustria

Aceites de oliva. Bellota a precio de cebo

Primero fue una cadena de supermercados y después otra de hipermercados. No salía de mi asombro. El aceite de oliva virgen extra estaba más barato que el aceite de oliva refinado (el normal y corriente). Como si el jamón ibérico de cebo (pienso) se comercializara más caro que el jamón ibérico de bellota. No sé si me explico bien, así que vaya por delante otra idea, ésta llevada al extremo: atún enlatado para elaborar las mil y una tapas gourmet de la ruta del atún de Zahara de los Atunes. Y no es que uno dude de las calidades de ese aceite de oliva refinado, ni de ese jamón de cebo ni de ese atún enlatado. Para nada. Las calidades se presuponen. Pero cuando se han dedicado tantísimos esfuerzos de tantísimos años a poner en valor y en su valor la categoría extra –y, por tanto, a cobrarlas bien o, al menos, en sus justos términos–, a ver a partir de ahora con qué argumentos se convence al consumidor de que la calidad, sí, tiene un precio.

Quizás saltarán algunos: sería un mero caso aislado. Pues que apunten: no sólo estoy hablando de marcas blancas, sino también de una reputadísima marca andaluza de aceite de oliva cuyos vírgenes extra se estuvieron comercializando la semana pasada por debajo de los normales y corrientes y, para más inri, con cotizaciones inferiores a las etiquetas blancas. Desconozco si semejante estrategia es atribuible a esa compañía –un gran grupo cooperativo, para más señas– o al hipermercado en cuestión, pero sí considero que es un gravísimo error y, si me apuran, una tropelía.

La coyuntura actual de precios elevados, debida a la escasez de producción que se prolongará otro año –la sequía y las altas temperaturas han causado estragos en el olivar andaluz, y con esta evidencia ya juegan todos para la próxima campaña–, no puede ser una excusa para ganar más –unos y otros– y echar por tierra el inmenso trabajo realizado para diferenciar los aceites. Son cortas miras que tendrán sus consecuencias, y quienes las practican muestran una enorme insensibilidad en el caso de las cadenas comerciales o una traición en el caso de las aceiteras, a quienes, para colmo, se les llena constantemente la boca para pedir y pedir y pedir ayudas a la promoción de nuestro oro verde. Manda…

Y, por cierto, eso de nuestro vamos ya a relativizarlo y a ponerlo en cuarentena. Datos oficiales del Ministerio de Agricultura: hasta julio pasado –sobre una campaña que se inició en octubre– España había importado 132.700 toneladas de aceite de oliva, más del doble que las 57.600 de todo el periodo de comercialización 2013-14. Si añadimos a esta cifra las 837.700 arrojadas por la industria oleícola autóctona, se concluye que una de cada seis botellas puestas a la venta en esta campaña es de origen extranjero, y eso sin contar lógicamente con las consabidas mezclas de procedencias… Y que no se deduzca de aquí un ataque a las envasadoras nacionales. En absoluto. Si no hay cosecha, habrá que comprarla donde la haya, sea en Túnez, Portugal o Marruecos, salvo que queramos cargarnos el mercado español con precios realmente prohibitivos.

Y esto nos lleva a otra reflexión. Sin restar importancia a la preferencia que se ha de guardar a la producción olivarera española por parte de las envasadoras, recuerden todos este capítulo de carestía para, en lo sucesivo, no escupir a quienes, hoy por hoy, están aportando parte del aceite de oliva que se consume en España y se exporta desde España. Porque, señores, están permitiendo que España no pierda ni capacidad de producción industrial, ni consumo interior ni mercados exteriores, esto es, los tres elementos esenciales e indispensables para continuar colocando nuestro aceite cuando nuestros olivos vuelvan a estar cargados.

¿Habría algún resquicio que justificara que el precio del virgen extra sea inferior al del aceite normal y corriente en las estanterías de los supermercados e hipermercados? Entre finales de julio y principios de agosto, hubo días en los que la cotización del aceite de oliva lampante (necesita ser refinado antes del envasado y consumo) en los mercados de origen (agrarios) estuvo por encima de la marcada por el virgen y éste, a su vez, se compraba más caro que el virgen extra. Sin embargo, las diversas gráficas del sistema de precios en origen Poolred de la Fundación del Olivar revelan que sólo fueron momentos puntuales, sin grandes diferencias de valores y, además, inmediatamente las diferentes categorías del oro verde encarrilaban sus tradicionales y lógicas tendencias –en la actualidad son entre 15 y 20 céntimos los que distancias a una de otra: 4,18 euros el kilo de virgen extra, 4 el virgen y 3,85 el lampante–.

Por tanto, no es argumento. Quedarían, por último, otros dos alegatos: uno, que el aceite de oliva normal y corriente es el más consumido en la cocina y, por tanto, a más demanda, más precio, cosa incierta pues no cabe comparar el zumo directo de la aceituna, que es el virgen extra, con aquél que requiere de procesos industriales para reducir su acidez y adaptarlo al paladar; y dos, las mezclas entre las distintas calidades para vender como superior la que es inferior, entrando aquí en el terreno del fraude, o a la inversa, tratando así de comercializar con los buenos precios récord actuales el virgen extra sobrante –y esto último debería ser también objeto de contundente denuncia pública por parte de esas organizaciones agrarias que recurrentemente se quejan de ventas por debajo de coste en determinadas cadenas de supermercados e hipermercados cuando las cotizaciones en origen se derrumban–.

Todos estos caminos nos conducen a la misma Roma: un daño tremendo a la imagen del aceite de oliva y, en especial, al virgen extra, horadando el mimo con el que, ahí al ladito, en la misma estantería del establecimiento comercial, otras muchas firmas andaluzas trabajan, seleccionan, envasan, empaquetan, tematizan y comercializan su oro verde extra como lo que realmente es o nos hicieron creer, un producto delicatessen o gourmet.

P.D.

La simiente. Cuando el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero eliminó la cuota cameral obligatoria que pagaban empresarios y autónomos a las Cámaras de Comercio, la de Sevilla revelaba que estaba parapetada de los estragos gracias a la diversificación de sus ingresos y actividades. En efecto, junto con un duro plan de ajuste de plantilla, la institución cameral presidida por Francisco Herrero se adentró en el negocio de la formación reglada con la compra del campus EUSA –la mitad primero, la otra mitad después– y se hizo con el club Antares (centro empresarial y deportivo) que había caído en concurso de acreedores (o suspensión de pagos). Pero estén atentos, que para EUSA existen concebidos planes para ampliar el campus, sus disciplinas, idiomas e incluso alianzas universitarias, y para el club Antares, que en 2015 se encamina hacia la rentabilidad, se ha previsto una búsqueda de socios inversores y/o gestores…

La parva. Dos crisis bursátiles de la compañía Abengoa en menos de un año es, cuanto menos, preocupante, sobre todo si se tiene en cuenta que ambas están provocadas por una misma incertidumbre: el nivel de deuda. Al igual que por su constante innovación tecnológica, loable y mundialmente reconocida, la multinacional sevillana se ha caracterizado por una constante innovación financiera, donde ha puesto los huevos en numerosas y, sobre todo, rebuscadas cestas. Y esto último, si no se gestiona bien y con mesura, puede resultar tan peligroso como poner todos los huevos en la misma cesta…

La paja. No pocos bancos españoles están llamando por teléfono a sus clientes ofreciendo eliminarles inmediatamente las cláusulas suelo de sus hipotecas –ya, en cuanto me digan sí o sí–, porque ellos son muy buenos y como gesto, pues, de buenísima voluntad. Eso sí, con la grabación de por medio, los hipotecados deben renunciar a pleitos judiciales y, por tanto, a todos los importes cobrados en exceso –y que los jueces consideran abusivos– de todos los años en que las cláusulas suelo impidieron aprovecharse de las rebajas del Euríbor. “Oiga, tengo una oferta para usted…”. ¿Una oferta? ¿Quién le hace el favor a quién?

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