Periodismo

Todo cambia

He vuelto a escuchar a Mercedes Sosa. A oscuras. Siempre lo hago cuando me enfrento a una cuestión trascendente que requiere, ante todo, sosiego. No hay voz que transmita tanta paz. Sea cual sea la canción que elija, inexcusablemente viene rematada de Gracias a la vida. Y en esta ocasión, sí, he optado por Todo cambia.

No ha sido fácil dejar la Redacción de un periódico. Nada fácil. Primero Diario 16 Andalucía, después Diario de Andalucía, más tarde Diario de Sevilla y finalmente El Correo de Andalucía para marcar un punto y aparte –no final–  a veinte años de papel. Quienes profesionalmente estamos curtidos en él sabemos cuánto gusta, cuánto engancha, cómo se mete la tinta en las venas mañanas, tardes, noches y madrugadas, sin importar las largas horas porque, al fin y al cabo, seguimos siendo románticos –¿tontos románticos o románticos tontos?–.

Fue en octubre de 2007 cuando Antonio Hernández Rodicio me llamó, vía Inma Carretero, para forjar una sección propia de Economía en El Correo de Andalucía que, sin perder la perspectiva general, otorgara prioridad a las cosas de aquí. Bastaron dos reuniones, la segunda con cerveza de por medio en el Arenal, para convencerme, aunque con la primera estaba ya convencido. El empuje definitivo, sin embargo, vino de Juan Contreras –cuya trayectoria, que conozco desde sus inicios, admiro sobremanera tanto como su humildad y su compañerismo–, quien en esos días también, lágrimas incluidas, abandonó Diario de Sevilla y pasó al decano de la Prensa de Sevilla.

¿Y te arrepentiste? Me lo han preguntado muchísimas veces, en especial en las épocas malas, malísimas, cuando El Correo de Andalucía estuvo a punto de cerrar por la acción u omisión de empresarios malandrines –y antes de seguir, un inciso: tengo que reconocer públicamente la valentía del empresario Antonio Morera Vallejo al comprar un rotativo que estaba condenado, sí, a la muerte, y que trata de salir adelante en el complejísimo negocio de la comunicación y, sobre todo, de la prensa escrita–. Pues no, nunca me he arrepentido. En la sede de Américo Vespucio, justo frente a la Facultad de Comunicación, disfruté momentos de absoluta libertad, la palabra más anhelada por un periodista, y nadie puso cortapisas siquiera a los contenidos iniciales de este blog. Encontré, además, una plantilla donde abundaban jóvenes y magníficos profesionales, sabedores de trabajar en una escuela de periodismo y de la responsabilidad de ser partícipes del diario con más historia de la provincia: el decano.

Pero llegaron las estocadas. Las de la crisis económica y las que no eran de la crisis económica, que también las hubo, y que quizás fueron las más dolorosas. Y una tras otra y el periódico se desangraba, y en la forzada fila india de una particular y muy triste ribera del Darro paseaban muchos de los mejores, tanto plumillas como foteros. Cuando hace algo más de año y medio las circunstancias se retorcieron hasta episodios esperpénticos que hablaban de estafadores, conspiraciones, abogados, comités, encierros, notarios y engañifas –para escribir una novela–, la impresionante y no imaginada ola de apoyo y calor social despertada en Sevilla fue como el suero para alimentar esperanzas. Y así fue. Con otro empresario, con otra empresa, con otra sede, también con otras formas.

Dejo una Redacción de El Correo de Andalucía con redactores, créanme, excepcionales como profesionales, a los que su trabajo les encanta, y, lo que es más importante, como personas. Son muchos, los de entonces y los de ahora, y sería este post del blog La siega larguísimo si mencionara de todos y cada uno ellos. Perdónenme los demás si elijo once que resumen, por unas u otras cosas, cuánto bueno reside aún allí…

Mi Isabel Campanario, ahí juntitos ambos haciendo Economía, tantos años siempre pidiendo estar a mi vera, y yo a la suya.

Mi Nicol Jiménez, la eficiencia personificada como periodista y como madre.

Mi María José García, mujer entrañable, sonrisa de rojísimo carmín y tacones medios que retruenan, buena gente donde las haya.

Mi Ana Trujillo, flamenca, sosiego y siempre una buena palabra.

Mi Antonio Morente, la virtud de la paciencia (El Correo le debe muchísimo más de lo que muchos se piensan).

Mi Luis Lastra, trabajador, puntillita, negro humor, quien nunca dejará de recordarme que soy periodista gracias a sus apuntes de facultad.

Mi Diego Díaz, jovencísimo pero con dos dedos de frente, o más bien cuatro, un auténtico descubrimiento para mí por su valía y honestidad.

Mi Txetxu Rubio, servicial, aviador recuperado y en recuperación, a quien alterno el estimado y el querido.

Al otro lado del muro, mi tándem Águeda y María, con sus muchos ratos de trabajo y también los no pocos de carcajadas.

Y, claro está, mi Juan Contreras, mi hermano, y con esto te lo digo todo.

Hay un momento en la vida, cuando se pasa la barrera de los 40, en el que hay que pararse, echar la vista atrás, analizar el pasado y, con la conclusión obtenida, encarar el futuro. Ese momento ha llegado para mí. Me queda media vida de carrera profesional. Sólo media, el tiempo pasa muy deprisa. Y mientras finalizo estas líneas, vuelvo a escuchar a Mercedes Sosa…

Cambia lo superficial 
cambia también lo profundo
cambia el modo de pensar
cambia todo en este mundo

Cambia el clima con los años
cambia el pastor su rebaño
y así como todo cambia
que yo cambie no es extraño

Cambia el más fino brillante
se mano en mano su brillo
cambia el nido el pajarillo
cambia el sentir un amante

Cambia el rumbo el caminante
aunque esto le cause daño
y así como todo cambia
que yo cambie no es extraño

Cambia, todo cambia

Cambia el sol en su carrera 
cuando la noche subsiste
cambia la planta y se viste
de verde en la primavera

Cambia el pelaje la fiera
cambia el cabello el anciano
y así como todo cambia
que yo cambie no es extraño

Pero no cambia mi amor
por más lejos que me encuentre
ni el recuerdo ni el dolor
de mi pueblo y de mi gente

Lo que cambió ayer
tendrá que cambiar mañana
así como cambio yo
en esta tierra lejana

Cambia, todo cambia

Pero no cambia mi amor

Standard
Energía

Encender y pagar la luz por horas

“No hay quien entienda el recibo de la luz”. José María Marín, presidente de la Comisión Nacional de los Mercados y de la Competencia (CNMC), 14 de abril de 2015. El Ministerio de Industria confiere la enésima vuelta de tuerca a la factura de la electricidad, al cómo se cobra, y la sentencia de Marín es válida para ayer, para hoy y para mañana, puesto que la nueva tarificación por horas, que, grosso modo, implica calcular el importe cada hora de cada día en función de los precios en el mercado mayorista –a los que sumar los diversos impuestos–, se sustenta sobre la parte contratante de la primera parte.

En efecto, un simple vistazo a la resolución de Industria publicada en el Boletín Oficial del Estado (BOE) el pasado 4 de junio y por la que se aprobaban los detalles de la operación de cálculo, revela la gran complejidad de una fórmula repleta de conceptos eléctricos, siglas y signos matemáticos para multiplicar, sumar, dividir, restar y elevar a la equis potencia.

La que ahora se inicia es una sencilla guía para saber quién se beneficia de esta nueva tarificación por horas y en qué consiste una fórmula que, según versión oficial, contribuirá a abaratar el recibo. La fecha de inicio: el próximo 1 de julio, un mes antes de lo previsto, aunque hay un plazo de tres meses –1 de octubre– para la necesaria adaptación informática.

Factura

 ¿Quiénes? Los hogares con la tarifa regulada y el contador electrónico.

Dos condiciones inexcusables de entrada. Una, hay que estar acogido a la tarifa regulada: la antigua TUR o ahora Precio Voluntario para el Pequeño Consumidor (PVPC), a la que se adscribe la inmensa mayoría de los hogares en España. Y dos, el contador de la vivienda ha de ser inteligente, digital y telegestionado. No vale el equipo tradicional –el de la ruedecita–, sino el que las eléctricas aún tratan de implantar en todas las casas.

Esa telegestión permite tanto la lectura del consumo como la realización de operaciones de forma remota gracias al desarrollo de un sistema de última generación de comunicaciones entre los contadores inteligentes, que sustituyen a los dispositivos tradicionales, y la propia compañía eléctrica.

Endesa, hegemónica en el mercado andaluz, está desplegando un plan de sustitución de todos los contadores de los clientes con una potencia contratada de hasta 15 kW, es decir, que es la correspondiente a los llamados suministros domésticos. El proceso arrancó en 2011 y no estará completado hasta 2018 (la friolera de 11,5 millones de equipos en España). Eso sí, la tarifa regulada queda actualmente reservada para potencias inferiores a los 10 kW.

Para que se entienda: sólo un contador digital puede comunicar los datos al instante y facilitar el cobro de la energía por horas.

¿Cuánto? Un precio que varía cada hora y con facturas desiguales.

“El precio de la luz puede cambiar cada hora, según evolucione el mercado eléctrico, por lo que nunca será igual en tus facturas y no es posible conocerlo con antelación. Con esta alternativa, el importe de tus facturas dependerá de otros factores adicionales al nivel de consumo, como el clima o la demanda de energía”. Es el certero resumen que hace en Endesa.

En concreto, en el llamado mercado mayorista, o pool eléctrico, se compran y venden paquetes de electricidad hasta cubrir la demanda nacional para un día, según la estimación de consumo que durante la jornada anterior ha calculado la compañía Red Eléctrica Española (REE) y con un precio que, cada tarde, quedará publicado en su página web como referencia para que los consumidores finales (los hogares) sepan a qué atenerse.

El problema: ¿Y quién será capaz de estar pendiente siempre de la web de REE y de su propio contador digital para planificar el consumo personal y, por tanto, el gasto? Pues no. No me imagino al consumidor, al ama o amo de casa, delante de su dispositivo para controlar ese kilovatio que se escapa del presupuesto. Pero seguro que surgen aplicaciones móviles (APP) que cubran esta necesidad…

Endesa

¿Cómo? Tarde y noche más caras, y madrugada y mañana más baratas.

Las horas más caras suelen ser las de la tarde y la noche por la sencilla razón de que el consumo se incrementa sustancialmente con respecto a la madrugada y la mañana. ¿Por qué el clima también influye? Si hay viento, la aportación eólica abarata el sistema.

Pero las oscilaciones de la cotización tendrán efectos sólo para el 37 por ciento del recibo de la luz, dado que el grueso del mismo lo conforman los impuestos y peajes varios, sobre los que no cabe aplicar rebaja alguna. Y esa es la realidad: el limitado impacto. Cojamos una factura cualquiera. Potencia contratada: 4,4 kW, y sólo por eso ya van 29,9 euros intocables; por energía consumida, otros 22,72 euros, y aquí es donde tan sólo cabe ahorrar con la tarificación por horas; por impuesto de electricidad, otros 2,69 euros; por alquiler de equipos de medida y control (el contador), otros 1,16 euros; y por el IVA aplicado del 21 por ciento, otros 11,86 euros. En total, 68,33 euros.

¿Y qué pasa con quienes no disponen de contadores inteligentes? Se les continuará facturando como hasta ahora.

P.D.

La simiente. Todo cambio –otro más– en el recibo de la luz será bueno si lleva aparejados un ahorro para el consumidor y un menor impacto sobre el medio ambiente por la generación de la energía eléctrica.

La parva. Tal y cómo empecé esta Siega. “No hay quien entienda el recibo de la luz”.

La paja. Y para colmo, la tarifa del alquiler del contador se incrementa, y lo hace sustancialmente. ¿No les suena a lo comido por lo servido?

 

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