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Mis mujeres y yo

Mi querido señor Miguel Arias Cañete:

Le han llovido chuzos de punta desde que usted dijera aquello que dijo sobre su presumida superioridad intelectual respecto a una mujer. Lo lanzó contra una en concreto, su rival socialista en las elecciones europeas, Elena Valenciano, aunque, cobardía de por medio, obvió su nombre, generalizando así el comentario de una supremacía del macho sobre la hembra. Pues déjeme que le cuente algunas cosas.

Cada vez que uno oye este tipo de comentarios, rayano en el insulto, piensa en su madre o hermana. Mujer es una y mujer la otra, y uno, varón, con todos sus estudios al hombro, ni a la suela de los zapatos le llega en conocimiento de la vida. Sería yo un desagradecido si me atreviera a alardear ante cualquiera de qué, señor Cañete, de qué.

Mujer fue mi primera jefa, Olatz Ruiz, allá en Diario 16 de Andalucía, hace ya muchos años, cuando uno era veinteañero y no sabía del mundillo periodístico absolutamente nada, y menos de la cosa económica, a excepción de las teorías de letras y números que arrastraba de la universidad. Eternamente agradecido le estaré a ella, una mujer. Mujeres fueron las compañeras de profesión del ABC de Sevilla de las que aprendí, mucho y bien, en aquellos primeros años: Encarna Freire, Estrella Yáñez y Pilar de Andrés.

No volví a tener jefa directa, pero mujeres fueron mis primeras compañeras en Diario de Sevilla, Rocío Martín, Mariví Gómez, Carmen González, Marta Cañal y Beatriz Colado –todas ellas hoy al mando de relevantes departamentos de Comunicación–, y después se sumaron Isabel Campanario y Eli García, y, en no pocas ocasiones, a las órdenes estuve de otra gran mujer, María José Guzmán.

Ya en El Correo de Andalucía dos mujeres me acompañaron, Isabel Campanario y Clara Campos, hoy sigue conmigo la primera y, hasta ayer mismo, Iria Comesaña. Enfrente tengo a mujeres, detrás tengo a mujeres, a mi izquierda tengo mujeres y a mi derecha no las tengo por la sencilla razón de que están las ventanas. A ellas las escucho por las noches, porque de aquí se sale muchísimas veces de madrugada, cómo hablan con sus hijos pequeños para desearles buenas noches, para decirles que se porten bien, para preguntarles por la pupa del dedito que se han pillado con la puerta. Y siguen después tecleando con suma entereza, profesionales ellas a más no poder. Qué verdad es eso de que la profesión va por dentro: la de la vida.

No vi, señor Arias Cañete, ni una sola mujer en esa reciente foto de su jefe, Mariano Rajoy, con los mandamases de las grandes compañías españolas. Cuento dieciocho hombres, más el presidente del Gobierno central. Que digo yo que alguna o muchas habrá con méritos sobrados para haber estado. No reclamo igualdad plena para la imagen, complicado en un mundo empresarial y bancario aún dominado por los machos. Pero la ausencia dice mucho.

Me replicarán, oye, que hay tela de mujeres en su Ejecutivo y es mujer la sucesora de Arias Cañete al frente del Ministerio de Agricultura, Isabel García Tejerina. Es evidente, ojos tiene uno, como también los tiene para dejar constancia de que aquélla es una auténtica foto denuncia.

No dudo, señor candidato popular, que usted le dé mil vueltas, porque se las da, a Elena Valenciano en cuestiones comunitarias. Lógico. Lleva usted muchos años ya recorriendo los pasillos de la Comisión y el Parlamento europeos, precisamente allí donde se forjan las negociaciones y, por tanto, la influencia para el país –y, además, para ser comisario, ¿verdad?–. La socialista, en cambio, novata es, como en su día lo fueran la también socialista Elena Espinosa y la ministra de izquierdas Rosa Aguilar, que de la cartera que ejercían, Agricultura, no entendían de la misa a la media, y menos de cómo manejarse en Europa –y así nos fue en algunas reformas agrarias–. Pero entre eso y proclamar su superioridad intelectual hay un abismo.

Lo que nos jugamos en Europa en estas elecciones es muchísimo más que la polémica desatada con sus desafortunadas palabras pues, al fin y al cabo, Europa nos condiciona absolutamente todo lo que, hoy por hoy, es economía en España. En efecto. Es más, la oposición debería ya abandonarla, no seguir porfiando, y tendría que hacerlo básicamente por una razón: porque se necesitan propuestas serias, no palabras que resultan incoherentes –tirando por lo suave– al compararlas con qué se hizo en tiempos de José Luis Rodríguez Zapatero ni verborrea barata. Y, mi querido Miguel Arias Cañete, ha de salir de usted mismo la petición de perdón para cerrar definitivamente la herida, y se lo pide el hombre que esta carta firma y que siempre estuvo y está rodeado de tantas inteligentísimas mujeres.

En Sevilla, a 19 de mayo de 2014.

P.D.

La parva. Es curioso que los socialistas andaluces desempolven la denuncia de que el Gobierno central nos quiere quitar y llevarse la «caja de ahorros» Unicaja, cuando de caja de ahorros sólo tiene unos órganos de gobierno que pintan poco a la hora de decidir la estrategia financiera de Unicaja Banco, y lean bien, banco y no caja de ahorros. Pues, a la vista de cómo ha quedado el mapa financiero regional, con cajas intervenidas por el Estado o rescatadas, a Dios gracias, por otras foráneas, la polémica se antoja trasnochada, y dan ganas de gritar: ¡Políticos de uno y otro bando, dejen las cajas tranquilas ya, que bastante daño les hicieron! La cuestión no está en las cajas de ahorros, sino en las cajas rurales. Éstas sí pueden cambiar, y mucho, con una reforma que las podría reconvertir en bancos finiquitando su modelo cooperativo. Clave: en estas últimas no se sientan políticos…

La simiente. Déjenme que dedique esta buena Simiente a Iria Comesaña, hasta ayer compañera de la Sección de Economía de El Correo de Andalucía y la presidenta de su comité de empresa. Nacida y crecida en esta escuela de periodismo que es el decano de la Prensa sevillana, ejercerá ahora el Periodismo desde otro bando, y seguro que con tantísima profesionalidad como ha demostrado aquí durante década y media. El vacío dejado es triple: uno, como periodista; dos, como líder y portavoz de un movimiento de los propios trabajadores en defensa de El Correo que arrancó la simpatía del conjunto de la profesión periodística y de la ciudad de Sevilla, permitiendo su continuidad integrado en el grupo Morera y Vallejo. Y tres, y sobre todo, como persona. Suerte.

La paja. Lo sucedido este año con la fresa onubense y lo que puede suceder con el melocotón y la nectarina de Sevilla –estamos en el inicio de la campaña– debe hacer reflexionar a los agricultores andaluces, de una vez por todas, sobre la necesidad de realizar una decidida apuesta por mejorar los canales de comercialización y unirse para gestar plataformas para una venta directa. En ambos casos se trata del mismo problema: las altas temperaturas han hecho que estas producciones regionales hayan coincidido en los mercados con otras de comunidades autónomas y países distintos, de ahí el desplome de precios. Pues si eso ha ocurrido, cabría preguntarse si seguimos compitiendo sólo en precios. Si la respuesta es un sí, muy mal vamos.

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