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El mercadeo político de la caridad

No citaré las siglas de ningún partido puesto que, créanme, no merece la pena. Quienes se sientan picados ajos habrán comido. Eso sí, voy a ser muy duro ante el mercadeo político de la solidaridad y la caridad al que estamos asistiendo en los últimos días por parte de unos y otros. Para el que firma este artículo, yo, es, sencillamente, vergonzoso. Consiste en hacer público, vía nota prensa y en no pocos casos con fotografía incluida, miren, aquí nosotros, que, como cargos públicos, destinaremos la paga extra de Navidad a tal o cual entidad benéfica, llámese Cáritas, llámese Banco de Alimentos, llámese como se quiera, y vosotros, eh, sí, vosotros, habréis de proceder igual, cómo, renunciando a la retribución extra, si no queréis que os orquestemos una campaña de descrédito denunciando que sois unos auténticos egoístas sin piedad ni corazón, quede constancia ciudadana de cuán dadivoso es nuestro espíritu, cuán ruin los de, y aquí señala el dedo acusador, ésos que se sientan en la otra bancada.

Seré bueno, mal muchísimo me cueste, y supondré, que es muchísimo suponer, que quienes así actúan son almas bondadosas y sin maldad alguna y, en efecto, quieren aumentar la hucha de las organizaciones de beneficencia que, en estos tiempos de penuria, prestan auxilio a las familias necesitadas. Eso sí, sin olvidar que al resto de los trabajadores públicos ya se les quitó la extra de Navidad vía real decreto de Mariano Rajoy y, por tanto, sin darles posibilidad de elegir si querían donarla a una ONG o, como está mandado, a pagar a los especuladores que se lucran con los elevados intereses de la deuda pública española o a sufragar las gigantesca ayuda estatal para la banca. Se me entiende, ¿verdad? Pero bueno, pelillos a la mar, no sigamos haciendo sangre por ahí…

Por supuesto, los cargos públicos –concejales, parlamentarios, diputados, senadores, uf, larga lista, me ahogo– deberían dar ejemplo y renunciar, como el común de los empleados públicos y acorde también con los recortes de salarios acometidos en buena parte de las empresas privadas, a la mensualidad adicional del próximo diciembre. Hasta aquí, un OK. Sin embargo, y en esto soy tajante, no es de recibo que nuestros políticos sevillanos armen la marimorena, ande, ande, ande, que es la Nochebuena, para presumir de solidarios y caritativos imponiendo la solidaridad y la caridad a los demás. Vistas así, son falsas, más que Judas, y políticamente oportunistas. Y por ahí, no.

Curioso resulta incluso que algunos de quienes estos días abanderan la fraternidad para la extraordinaria, cantan la generosidad propia y pregonan la avaricia ajena, no sólo resten importancia a los 20 millones de euros que el rico más rico de nuestros ricos de España y también uno de los mayores de este tan desigual mundo, Amancio Ortega, donará a Cáritas, sino que saquen además a relucir supuestos trapos sucios del dueño del imperio textil Inditex, que si sus talleres en el tercer mundo y las condiciones laborales en los mismos, que si sus sociedades de inversión especulativa, que si debería abonar más impuestos… Mensajes que, al fin y al cabo, buscan denigrar tal gesto de buena voluntad, al que, por cierto, este multimillonario ni está obligado ni es forzado.

La incongruencia aflora, asimismo, entre quienes ardorosamente claman en nuestro país por incrementar la carga tributaria para las grandes fortunas. Yo, sin quitarle razón alguna a tal reivindicación fiscal, que considero justa porque los ricos guardan artimañas miles para esquivar sus obligaciones con Hacienda, yo, insisto, en ausencia de mayor progresividad impositiva, prefiero que Amancio Ortega confíe sus dineros directamente a Cáritas antes que los ceda al Estado y, en la búsqueda de una ONG apropiada, una parte se pierda en la maraña burocrática y en la selva de políticos y de variados chupópteros.

No, mis queridos partidos, la solidaridad y la caridad no se imponen ni se fuerzan, y, por supuesto, no cabe sacar rédito político. Su ejercicio es siempre personal y, además, cada persona, según sus propias convicciones ideológicas, ha de decidir a qué entidad benefactora asigna el dinero, pues si algunos confían en el Banco de Alimentos, otros podrían hacerlo en Cáritas y unos terceros pongamos que en Cruz Roja. Ni siquiera hace falta colgar a las mismas puertas de la ciudad, para general conocimiento y escarmiento, a quien se aferre a la paga extraordinaria, déjenme, es mía, mi tesoooro, dado que por sí solito se retrata. Y, para rematar, ni que decir tiene que no me valen los sprint navideños de misericordia que tratan de acallar las malas conciencias mientras nos hartamos de pavo y endulzamos la vida con mazapán. La generosidad ha de ser perpetua, y no flor de un pleno de Ayuntamiento o Diputación.

FíjensFILIPINAS - HAMBREe en los ojos del niño de la fotografía, a ver si dejan la política y les duele realmente el alma.

P. D.

La parva

El grupo industrial MP, uno de los más importantes en una Sevilla que de industria adolece y vinculado a la familia Madariaga, acaba de refinanciar su abultado endeudamiento –100 millones, que no es moco de pavo si tenemos en cuenta que su facturación esperada es de 147 millones este año– y ha conseguido otros 7 millones de liquidez inmediata para levantar la suspensión de pagos que pesa sobre él. Desde aquí, ánimo a unos empresarios que han protagonizado en los últimos tiempos un culebrón familiar. Sea por el bien de la empresa y de sus 1.500 trabajadores.

La simiente. Hay quienes se llevan las manos a la cabeza por el severo recorte que el Ayuntamiento de Sevilla aplicará a sus planes de construcción de viviendas de protección oficial comprometidos durante la campaña electoral. Sin embargo, con la próxima creación del llamado banco malo, donde las entidades financieras españolas depositarán sus activos tóxicos inmobiliarios, y la gran cantidad de pisos que acumula la banca sin vender, es más probable que esta cartera de viviendas sea más barata que la de VPO que pueda construir Emvisesa. Sus recursos públicos, pues, deberían orientarse hacia la rehabilitación de casas. Pero cuidado, una cosa es no construir y otra bien distinta, liquidar esta sociedad municipal. Por ahí, no.

La paja. Nos acabamos de enterar de que en el palacio arzobispal de Sevilla se esconde un auténtico tesoro pictórico hasta ahora sólo disfrutado por quienes lo habitan y sus ilustres invitados. Y ha visto la luz, nunca mejor dicho, tras la reforma de su iluminación, costeada por la Fundación Sevillana Endesa, con el objetivo de enseñarlo al mundo, pero sólo unos días al año y con visitas guiadas y concertadas. Fíjense ustedes. Si se suma este patrimonio pictórico al que acumulan los sótanos de la catedral sevillana, al que tiene Cajasol sin exponer y a la colección de Mariano Bellver que tampoco encuentra sitio por parte de las administraciones, ¿cuánto arte y cuánto provecho turístico y económico nos estamos perdiendo? Dios, qué ciudad…

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Hágase libre según mi voluntad comercial

Creo en la libertad horaria, no sólo para los comercios, sino para cualquier tipo de negocio. Nadie debería imponer a nadie cuándo abrir su empresa, salvo causa de fuerza mayor, como sería el descanso de los vecinos, y desconfío, además, de los informes de parte que construyen una relación inequívoca entre el aumento de las horas de apertura de las grandes superficies y el cierre y la pérdida de empleos en las pequeñas y medias tiendas. En una Andalucía con una legislación al respecto muy restrictiva, el avance del desierto comercial en las céntricas calles Cuna, Méndez Núñez o Plaza de la Magdalena, cuyas arrasadoras arenas se extienden ya hasta la mismísima Sierpes, obedece principalmente a la crisis económica, y no a que tal o cual cadena amplíe o no el tiempo de atención al público. Dicho esto, y a pesar de esto dicho, arbitrar una liberalización al gusto para el Centro de Sevilla es una política cínica donde las haya puesto que está retorciendo la ley hasta que la ley diga lo que quieren unos cuantos…

De entrada, ¿qué es eso de que el comercio del Centro tendrá libertad horaria? No, señores. La normativa ya permitía que los pequeños y medianos establecimientos abrieran sus puertas cuando les diera la real gana –véanse, por ejemplo, las tiendas de los ciudadanos chinos–, una ventaja competitiva respecto a los grandes que no han sabido aprovechar, al tratarse de negocios familiares que, en no pocos casos, se aferran a un pasado de venta de corbatas de siempre, con escasas posibilidades de incrementar plantilla y con nula concepción de las alianzas empresariales. Y este régimen de apertura plena –que, insisto, ya existe para quienes más se quejan– es precisamente el que ahora se pretende ampliar a firmas como El Corte Inglés, H&M, C&A o Zara, por citar tan sólo las más renombradas.

¡Atención, pregunta! ¿Quién ejerce un mayor poder de arrastre sobre el público, El Corte Inglés o Confecciones Juanita? Sin las grandes cadenas, el Centro está comercialmente medio muerto un domingo o un festivo. Y son ellas, se quiera o no reconocer, duela o no, las que otorgan la vida. Consciente el pequeño, dice: Ayuntamiento, la andaluza es muy restrictiva, así que acójase a la legislación nacional y adopte para esta ciudad la categoría comercial de Zona de Gran Afluencia Turística para que, de esta forma, abramos todos, pequeños y grandes. Pero, eso sí, cuidado, hágalo únicamente según mis intereses, no más.

Y, en efecto, hágase sólo para seis meses al año, no más, pues de mayo a noviembre hay menos ventas, ya se sabe, es el verano, así que para qué mantener el personal adicional contratado para el semestre de libertad horaria, ¿verdad? Hágase para los turistas de noviembre a abril, incluida la Feria, no más, pues en el resto del año no hay turistas, ¿verdad? Hágase para un área muy delimitada, no más, por mucho que algunos de los monumentos más visitados se encuentren de puertas para afuera, ¿verdad? Hágase pero recogiendo una cláusula de vuelta al statu quo anterior para dar por terminado el ensayo a su debido tiempo, y no más allá, en el caso de salir mal, es decir, si las cuentas no me cuadran –¿nadie se acuerda ya del experimento de las rebajas adelantadas de invierno, flor de un único invierno?–. Y, por último, hágase sólo para mí y para los míos, no más, nada de extender la medida qué se yo, a Nervión, a Los Remedios o a Pino Montano, que sigan ceñidos a y constreñidos por la legislación autonómica que, por cierto, yo mismo pacté con la Junta de Andalucía para mayor protección y gloria de nosotros, los medianos y pequeños comerciantes.

No me digan, pues, que la ley no se retuerce. No me digan que aquí no hay cinismo. Esta vez ni tan siquiera han contado con los sindicatos UGT Y CCOO, a los que, en su día, buscaron para que bendijeran la restricción horaria pactada con el Ejecutivo regional, que siempre se acogió a la banda más baja de cuantas recogía la normativa nacional, mientras que la Comunidad de Madrid agarraba la más alta, la que faculta una liberalización casi total, muy al gusto del PP que la gobierna.

Y aquí, mientras tanto, sigamos echando las culpas a los grandes para seguir siendo pequeños.

P. D.

La parva. Eh, tú, no te salgas del espacio delimitado por las tachuelas, ni te muevas. Pues sí, vamos a tener una Avenida de la Constitución cuarteada por tachuelas (carril bici y veladores) y zonas de tradicional cervecita, como es el Salvador, en las que si te sales de las tachuelas, te podrían acusar de hacer botellona y, hala, toma multa. Qué bonita quedará Sevilla con tantísima tachuelas para poner coto a los veladores. Sí, hay que acotarlos puesto que, en algunas zonas, y más en el Centro, crecen como setas al grito de la acera es mía, pero cuestiono que haya que cuartear las calles con tachuelas, cual sequía deja la tierra.

La simiente. Magnífica idea del Ayuntamiento de Sevilla la de ampliar al recorrido de la línea especial del aeropuerto hasta Plaza de Armas. Estarán conectados directamente la principal estación de autobuses y el aeródromo, una conexión que hasta ahora disfrutan sólo los viajeros que pasan por Santa Justa y El Prado. A esto se refería el alcalde, Juan Ignacio Zoido, cuando justificó la descomunal subida del billete del autobús (de 2,4 a 4 euros) en una mejora del servicio. Esperemos que no quede ahí, en la mera ampliación, y haya un refuerzo de la línea con más autobuses y, sobre todo, que el Ayuntamiento de Sevilla resista la presión del lobby de taxistas del aeropuerto, siempre receloso de las vías de transporte alternativas…

La paja. El Gobierno de Mariano Rajoy ha pedido el manso al de Juan Ignacio Zoido por los terrenos de Los Gordales –y cuando digo el manso digo el manso– y, de paso, que el Patio Banderas se recalifique y pueda acoger comercios –fíjense, a las mismas puertas del Real Alcázar, no pasaría nada con la Unesco, con la Torre Pelli, sí–. Yo para todo esto tengo una sola palabra: especulación. Y, para colmo, de un Gobierno amigo, del PP. Ese mismo PP que, en Andalucía, montó en cólera cuando el Ejecutivo regional aceptó solares del Estado en pago de la deuda histórica autonómica, y habló de que la consejera andaluza de Economía, Carmen Martínez Aguayo, se convertiría en una especuladora más. Cómo cambian las tornas, ¿verdad, Montoro?

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Mi Sevilla encantadora no, la tuya

Ea, ya se terminaron, por fin, los fastos que conmemoraban el veinte aniversario de la Expo del 92 de Sevilla. Hasta dentro de cinco años, cuando celebraremos el veinticinco, y después el treinta, y así sucesivamente por siempre jamás. Qué empeño, oye, tenemos en efemérides, sean del tipo que sean, y así festejamos tanto a los vivos y como a los muertos en una eterna espiral de añoranzas del pasado. No resto mérito alguno a la necesidad de la memoria, pues hay que saber de dónde venimos para, con los pies sobre la tierra, plantearnos adónde vamos. Sí dudo de que, tras seis meses de algarabía evocadora, en este Ayuntamiento de Juan Ignacio Zoido se hayan enterado realmente de qué supuso para la ciudad esa cita mundial: nada más y nada menos que modernidad, nada más y nada menos que internacionalización, nada más y nada menos que empresas, nada más y nada menos que economía. Todo esto, señores que mandan, es el gran legado de aquella muestra universal, y no esa Sevilla de patillas que a ustedes les gusta y escogieron para el fin de fiesta en la Plaza Nueva. Que conste: no la critico, sólo digo que no representaba la apertura de mente que nos trajo la Expo, y que era precisamente ésta, y no la otra, la que tocaba conmemorar.

Insisto. No cuestiono los gustos de nadie ni las ideas de nadie, absolutamente de nadie. Allá cada uno con las suyas aunque se aferren al dictado de las letras de las antiguas sevillanas del Pali. Sí me preocupa, en cambio, que la imagen de la Sevilla cañí se adueñe de todo, y que a los empresarios que de fuera vienen, en lugar de enseñarles una Cartuja científica, tecnológica, próspera y adecentada, les pongamos el casete y, ea, a bailar con suma gracia y salero, riá pitá. El remate llega, sin embargo, cuando las propias empresas escogen justo esa imagen para darse a conocer, para atraer a la clientela, y aquí les pongo ahora dos claros ejemplos, uno para bien, otro para mal.

Caja Rural del Sur. Desde agosto pasado, cuando se materializó la absorción de Cajasol por parte de La Caixa, esta cooperativa de crédito sevillana, muy asentada en áreas rurales pues, al fin y al cabo, sus socios son los agricultores, viene inundando las radios de cuñas publicitarias destacando su identidad andaluza frente a, dice textualmente, “los forasteros”, en velada referencia a los catalanes de la entidad financiera presidida por Isidre Fainé. Como estrategia comercial está muy bien, máxime si se tiene en cuenta que la fortaleza de Cajasol está en los principales mercados de la caja que preside José Luis García Palacios, a saber, Sevilla y Huelva. Se aprovecha, además de dos circunstancias evidentes: la creciente desconfianza hacia las cajas de ahorros –hablan los protagonistas de que no saben dónde meter el dinero– y el fallido mapa de las cajas andaluzas –nosotros sí somos y estamos aquí, reconocida es nuestra solvencia y te conocemos y hablamos sencillo y como tú–, del que tan sólo queda intacta la malagueña Unicaja. Lo malo del anuncio es, sin embargo, cómo termina, al ritmo de unas sevillanas sobre cuya letra no haré comentario alguno, juzguen ustedes por sí mismos: “Andalucía guapa, gitana, mujer morena, libera tus jurdeles, gitana, de mano ajena. Despierta”.

De la Rural del Sur, de la que, sinceramente, no esperaba este tipo de salidas por el simple hecho de que a una entidad financiera se le presupone mayor elegancia, al de una empresa que, con gracia, se adapta a su mercado prioritario, el andaluz, pero, a la vez, resaltando la innovación en un producto tan simple que se le vincula con todo menos con la tecnología: “Leopoldo, échame el toldo / pase a la modernidad / Currito, dale al botoncito”. Se trata de la firma Toldos Quitasol, y como ella otras que, sin caer en la patilla, ni en el mal gusto, ni en los alardes de lo rancio, saben cómo sacarle provecho al deje de Despeñaperros para abajo.

Y termino tal y como empecé, con el Ayuntamiento. Dicen unas populares sevillanas, “mi Sevilla encantadora se fue con nuestros abuelos”. ¡Pues déjenla que se vaya, carajo! A ver si conseguimos que para las bodas de plata, dentro de cinco años, el fin de fiesta haga justicia al real y verdadero legado de la Expo del 92 y no quede reducido a la mera y sempiterna caseta de feria. Porque una cosa es la austeridad presupuestaria que impone la crisis económica, el argumento esgrimido por el Consistorio hispalense, y otra radicalmente distinta es bloquearse en el tránsito entre el de dónde venimos y el adónde vamos. Eso es no tener ni ritmo, ni rumbo.

P. D.

La parva. La diferencia entre mantener y crear es que con mantener sigue el mismo número y, en cambio, con crear el número crece. ¿Queda claro, no? Lección infantil de Barrio Sésamo. Pues bien. Ahora convendría aclarar si la compañía de telemarketing Iberphone va a crear 400 empleos en sus nuevas instalaciones en Sevilla o a mantener los que ya tiene actualmente distribuidos en varias sedes. Las dudas las ha extendido Comisiones Obreras, que sospecha que de creación nada, sí mantenimiento. Y conviene que se aclare para que a Zoido no le pongan la cara colorada…

La simiente. Es grande. Sí, muy grande este Braulio Medel, presidente de Unicaja. Ahí lo tenemos resistiendo tempestades financieras y políticas. Con su santa paciencia y frías dotes al enfrentar cualquier negociación, sea con gobiernos, curas, sindicatos o autoridades monetarias, Medel resistió y dijo no a las condiciones para integrar Caja Castilla-La Mancha, y también dijo no en el caso de cajasur y, por tercera vez, está dispuesto a decir no, no y no en el aún abierto y ya muy largo proceso de negociación para absorber Caja España-Duero. Y pase lo que pase. Siempre con los números por delante, y éstos, de hecho, han quedado avalados al aprobar con nota las últimas pruebas de estrés. La única torre financiera andaluza…

La paja. Dice Diego Cañamero, secretario general del Sindicato Andaluz de Trabajadores (antiguo SOC), que declararse “insumiso judicial”, que para el asunto que aquí toca es no atender las citas con la Justicia, no supone un acto de chulería, sino una “protesta”. Y sostiene que, tras haber acudir a decenas de juicios y haber sido detenido otras decenas de veces, no le han escuchado sus argumentos, y siempre los jueces tenían la sentencia decidida de antemano. Vaya manera de desacreditar a la Justicia, vaya actitud democrática… Si todos hiciéramos lo mismo, esto sería la plena anarquía. No, señor Cañamero. No creo que los fallos se escriban antes incluso del juicio, sino que va a ser que sus argumentos no se ajustan a Derecho.

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Querido Artur Mas, aquí uno de Sevilla:

Le escribo desde Sevilla, capital de Andalucía, sí, esa tierra tan española como criticada por los suyos, y de la que usted se avergüenza pues, sostiene, somos una carga, estamos todo el día metidos en bares –soy la excepción que confirma su regla, ahora mismo acabo de salir de uno para redactar esta carta– y ni sabemos hablar ni se nos entiende. Leo que el molt honorable presidente de la Generalitat de Cataluña, vamos, usted, ha dicho en una entrevista a The New York Times, esa biblia internacional del periodismo que presume de premios Pulitzer pero a la vez se inventa reportajes colocando a media España en la miseria y hurgando en la basura, que si su comunidad fuera independiente, estaría entre las naciones más ricas de la Unión Europea, superando, incluso, a una docena de las que encabezan actualmente el poderío económico de los Veintisiete. Y mire por dónde, aquí le he pillado…

No sé cómo ha hecho sus números, pero posiblemente haya escogido los del Producto Interior Bruto catalán, en su conjunto o bajo la fórmula per cápita, los habrá situado en celdas de la socorrida tabla Excel, de rapidísimos cálculos y maravillosas proyecciones que se ciñen a unas muertas cifras obviando los vivos contextos, y sí, le ha salido que, como rico president, podría usted codearse y, por tanto, hablarle de tú a tú a la canciller alemana, qué pasa Angelita, o al mandatario francés, cómo estás, Paquito, o al resto de políticos y tecnócratas que llevan las riendas económicas de la ahora maltrecha Eurozona. No niego que así pudiera ser en el caso de una Cataluña independiente y, por supuesto, respeto el sentimiento nacionalista siempre y cuando éste sea sincero, no forzado ni impuesto. Pero en sus declaraciones al periódico estadounidense se olvidaba usted de la pela catalana, ésa que le duele tanto y que presupongo un tópico semejante al de que los andaluces estamos todo el día metidos en los bares…

En efecto, el caliente entorno no recogido por el frío Excel habla precisamente de la solidaridad entre los miembros de la UE, y si de la solidaridad europea no se acuerda, déjeme recordarle el dinero comunitario que desde 1986, año de adhesión de España a la entonces Comunidad Económica Europea, ha entrado en nuestro Estado –que es el suyo también–, a través de diversos fondos al desarrollo económico, en especial los llamados estructurales, de los que se han beneficiado y aún se benefician las regiones españolas pobres y ricas. Para que nos entendamos, un ejemplo: buena parte de las infraestructuras catalanas, como de las andaluzas, no se hubiera construido si el grueso de la pela presupuestaria no hubiera salido de las arcas de Bruselas. Ahora se entiende eso de la solidaridad, ¿verdad?

Pero hay más. Imaginemos una Cataluña independiente como socio más de la Unión Europea. Como rica que es y presume de serlo, tendría entonces que soltar la pela en vez de cobrarla. Es decir, que, como Estado, pasaría de perceptor neto a contribuidor neto del cofre comunitario o, en otras palabras, los contribuyentes catalanes aportarían mucho más dinero del que cosecharían para, según esa solidaridad intrínseca al club de los Veintisiete y del Eurosistema, acercar a los desarrollados aquellos Estados que los son menos. Paradoja: más allá del rescate que la comunidad catalana necesita por parte de España por su falta de liquidez, en estos momentos alardea de pobre para seguir recibiendo los fondos estructurales ya citados…

Llegado el caso, le pregunto, señor Artur Mas: ¿Enarbolaría entonces, como hace con España, la bandera de las balanzas fiscales –yo aporto más, tú menos, yo quiero más– con países como, por ejemplo, Rumanía? ¿Estarían dispuestos los contribuyentes catalanes, como sí los alemanes, franceses, holandeses o austriacos, a asistir a los Estados con problemas financieros y que, como ahora su comunidad, requieren un rescate? ¿Y sólo por ser España sería España menos que otras naciones con renta per cápita inferior a la media Europea?

Después de tantas preguntas y tanto soltar la pela, a lo mejor se replantea eso de los Estados Unidos de Europa con Cataluña como un Estado más, idea también lanzada en The New York Times, y prefiera un Estado independiente de todo, y de todos, lo mío para mí solito. Simplemente porque ser Estado comporta unas obligaciones que al órdago nacionalista, ése que mete la política hasta en campos de fútbol, se les escapa. Una cosa es, insisto, un sentimiento y una justa reivindicación de un modelo de financiación autonómica que, tal y como está concebido, no gusta, y otra bien distinta es dar una puñalada al Estado justo en el peor momento para tapar esas vergüenzas propias de no saber cómo encarrilar la pésima herencia que dejaron en su autonomía los socialistas del mal gestor José Montilla, aliados ¿con quiénes, señor Mas? Pues precisamente con los independentistas.

En Sevilla, a 8 de octubre de 2012.

P. D.

La parva. Las academias de inglés y, en general, de idiomas están proliferando como setas en la ciudad de Sevilla. No hay semana en la que no lleguen notas de prensa sobre nuevas aperturas o la implantación de tal o cual empresa con métodos revolucionarios para aprender la lengua de Shakespeare. Sólo un consejo: elijan bien antes de soltar el dinero, sobre todo si exigen cantidades económicas por adelantado que requieran pedir créditos, porque aún hay quienes aquí están purgando por el caso Opening, que suspendió pagos en 2002 y cerró. El negocio es próspero, tanto como gente desesperada por reciclarse y aprender…

La simiente. Aquí paz y después gloria. El presidente de la CES, Miguel Rus, ha rehecho ya las buenas migas con el Ayuntamiento, tras las duras críticas lanzadas contra su equipo de Gobierno, con el que los empresarios, dijo el patrón, estaban descontentos por todo. Está visto que hay equipos que sólo se mueven a golpe de titular. En fin, dejémosle margen de confianza para que el diálogo se restaure, por el bien de las empresas y de la economía de la ciudad. Pero las tornas cambian, y ahora son las turísticas, antes tan contentas ellas con el Consistorio hasta el punto de rebajar el tono de Miguel Rus, las que ven cómo se disparan las tasas por los veladores…

La paja. La miopía de las administraciones públicas es algunas veces desesperante. El tijeretazo a las becas Erasmus por parte de la Comisión Europea y del Gobierno español es contradictorio con la búsqueda de una Europa más reforzada y unida y con los planes de bilingüismo para que los universitarios aprendan un segundo idioma que, a la larga, les permita abrirse un camino profesional en el extranjero habida cuenta del precario mercado laboral en España. Si la Comisión quiere ahorrar, podría proponer una reducción en el número de miembros de esa Eurocámara convertida en cementerio de elefantes. Y después dice estar preocupada por el paro juvenil…

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Zoido: comience ya la siega

Y ahora vengo yo, a segar sereno… Llego inmaculado, sin contaminaciones externas más allá de mis preferencias por el periodismo económico, a una Sección de Local cuyas cuestiones, a excepción de las empresariales, financieras y laborales, hasta ahora atisbaba desde la distancia. Tal lejanía tiene sus contras, siendo el principal la ausencia de profundidad al abordar los temas, pero también sus pros, dado que la atalaya me otorga una visión no manida de los asuntos, sobre todo cuando están por medio los dichosos políticos, no la política, quede esto último meridianamente claro.

Y desembarco con cara de asombro, sí, porque del ámbito municipal, el más cercano a los ciudadanos, el que marca su día a día, se ha adueñado la apatía, sobre todo en la cosa empresarial –ya estamos, saltó mi ascendencia económica, sigue el gusanillo por dentro–. A ver cómo lo digo, sin acritud, por supuesto: no se está haciendo nada, y nada es eso, la nada. Bueno, enredar, que es incluso peor, ni se come, ni se deja comer. Y aquí desempolvarán otra vez el discurso, aún muy socorrido año y medio después de ganar las elecciones, de la malísima herencia recibida del bipartito municipal que forjaron PSOE e Izquierda Unida, y tan sólo puedo replicar: por favor, señores, pónganse ya a gestionar, que para eso fueron votados, no para que el alcalde le haga la oposición parlamentaria al Gobierno autonómico de José Antonio Griñán.

Miremos hacia arriba, a La Moncloa, y veremos a un Mariano Rajoy centrado en los problemas de un país que se resquebraja económica y territorialmente, y dejando los intríngulis de su partido, el PP, a los fieles de Génova. Aquí, en cambio, y lejana ya la etapa electoral de masivas fotos a pie de bache, uno se pregunta dónde está ahora el primerísimo primer edil –saraos diversos y procesiones múltiples excluidos–. Y lo encontramos jugando a ser, sin serlo, Javier Arenas y dedicado a tareas del cuartel popular de San Fernando. Es Juan Ignacio Zoido como María Dolores de Cospedal: partido, muchísimo partido, y no ayuntamiento –él– o comunidad autómoma –ella–. En suma, no gestión.

No pasaría nada si, tras el líder, hubiera un competente equipo para afrontar los problemas de una vecindad hasta el gorro de los políticos –no lo digo yo, lo dice José Chamizo, Defensor del Pueblo Andaluz, yo tan sólo me sumo aportando un hasta las narices– y precisamente necesitada de gestión. Mas o no lo tiene o sí lo tiene aunque no le deja trabajar, a saber por qué, quizás sea por aquello del presidencialismo. Desconozco la respuesta, recuerden, queridos lectores, un recién llegado soy…

Pero he aquí que quien este artículo firma se topó para su bautizo local nada más y nada menos que con todo un patrón, Miguel Rus, echando pestes de la gestión municipal, por qué, por todo, zanjó el empresario. Entonces dije, uy, muy mal andará la cosa por Plaza Nueva como para que este buen hombre, quien rezuma izquierdas como yo sacerdocios, mande semejante lindeza al pepero que su propia patronal, la CES, contribuyó alegremente a aupar a la Alcaldía de Sevilla.

Si en su día Zoido prometió alfombra roja para los inversores, ahora parecen tropezarse con alambradas de espinos, rasgándoles el ánimo –y la moral– vía insalvables trámites burocráticos, con esa biblia del urbanismo por delante, o vía amenazas de subida de tasas locales, que gravarían aún más la actividad empresarial. Y al alcalde, que garantizó su mediación –aquí estoy yo– para que ningún emprendedor se marchara de Sevilla, se le están cayendo los proyectos de las manos, lujo que la ciudad, en estos tiempos de severa crisis, no puede ni debe permitirse.

Que si Ikea, que si Decathlon, que si Caixafórum, que si la fábrica de La Trinidad, que si la iglesia de Santa Catalina, que si la Gavidia… Sí, la imagen de un Ayuntamiento paralizado, sin capacidad de gestión, y así no puede seguir, no. Y, por cierto, muy preocupante la velada denuncia de Miguel Rus cuando apuntó, sin ofrecer más detalles, que el Consistorio se prestaba a los intereses empresariales particulares, y no a los generales. Uf, uf.

Pues a semejante berenjenal llega éste que escribe, que además de periodista es vecino de la villa, y como ciudadano de a pie contempla muchas promesas incumplidas –algunas de ellas sin que necesiten siquiera dinero, véase el caso de los gorrillas– y una Sevilla que, empresarialmente hablando, ahuyenta en vez de atraer. Son las consecuencias de un populismo y un régimen local presidencialista que hay que segar desde la raíz para sembrar gestión. Si no es así, mala cosecha, o vana.

P. D.

La parva. Sigo dándole vueltas, y es que no me cabe en la cabeza que la Junta de Andalucía dijera un día no necesitamos dinero del Estado y poco tiempo después pidiera un rescate de 5.000 millones de euros. De la nada al todo hay mucho, pero muchísimo, no estamos hablando precisamente de calderilla. No cuestiono la solicitud pues, tal y como comenté en una anterior entrada de ‘La Siega’, a correr y tonto el último. Lo que no comprendo es cómo se habla con tanta alegría de 5.000 millones cuando hace un mes era cero. Será que el Gobierno regional, por fin, ha abierto sus cajones y ha visto los agujeros.

La simiente. Hay quienes interpretan el arranque de Miguel Rus contra el alcalde como un ataque de celos. Primero, porque Zoido ningunea a la patronal sevillana CES, y segundo porque para hablar del Metro el primer edil fue a reunirse con el presidente de la patronal andaluza, Santiago Herrero, y no con Rus, que manda en la provincial. Un poquito hay de esto, aunque me quedo con la contundencia con la que se expresó el máximo representante de la CES puesto que, en alguna medida, realizó cierto –solo cierto– ejercicio de independencia respecto al poder político, y sacudió al Ayuntamiento con tanta virulencia como lo hizo con el Gobierno andaluz. Y eso es bueno, dado que de todos es conocido de qué pie cojean las patronales…

La paja. Señores presentes en el Pleno municipal, periodistas incluidos, os voy a contar un secreto, que no se entere nadie. Que el próximo lunes –hoy, querido lector– este Ayuntamiento anunciará la instalación de una multinacional en Sevilla que creará 400 empleos, no son precisamente moco de pavo, pero chitón, no os digo su nombre, quede en el misterio.  ¡Ah! Una pista más, la compañía es líder en su sector, je, je. ¿A qué estamos jugando, señor Maximiliano Vilchez, concejal de Urbanismo? No encuentro otra explicación que el deseo de sacudirse las críticas que le llegan por su gestión para este anuncio sin anunciar, que el anuncio con todos sus avíos corresponderá al alcalde, si es que no es el mismo anuncio que ya se anunciara…

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