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Hasta el gorro y más allá

Señorita, señorita, que Joselito me ha reñido, ande, castíguele, pero hágalo sin que los otros niños se enteren, por favor, así ante ellos no quedaré yo en ridículo. En un patio de colegio se ha convertido este Parlamento andaluz cuyo presidente, Manuel Gracia, pretende llamar a capítulo al Defensor del Pueblo, el cura Chamizo, por haber dicho a su señoría y a sus señorías que estamos, él, yo y una grandísima parte de la población, hasta el gorro de ellos, de quiénes, de los políticos y de sus peleítas insustanciales y partidarias que en nada resuelven los problemas de los ciudadanos, que bastantes son y graves. ¡Has sido tú! ¡No, tú! ¡Pero tú más!

El señor Gracia, ese hombre que, durante su etapa como portavoz parlamentario de los socialistas andaluces, lanzó contra los populares sandeces e improperios de los más variopintos en la sede de la institución, ahora que la preside se torna exquisito para reprocharle –sigilosamente– a José Chamizo, oye, no es éste el lugar para tales palabras y formas. Porque, claro está, no es uno de los suyos, dentro de casa unos a otros se llaman mentirosos, falsos y embusteros, pero no resulta tan agradable que vengan de la calle a decir a unos y a otros que estamos ya hasta el gorro de ustedes.
Es más, Chamizo fue hasta diplomático, puesto que si hubiera optado realmente por las palabras que se oyen extramuros de la Cámara autonómica, se hubieran enterado los finos oídos de sus señorías qué opina la gente de ellos cuando pierden el tiempo en ñoñerías. Queridos míos, la variedad para terminar la expresión “hasta los…” es amplísima, créanme, si bien me quedaré con una muy suave, hasta el culamen, y así estreno este nuevo –y contundente– vocablo que acaba de ser aceptado por la Real Academia Española, al igual que, sin carácter peyorativo agregado, los de pepero y sociata.

No puedo olvidar aquí que la mayor cara de vergüenza, el mayor sonrojo y el mayor escarnio público sufridos por los diputados españoles, en este caso del Congreso, fueron causados precisamente por la voz de la calle, la de una mujer que había perdido a su hijo en los terribles atentados de Madrid. Pilar Manjón. Al comparecer entre lágrimas en la comisión de investigación parlamentaria del 11-M en la Cámara Baja, lanzó aquella pregunta directa, hiriente, de agachar la cabeza: “¿De qué se ríen?” Cuatro palabras que, sin insultar, constituyeron el mayor merecido insulto jamás escuchado en el hemiciclo que representa la soberanía del pueblo. Sí. Sus señorías habían convertido la comisión en un espectáculo partidista, con jaleos, aplausos, abucheos, dejando al margen el dolor y la tarea más importante, determinar qué pasó.

Salvando las distancias, que son muchas, la extrema gravedad de la actual crisis económica y el desesperante desempleo deberían ser suficientes como para abandonar las luchas políticas estériles, esas peleítas a las que se refería José Chamizo, cuyos reproches, en lugar de ser atacados, habrían de servir para recapacitar sobre las formas de hacer política. Si, en cambio, nuestros diputados quieren oír cosas bonitas, quizás tendrían que plantearse eliminar la figura del Defensor del Pueblo e, incluso, echar para atrás la creación del nonato escaño 110, propuesto por el presidente del Gobierno andaluz, José Antonio Griñán, para, al menos teóricamente, dar cobijo en la Cámara autonómica a la iniciativa popular y que en su día –víspera electoral– se interpretó como guiño al movimiento del 15-M. ¿Quieren acaso una voz mansa?

Por muy cura que sea, no digo que Chamizo sea un santo y, de hecho, su cargo es, al fin y al cabo, asignado por los parlamentarios, por políticos. En el caso de Andalucía, no en otras autonomías ni en el Estado, cabe agradecer que la institución no haya derivado en un cementerio de elefantes, sino que exista consenso sobre la misma figura desde hace dieciséis largos años. Por eso, Manuel Gracia ha intentado que su toque de atención el Defensor del Pueblo pasara desapercibido y quedara en la más estricta intimidad. En el duelo de la política, quizás ganaría el presidente del Parlamento y quienes se sintieron dolidos al toparse, frente a frente, con las palabras de la realidad; sin embargo, en un reto público, estoy seguro de que perderían todos los que, tan a gusto, calientan su escaño.

Cuando las encuestas del Consejo Superior de Investigaciones Sociológicas colocan a la clase política como uno de los mayores problemas del país, por algo será, no crean, señores diputados de Andalucía y Madrid, que la gente contesta al azar. Si el personal pudiera responder como le viniera en su real gana, la estadística que confecciona el CIS llevaría por título Estamos hasta el gorro de vosotros, y mucho más allá.

P. D.

La parva. Tiene un concepto extraño de la solidaridad el consejero de Turismo, Rafael Rodríguez. Por solidaridad, sostiene, los andaluces deberían veranear en Andalucía y así mostrar el compromiso para con esta tierra y para con una industria, la del turismo, que es vital para la comunidad. Extrapolando tal llamada, y so pena de ser calificados como insolidarios e incluso traidores a la patria autonómica, los madrileños habrían de pasar este verano en Madrid, los catalanes en Cataluña y los extremeños, como éste que escribe, en Extremadura. Puestos a jugar a los extremos, pues cada uno en su pueblo, por evidente solidaridad hacia sus vecinos. Y ya que estamos, comamos los garbanzos de aquí y bebamos los vinos de aquí. Sea España, en vez de Estado de las Autonomías, Estado de las Autarquías, en el mayor ejercicio de solidaridad jamás visto. No, consejero. Así no se vende Andalucía.

La simiente. Comienza a ser ya una tónica habitual por parte de las empresas andaluzas presentar ante los juzgados de lo Mercantil el preconcurso voluntario de acreedores –esto es, la protección del juez durante tres meses, prorrogable uno más, para que nadie pueda embargarle– para sí forzar a los bancos a sentarse a negociar la deuda. Es decir, que si existe un banco dispuesto a renegociar los préstamos y otro no, se lleva al juzgado el preconcurso y, de esta manera, ese no termina por convertirse en un sí. Esta fórmula fuerza un tanto la legislación mercantil, aunque lo cierto y verdad es que está dando sus frutos, puesto que las entidades financieras al final acceden a dar oxígeno a aquellas compañías que, aun teniendo negocio y renombre, están faltas de liquidez. Eso sí, no debería llegarse a estos extremos, pues al final la imagen de la empresa queda dañada.

La paja. “Al término de la Junta General Extraordinaria  de Accionistas, que se celebrará a puerta cerrada, se emitirá una nota de prensa con la información correspondiente”. ¿Queda claro? No periodistas. Es la segunda vez que le dedico ‘La paja’ a la falta de transparencia de Banca Cívica –grupo de cajas conformado por la andaluza Cajasol, Caja Navarra, Caja Canarias y Caja Burgos– por su oscurantismo hacia la prensa. A sus máximos directivos ya se lo advirtió un periodista en Madrid. A ruedas de prensa de entidades financieras más importantes hemos asistido –dijo– y nunca se nos han puesto tantas trabas a la hora de preguntar. Pero esos mismos directivos pensarán, para sí mismos, aquello de que para lo que nos queda en el convento… Es decir, como en breve se producirá la integración jurídica de Cívica en Caixabank, para qué complicarse más la vida…

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Yo acuso

Yo acuso a los líderes políticos internacionales que, en las idílicas playas mexicanas de Los Cabos, durante estos días se reunirán, posarán, hablarán y, por fin, regresarán con la tez morena, por supuesto, a sus respectivos países sin acordar la más mínima regulación de los mercados. Ni tan siquiera un recargo general (la llamada tasa Tobin) para las operaciones financieras que, ejecutadas por máquinas de sofisticadísimos programas matemáticos, ya vendo cuando ni he comprado, generan un inmenso daño. En su criminal búsqueda del máximo provecho posible –porque es criminal y criminales son quienes las diseñaron–, pueden mandar a la quiebra a los Estados débiles tras exprimirlos hasta la agonía. Se comportan, y me refiero aquí a las personas, a los traficantes de las finanzas, como los machos de las manadas, cuyos instintos naturales les ordenan la muerte para aquéllos que muestren síntomas de fragilidad.

Cada vez que escribo sobre el excesivo poder de los financieros, sobre su dictadura, siempre hay quien me replica que soy demagógico, que pongo las letras que precisamente quieren leer los ciudadanos, siempre dispuestos a cazar una pieza fácil donde descargar su rabia. No. Cada vez estoy más convencido de que ni la historia económica nos sirve para explicar qué está ocurriendo. No presto atención alguna a los sesudos catedráticos y analistas que se remontan a tal o cual época para tratar de explicar las raíces de nuestros problemas. Puestos a rastrear, yo les recomendaría, señores, que se fueran a la prehistoria, cuando los hombres se daban manporros entre ellos para comer. Quizás así encuentren ustedes, expertos míos, los argumentos que esclarezcan por qué aún hoy, en media humanidad, se eternizan tales mamporros.

Ni demagogia ni leches. Gran parte de los males económicos actuales estriba en esa absoluta libertad que tienen los tiburones financieros para nadar a sus anchas por el mundo. Me acuerdo de nuestro querido jamón ibérico, tantas y tan largas penas para desembarcar en Estados Unidos, y miren, en cambio, qué facilidad tiene don dinero para entrar y salir y sin que nadie pregunte. Porque, en ausencia de la vieja burbuja inmobiliaria de la que chupar, la deuda de los Estados está siendo un auténtico filón. Si no es Grecia, será Irlanda, si no es Irlanda, será Portugal, si no es Portugal, será España, si no es España, será Italia, si no es Italia, será Bélgica, y si no es Bélgica, suma y sigue. Y la cadena seguirá hasta que descubran otro juguete más jugoso o vuelvan a los antiguos, llámese ladrillo, llámese petróleo, llámese comida, o se les ponga coto, y la probabilidad de esta última alternativa, visto lo visto, es cero.

Yo acuso a la jauría de lobos que mueven internacionalmente los fondos de inversión de altísimo riesgo y los patrimonios de las grandes fortunas, y tanto éstas como aquéllos tienen nombres y apellidos. Son ruínes y nos están llevando a la ruina. Se dedican a sacar tajada de una mezquina apuesta, la de qué país cae primero, retorciendo hasta extremos insospechados las fórmulas con las que especular y aprovechándose de la dificultad que, para el común de los mortales, entrañan las finanzas y el flujo de los capitales. Si la libertad internacional de éstos, la globalización del dinero, se pensó para allanar la financiación de Estados y de empresas –esto es, que ni unos ni otros estuvieran constreñidos a la hacienda nacional, de forma que, por ejemplo, China pudiera comprar deuda pública y privada de España y, cosa rarísima, a la inversa–, finalmente derivó en libertinaje y se convirtió, pues, en una trampa para los países que, como el nuestro, tenían entonces y siguen teniendo aún una altísima dependencia del caudal exterior.

La condescendencia hacia los mercados, cuando no el chantaje de éstos, ha sido tal que las autoridades comunitarias han tratado de influir como nunca en la soberanía del pueblo, en este caso el de Grecia, para, con el discurso del miedo económico, determinar la orientación del voto popular. Y tal manifiesta y pública claudicación de los líderes europeos, señores, ha sido sencillamente aberrante. Tras los comicios helenos, estamos constatando cómo esos mercados nos pagan. A los españoles nos quieren caídos y caídos nos verán.

Yo me acuso, a mí mismo, como ciudadano, de carecer de valentía suficiente para decir basta, porque sí, ya basta. Sólo tengo este espacio, La Siega, y estas mis palabras para rogar a quienes hoy se bañan y broncean en Los Cabos que metan en cintura legal a los especuladores financieros. Si no es así, larga vida para nuestra angustia.

[Yo acuso, Émile Zola, 13 de enero de 1898, portada de L’Aurore. Venido al caso económico actual del que aquí se trata, ojalá ese histórico artículo se repitiera].

P. D.

La parva. Como si la cosa no estuviera calentita en España, lo único que nos faltaba ya era que el expresidente José Luis Rodríguez Zapatero saliera de su ostracismo para hablar de la crisis económica y sentenciar que si en los años de bonanza hubiéramos ahorrado más y no nos hubiéramos endeudado tanto, las penas actuales del país serían menos penas. Curioso que lo diga nada más y nada menos que quien ejerció la Presidencia del Gobierno de España durante ocho años y duplicó el volumen de deuda pública en el último cuatrienio de su mandato. Señor Zapatero, le sugiero que se quede en casita, viviendo de las rentas y los privilegios a los que tiene derecho, al menos hasta que amaine el temporal y deje de herir las sensibilidades de los españoles. Después ya podrá engordar los ingresos con conferencias y entrevistas… En estos momentos, tanto me chirría usted como lo hacía José María Aznar.

La simiente. Una, dos, tres, sonrisa Profident, foto hecha. Posaron muy alegres los máximos responsables de la Confederación de Empresarios de Sevilla, la patronal agraria Asaja y la Federación de Arroceros de Sevilla después de consensuar una defensa común para el dragado parcial del Guadalquivir y para el cultivo del arroz tras los últimos encontronazos que evidenciaban que yo defiendo lo mío y tú, lo tuyo, a ver quién puede más. Hágase la paz, salgamos todos beneficiados. Como comentaba una fuente de Asaja, lo más inteligente es reconducir la situación mientras se pueda, y así ha sido. No recordaremos recientes palabras que despertaron susceptibilidades –o cabreo morrocotudo– y demos la bienvenida a un entente cordiale que será bueno para el Puerto, la industria y el turismo de la provincia y también bueno para el campo. Derivará así la sonrisa Profident en más otra sincera.

La paja. Atentos a las gasolinas, que están llamadas a repuntar con fuerza –se habla de hasta cuatro céntimos por litro de carburante– si el Ministerio de Industria persiste en su intención de colgar sobre las espaldas de los ciudadanos el milmillonario déficit de tarifa –los menores ingresos de las eléctricas al ser mayores los costes de producción de la energía que el precio regulado de la luz para los consumidores domésticos–.  Es decir, no habrá un bestial encarecimiento del recibo eléctrico, sino que los tejemanejes contables del déficit de tarifa, de los que han participado tanto gobiernos socialistas como populares, se cargarán en las estaciones de servicio. Eso sí, siempre quedarán los titulares del tipo Industria aumenta poco la luz o la congela, mientras que el sablazo lo está pegando por atrás. La reforma energética, la definitiva según el ministro José Manuel Soria, llegará en julio.

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A la Virgen rogando y…

Cuánto fervor pondría Fátima Báñez ante la Virgen del Rocío que, al final, incrédulo yo, no tendré más remedio que reconocer que se hizo el milagro y que los caminos de la ermita, la rociera, no la de Fátima, ministra o Virgen, son inescrutables. Sí. La Blanca Paloma tuvo la gracia de conceder a Mariano Rajoy el prodigio de conseguir gigantesco dinero sin contrapartidas por parte de quienes prestaban, benditos ellos, bondad maravillosa, y, además, que España –fíjense, por primeva vez en la historia de la Eurozona– pusiera sobre la mesa, cómo lo digo… sus cojones. ¿A mí presionar? ¿A mí? Quien presioné fui yo, dijo gallito nuestro señor presidente con sus dos… esos.

Demos, pues, eterna gratitud a Báñez por encomendarse a la Señora para salir de la crisis económica y, así, asunto resuelto, que Rajoy pudiera asistir al fútbol. En el partido, por cierto, pronto se disipó la gentil aura que, desde la primorosa aldea onubense, le acompañaba. Simple empate que supo a poco, aunque, en su descargo, cabría recordar que estos italianos siempre juegan con suprema ventaja, por sus romanas tierras tiene sede el Vaticano, casa de San Pedro. Esto son palabras mayores, línea directa con Dios, sin intermediarios como tuvo la ministra de Empleo quien, en ausencia de datos esperanzadores con los que sólidamente sostener su labor al frente de la cartera, lanzó la plegaria no en privado, sino en una rueda de prensa que, como no podía ser menos y para sumo delirio de los presentes, concluyó al grito de viva la Virgen del Rocío, viva.

Esto de mezclar política y fe entraña sus riesgos. En este mundillo de vírgenes y santos hay gran competencia y mucho sentimiento de agravio, dada la nutrida lista del devoto país, quizás tan larga como su nómina de desempleados. Porque, señora ministra de estos últimos: ¿Qué tiene su Blanca Paloma que no tenga mi patrón, San Roque, cuyo perro, pobrecilllo, no tiene rabo, se lo han cortado? Juguemos, por tanto, a dilucidar qué imagen es más milagrosa, así que vaya a mi pueblo, grite un público viva San Roque, viva, y ya verá cómo, obrado el milagro del empleo, otro asunto resuelto, nos podremos ir todos al fútbol, incluidos los exparados, y no sólo nuestro mariano presidente…

Ni que decir tiene que, en esto de las peticiones de mediación divina, hay quienes, políticos ellos y convirtiendo las procesiones en políticas, se apuntan a las preces públicas. Ahí queda el caso del alcalde de Sevilla, el muy popular Juan Ignacio Zoido, quien, ante el siempre madrugador Corpus Christi, proclamó que sus vecinos –los sevillanos, se entiende, no sólo suyos– confían en Cristo para salir de la crisis.

Y tenía el hombre razón. A  falta de confianza en los políticos, entre ellos los de su partido, ése que nos gobierna, el PP, habremos de apelar a entidades administrativas superiores… Pero dejemos al buen Zoido y centrémonos en la buena Báñez porque digo yo que, en la escala de bienaventuradas respuestas, tendrán prioridad las súplicas del cardenal frente a las del monaguillo… Es más, esta última teoría jerárquica está ya contrastada, pues al común de los mortales, a los creyentes de a pie, a los cinco millones de parados, el Cielo no les hace ni caso por mucho que, en privado, imploren trabajo. Al contrario, les castiga con más desempleo –véanse las estadísticas del departamento de la ministra como prueba irrefutable de la sordera celestial–.

Es loable, de verdad, sincero soy al decirlo, que quienes tienen fe así lo manifiesten públicamente. Al fin y al cabo, uno no puede negar qué es y qué siente y no tiene por qué ceñirlos a la oración privada. Si Báñez es rociera, adelante, a gritar con devoción viva la Virgen del Rocío, viva, hasta desgañitarse, como el macareno y el trianero a sus respectivas. Lógicos y comprensibles el sentimiento religioso y el fervor. Pero lo que ya no veo tan lógico ni tan comprensible, sino rayano en lo patético, es implorar en una comparecencia pública en el ejercicio de su cargo y mientras anuncia rebajas fiscales para las empresas colaboradoras del Año Santo Jubilar Mariano que, entre agosto y septiembre de 2013, se celebrará en Almonte –como negocio que es tal acontecimiento y, por tanto, economía para todos, no entro a discutir tal amnistía tributaria, que incluso podría llevar aparejada una indulgencia plenaria para estas empresas, incluso para las pecadoras, ya se sabe que, mediado dinero, siempre hay perdón, cosa distinta es el propósito de enmienda–.

¿Y por qué no esa invocación pública? Porque, además de dejar en evidencia las capacidades propias para solventar los entuertos generados por los hombres, corría usted el riesgo, mi querida ministra, de que la Blanca Paloma volviera su rostro hacia el suyo, le mirara a los ojos y le reprochara aquello de a mí rogando y, sobre todo, con el mazo dando…

P. D.

La parva. Esperábamos todos que, tras el rescate de la banca, la prima de riesgo sobre la deuda pública española se relajara y espantáramos definitivamente los fantasmas de intervenciones más graves. Al menos así nos lo trasladaba el pasado sábado el ministro de Economía, Luis de Guindos. Sin embargo, las incógnitas de las condiciones de la ayuda internacional y, sobre todo, las contradicciones y negaciones del presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, llevan de nuevo las dudas a los mercados, a los especuladores, y otra vez tenemos las tensiones sobre España. Por eso cabría preguntarle a Rajoy si no convendría cuanto antes concretar los acuerdos y, en especial, salir a la palestra desde primera hora a reconocer y contar la verdad y a llamar las cosas por su nombre. Eso de aguardar a julio para explicar qué ha pasado y sus consecuencias es otro ejemplo más de falta total de transparencia.

La simiente. La crisis ha obligado a El Corte Inglés a revisar la política de precios en sus supermercados y aplicar una fuerte rebaja para poder competir con las grandes cadenas de base alimentaria como Mercadona y Carrefour. El grupo que preside Isidoro Álvarez trata, así, de acabar con la imagen cara de sus tiendas, pero sin entrar en una abierta guerra de precios habida cuenta de su sempiterna apuesta por las marcas de los fabricantes, las que dan caché a la compañía, un caché que es precisamente su seña de identidad, su modelo de negocio. Tal estrategia, asimismo, se ha trasladado a los hipermercados Hipercor, aunque sus directivos consideran que no reventarán el mercado, que los competidores, pues, pueden estar tranquilos. Pero qué duda cabe que éstos últimos deberán adecuarse, en especial Carrefour, no tanto Mercadona, pues ésta cuenta con el inestimable valor de la cercanía.

La paja. Por el mar corren las liebres y por el monte las sardinas, tralará. Ahora que tiene tiempo, este Gobierno juega a contar mentiras. Pero el inconveniente de la mentira es que tiene las patas muy cortas, y esto, pese a los ya muchos palos, siguen sin entenderlos los estrategas de Moncloa o Génova, tanto monta. Porque si el presidente desmentía a su ministro al negar que el préstamo internacional –que no rescate, por supuesto– tuviera impacto alguno en el déficit público, al final las autoridades comunitarias han desmentido al propio presidente español. Y no sé a ustedes; para mí tienen más credibilidad aquéllas que un Gobierno de contradicciones, y hasta me creo las filtraciones a la prensa que reprendían su prepotencia. Hay quienes cuestionan la presión por todos lados que sufrió España, pero a ver qué se hace con un tozudo que niega la realidad poniendo en peligro la Eurozona…

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Y que parezca un accidente

De entrada, un mensaje directo para Mariano Rajoy. Me recuerda usted al capitán del naufragado Costa Concordia. Y ahí lo dejo, pues corro grave riesgo de que se me caliente la boca. Me dirijo ahora a Luis de Guindos. Señor ministro de Economía, tengo sobrados motivos para no creerle, y no le creo. Primero porque llueve sobre mojado: las continuas mentiras, ayer una más al negar la evidencia del rescate. Segundo porque, al acudir finalmente al que usted define como apoyo financiero –eufemismos al poder–, está veladamente reconociendo, y atentos a esto, que España no está en quiebra pero que sus bancos, o mejor dicho esos engendros de las cajas de ahorros, pueden conducir a este país a la ruina. Y tercero porque, y aquí viene lo gordo, el salvavidas internacional conllevará ajustes adicionales no sólo en las entidades que reciban el dinero, sino también para todos los españoles ya que se compromete la deuda del Estado y ésa, como pública, es de todos.

Déjenme que, antes de entrar en materia, lance un tercer mensaje a quienes reiteradamente preguntan, algunos incluso rayanos en la desesperación, si sacan sus ahorros de los bancos. No, tranquilidad, no hay razones para el pánico porque ahora sí tenemos, palabrita del niño Jesús, recursos financieros para taponar los agujeros –el mayor, el de Bankia, pero también los de Catalunyacaixa, Novagalicia, Banco de Valencia y el rosario que vendrá cuando se aprueben, otra vez, exigencias adicionales de provisiones–, mientras que antes realmente no existía tal parné porque, seamos sinceros, el Gobierno, aunque anunciaba a marchas forzadas miles de millones, no sabía de dónde sacarlos, salvo endeudándose aún más y a los elevados intereses con que los especuladores penalizan nuestras emisiones de deuda. Así que respiren y dejen de rasgar los colchones para meter los cuartos…

Y al meollo. Imagínese que usted, mi querido lector, pide un crédito. Necesita avalistas y supongamos que ahí está la generosidad de sus padres. Los dineros los recibe usted, ¿verdad? ¿Pero y si no puede pagarlo? La entidad recurrirá al patrimonio de quienes avalaron, y si éste no es suficiente, papá y mamá podrían terminar durmiendo en la calle tras ser embargados. Tres cuartos de lo mismo ocurre con la fórmula ideada ex profeso para la banca española. Los recursos internacionales se dirigen al banco que tenga boquetes aunque, al ser canalizados a través del FROB, el responsable último será el Estado español, a quien corresponde también, previa petición al beneficiado, pagar el préstamo y sus intereses religiosamente, vayan bien o mal las cuentas y balances del destinatario final.

Préstamo es sinónimo de deuda, y ésta es del Estado. Léase, de todos. Y si nos endeudamos para una cosa, no tendremos capacidad adicional para otras. Cualquier desvío para abonar el préstamo requerirá, por tanto, recortes en otras partidas presupuestarias, si no queremos estar abocados a la espiral griega de solicitar auxilio tras auxilio para poder apoquinar los intereses de los intereses. ¿Y dice aún Luis de Guindos que no pasa nada, que los ciudadanos no se sacrificarán por sus bancos? Yo creo que sí.

Pero hay más. El señor ministro se atreve incluso a sentenciar que quienes nos prestan, como si nos regalaran, no exigirán contraprestación alguna, tan sólo a los bancos que finalmente sean auxiliados. Pues a ver qué le parecen a usted los siguientes argumentos. Primero: España, a partir de ahora, pierde soberanía al administrar su sistema financiero y, bajo la atenta mirada internacional, debe entrar a saco en el capital de las entidades cuasi quebradas –es la normativa del FROB: yo te doy dinero, pero la propiedad, en parte o toda, es mía y también la gestión– y exigir fusiones, cierres masivos de oficinas y, por supuesto, recortes de plantilla. Segundo: España no podrá desviarse ni un ápice de las directrices fijadas por Bruselas, y esto conlleva respetar escrupulosamente el déficit público, las reformas estructurales –incluida la laboral, llamada a endurecerse, al tiempo– y los compromisos de incrementar los ingresos del Estado–. Y España, por último, con este flotador lanzado a su banca, estará un poco más intervenida –aún más–, aunque, eso sí, sin llegar a ser Grecia. ¿Y aún dice el señor ministro que no se han impuesto condiciones?

Por eso digo que España se sacrifica por sus bancos, y lo hace porque en ello nos va la vida económica. Es duro reconocerlo, pero así es. O eso o un Estado completamente intervenido. Muchos replicarán recordando el caso de Islandia, donde hubo entidades que quebraron sin asistencia pública. Pero si nuestro país no es Grecia, tampoco es Islandia, así de rotundo, las reglas de juego son distintas, estamos en la Eurozona. Sólo nos queda confiar en que este salvavidas internacional sirva para, de una vez por todas, abrir la banca en canal y limpiarle toda su mierda. Rajoy, por cierto, está en el fútbol intentando que todo esto parezca un accidente…

P. D.

La parva. El Banco de España ha confirmado que las entidades financieras han subido los intereses que cobran por los nuevos préstamos, algo que, por otra parte, se puede comprobar fácilmente acudiendo a cualquier sucursal bancaria. Se habla, lógicamente, de medias, no especifica nombre y apellidos. Sin embargo, no deja de indignar que, a pesar de la crisis económica, el incremento del desempleo, los estragos que están causando y, por supuesto, el auxilio público, se atrevan, encima, no ya a endurecer las condiciones para acceder al crédito, sino que éste sea más caro. Por eso, el sacrificio que afronta España para salvar a sus bancos debería tener sus contrapartidas con una banca nacional –y digo correctamente nacional por el rosario de entidades intervenidas y nacionalizadas– que sea más sensible a las necesidades sociales y empresariales. ¿Y si al final las cosas siguen igual?

La simiente (vana). Hoy la simiente viene vana, vacía, sin sustancia ni vida. Destinada va a María Dolores de Cospedal, secretaria general del PP y presidenta de la comunidad castellano-manchega, que ayer por la mañana, a sólo unas horas para que se anunciara el rescate de la banca española, aseguraba sin pudor alguno que no había incertidumbre sobre la economía española, pero ninguna, ninguna, que quede claro. Un día antes, la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, afirmaba que España no había pedido nada, que no había tomado decisión alguna, y que iba a esperar a los informes de las auditoras independientes sobre el estado de la banca española. Son ganas de confundir, de seguir negando la evidencia. Porque si, en su inocencia, la señora De Cospedal se fue a dormir la siesta, su despertar habría sido sumamente traumático viéndose en un país totalmente diferente…

La paja. La paja no podría ser hoy para otra persona que no fuera Luis de Guindos. No tanto por las decisiones adoptadas, porque quizás no quedaban otras, ni tan siquiera por negar lo innegable, que por esto hasta incluso lo comprendería al pertenecer como pertenece a un gobierno donde los noes son síes y donde dije digo digo Diego. Sí por su comportamiento en la rueda de prensa de ayer, pues sus respuestas a preguntas comprometidas rayó el desprecio hacia la prensa. Es evidente y comprensible la fuerte tensión a la que está sometido el ministro de Economía y se le agradece que no tenga las salidas de tono del titular de Hacienda, Cristóbal Montoro, quien –por cierto, sin gracia alguna– descartaba hace unos días que fueran a venir los hombres de negro. En cambio, no es tolerable el negarse a responder o que te lance, sin venir a cuento, un a ti no te toca, aunque te toque.

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Escupiendo al campo

Miguel Rus ha entrado con mal pie en la jefatura de la patronal sevillana CES. Sus declaraciones desprestigiando a los arroceros de la provincia –lean la entrevista realizada por Ana Sánchez Ameneiro en Diario de Sevilla– deberían haber sido suficientes como para que uno de sus cinco vicepresidentes, el líder agrario Ricardo Serra (Asaja), presentara su dimisión porque a muchos de los suyos, sus agricultores, los de las marismas, los de Isla Mayor, aquel flamante patrón los ha puesto a caer de un burro. ¡Eh, vosotros, los que sois apenas unos pocos, que ni aportáis ni sois económicamente relevantes e incluso diría que residuales! No me toquéis el dragado del Guadalquivir, que éste sí, ustedes no, es de interés general…

No niego la importancia del dragado parcial del cauce. De hecho, desde La Siega he cuestionado varias veces su tardanza, denunciando la supina ineptitud –otro calificativo ya no cabe– de unas administraciones que, para su vergüenza y desvergüenza, llevan décadas pasándose la patata, toma tú, que me quema. Sin embargo, no admito ese escupitajo hacia abajo de Rus para, al defender legítimamente un proyecto, denigrar a quienes, también con toda la legitimidad del mundo, protegen sus propios intereses y su, hasta ahora, única forma de ganarse la vida, a la espera del hágase el milagro de la conversión de nuestra rural Isla Mayor en la industrializada Detroit, prodigio indeseable si tenemos en cuenta que estamos en el verde entorno del Parque Nacional de Doñana.

Porque en sus argumentos, el patrón llega a extender las sospechas sobre el crecimiento exponencial que, sostiene, ha registrado el cultivo en la provincia cuando, al menos que yo sepa, todo empresario siempre quiere que su empresa crezca y si el agricultor no es empresario, no sé qué hace Ricardo Serra en la CES. Por cierto, demos gracias a Ceres, diosa del campo, de que los arroceros sean residuales porque, de lo contrario, estaríamos hablando de una burbuja arrocera del tamaño de la inmobiliaria generada, con la connivencia de los bancos, por la construcción –sector éste del que Miguel Rus procede y al que representa a través de Gaesco–, cuyo pinchazo es una de las consecuencias de que hoy estemos como estamos, mal. Así que grande o pequeño según para qué. No sé si queda bien clara la ironía…

El presidente de la CES debería saber, además, que en los arrozales germinó una de las familias empresariales más importantes de Sevilla, los Hernández Barrera, fundadores de Herba, dueños de la más grande extensión del cultivo en las marismas y principales accionistas del grupo agroalimentario Ebro Foods, que desde la localidad de San Juan de Aznalfarache, fíjense qué cerquita, gestiona la mayor arrocera del mundo. Ni que decir tiene que muchos de quienes se sientan en la asamblea general de la patronal provincial, incluso sin pagar siquiera las cuotas, deberían aprender de ellos, de esos… arroceros.

Aún hay más en este ejercicio de desagravio agrario. Los que Rus llama unos pocos –y yo replico que unos pocos y muchos más– no rechazan el dragado del cauce que permita la navegación de barcos de carga y pasajeros de mayor calado que los que actualmente pueden cruzar el Guadalquivir. Sí demandan, desde hace muchísimo tiempo, fórmulas para evitar que, en ausencia de las antiguas barreras naturales del estuario, el mar y sus aguas salinas entren con fuerza por el dulce río, convirtiéndolo también en salino e impidiendo su uso para regar. Prueben ustedes a beber agua con sal, a ver cómo les sienta. Échenla regularmente a una planta, a ver cuánto les dura.

De hecho, el proyecto para conducir agua directamente de los pantanos a los arrozales, vía conducciones y balsas, duerme el sueño de los justos desde hace dos años, a pesar de los 2,4 millones de euros gastados para que la firma sevillana de ingeniería Ayesa lo diseñara por encargo del Gobierno central. En un cajón anda metido, pues la inversión requerida es muy elevada para esta época de crisis. Pero ejecutarlo resolvería, a la vez, los problemas del dragado y del arroz. Y si, como dice Rus, los cultivadores son minoría, quizás la mayoría beneficiada debería compensar a quienes se aferran a un producto agrícola, el arroz, que, según palabras textuales de Miguel Rus, tiene un valor competitivo residual en la agricultura. Pero me temo que no. Aquí nadie suelta un euro. Nada de colaborar para, conjuntamente, avalar el proyecto ante Bruselas y así arrancar los recursos financieros necesarios y jugar a que todos ganen, y no unos, los urbanitas de chaqueta y corbata, frente a los otros, los rurales con camisa de cuadros y pantalones de pana.

No es la primera vez que las patronales ningunean al campo. Ahí quedan los rifirrafes entre la CEA y Asaja, que proceden de tiempos lejanos y hoy se traducen en dos líderes empresariales sin apenas dirigirse la palabra, Santiago Herrero y Ricardo Serra, a excepción de las lógicas de cortesía por aquello de que impere la educación. Por la importancia que tiene la agricultura en Sevilla, confío en que no se trasladen tales desencuentros a la CES, donde al escupir a los arroceros, representados en su seno, insisto, por Asaja, Miguel Rus revela que no es presidente de todos los empresarios de la provincia, sino de unos más que de otros. Y a eso se llama ser parcial, no imparcial.

P. D.

La parva. Nada más y nada menos que el señor Francisco Álvarez-Cascos en una manifestación obrera, sí, leen bien, en una manifestación obrera, en defensa de las ayudas para la minería, es decir, para los mineros. Junto a él, el comunista Cayo Lara, fíjense qué pareja de baile. La derecha, representada también por alcaldes del Partido Popular en una ruidosa movilización –de ésas en las que se tiran petardos y son muy ordinarias–, andará tirándose de los pelos, puesto que iban en contra de la decisión del Gobierno de Rajoy de recortar las subvenciones al carbón. Pero a lo que iba. Qué dirían de Andalucía en Madrid si, en lugar de una manifestación a favor de la minería, hubiera sido otra para defender el PER y el subsidio agrario aparejado a este sistema de protección social. Porque si el subsidio agrario es eso, un subsidio, no lo es menos el sostenimiento artificial del carbón nacional y, por tanto, de sus empleos.

La simiente. Démosle un voto de confianza a la Consejería de Economía al abrir a las compañías aeronáuticas perjudicadas por la suspensión de pagos de Alestis las líneas de financiación para obtener liquidez ya concebidas para empresas en crisis pero viables. No es para menos, teniendo en cuenta de que la propia Junta de Andalucía es accionista de Alestis, cuyo reciente concurso de acreedores deja deudas pendientes de unos diez millones de euros con empresas auxiliares de la comunidad. Pero una cosa es la intención y otra bien distinta la puesta en marcha, que no cabe dejar dormir en los laureles, porque el dinero se requiere urgentemente para no abocar a este sector a una cadena de suspensiones de pagos y de expedientes de regulación de empleo que se sumen a la sangría empresarial que en los últimos meses –y parece mentira ya– se ha acelerado en la economía sevillana.

La paja. Le ha costado al flamante vicepresidente y consejero de Administración Local de la Junta de Andalucía, Diego Valderas (IU), darse cuenta de que esta comunidad autónoma está intervenida “de facto”. Pues claro, hombre, lo está, ya hace tiempo, desde el mismo momento en que le dijeron, tú, encarrila tus cuentas, me da igual cómo lo hagas, pero hazlo. ¿O Andalucía iba a estar aislada con Izquierda Unida en el gobierno de coalición, cuando España está intervenida de facto desde hace dos años? No hace falta que el Estado despliegue sus funcionarios por el Palacio de San Telmo, aquí estamos, venimos a tomar posesión, fuera todos. No, estas cosas son más sutiles, te mandan como si sugirieran, y eso, aunque se niegue y no se reconozca, es restar competencias autonómicas. Porque quien tiene el dinero manda sobre quien lo necesita, y aquí punto en boca.

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