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Y a Cajasol se le apareció la estrella

Había gran preocupación en Caixabank por cómo saludarían los sevillanos la toma de Cajasol y, justo en vísperas electorales del 25-M, también la hubo en la Junta de Andalucía por cómo sería acogida la entrega de la caja de ahorros a los catalanes. Los temores eran, de hecho, fundados. Por un lado, estaba el precedente de Cajasur, que fue adjudicada en subasta a los vascos de la BBK, y bastó decir vascos para erizar los pelos de buena parte de los clientes de la que ayer fuera arraigada entidad cordobesa y hoy mera marca con sede social y fiscal en Bilbao. Y por el otro, la absorción de Cívica por parte del banco de La Caixa daba la estocada de gracia al mapa financiero regional, pues alejaba de Sevilla el centro de decisión que, hasta aquí, trajo el grupo conformado por Cajasol, Caja Navarra, Caja Burgos y Caja Canarias.
El dinero, sin embargo, no entiende de fronteras geográficas ni atiende a excesivos nacionalismos cuando las necesidades aprietan y obligan a buscarse un caballero blanco. Y para Banca Cívica la integración en Caixabank es lo mejor que le podría haber ocurrido. No tendremos para enarbolar la andaluza verde, blanca y verde ni tampoco la madeja hispalense, pero sí la bandera de la seguridad y garantía financieras y de que esta vez –y ya era hora– la estrategia empresarial ha sido la correcta y, además, la más alejada posible de las injerencias políticas a las que, por desgracia, nuestras cajas nos tenían acostumbrados.

Los populares nunca perdonarán a Antonio Pulido por ser socialista y los socialistas nunca le perdonarán por dar la gran espantá y haberse embarcado en el proyecto de Cívica, dejando en su día al presidente José Antonio Griñán con la boca abierta y, además, en vergonzosa evidencia ante todos, pues, en su absoluta inopia de qué se estaba cocinando realmente en el Banco de España y en la hispalense Plaza de San Francisco, insistía en pedir la fusión de Cajasol con la malagueña Unicaja.

Sería complicado sentenciar hoy si el presidente de Cajasol acertó o erró, si hubiera sido mejor o no la alternativa estrictamente andaluza, puesto que, desde entonces, las reglas de juego para toda la banca española se han cambiado en dos ocasiones para exigir más capital y más reservas, al compás de una cada vez peor coyuntura económica. A falta de tal veredicto, sólo cabe constatar, pues, los hechos y, con todo lo malo que ha pasado, está pasando y pasará, nadie acertaría, salvo ejercicio con bola de cristal, a responder a la pregunta de qué hubiera pasado si…

No es que uno quiera actuar precisamente de abogado del diablo, pero ayer me chirriaron –y mucho– las declaraciones de los líderes regionales de CCOO y UGT acusando a Pulido de haber vendido Cívica (es copresidente) para, dijeron, garantizar su propio futuro y estatus económico, sin tener en cuenta “los miles de empleos que corren peligro” y exigiendo conocer el “precio personal” del directivo. A éste le atribuyeron el desmantelamiento de la caja sevillana y el condenar al desastre el mapa financiero andaluz. Como en este país a todos nos gusta escurrir el bulto, cabría preguntarle a Francisco Carbonero y Manuel Pastrana dónde estuvieron cuando, años atrás, se cometieron auténticas barbaridades inmobiliarias en Cajasol y no fueron controladas ni frenadas en los consejos de administración donde ambos sindicatos se sientan. Más allá de sus críticas, ninguno se ha atrevido a solicitar la dimisión –la petición no serviría de mucho, pero al menos constaría en acta– en los casi seis años que Pulido lleva como máximo ejecutivo primero de El Monte, después de Cajasol y, por último, de ésta y de Cívica. Por cierto: fueron los votos de PSOE y Comisiones los que, en 2006, le dieron el sillón. A veces, falla interesadamente la memoria…

Y entramos en materia. A principios de 2011, éste que escribe incorporaba a La Siega una entrada (sigo negándome a llamarla post) titulada Guiadas por la estrella de La Caixa, donde comentaba que su conversión en banco, conservando intacta la Obra Social y sujetando la mayoría del capital y, por tanto, el control del mismo, iba a marcar el rumbo al resto de las cajas de ahorros del país. Y así fue. Todas le siguieron.

El pasado jueves dio otra muestra de poderío que dejó perplejo al mundo de las finanzas. De una sola tacada y en un solo trimestre, Caixabank cumplía, y a pulmón, las nuevas exigencias de provisiones para amortiguar los riesgos derivados de su cartera inmobiliaria. Nada más y nada menos que 2.436 millones de euros cargados contra reservas y beneficios. No le importó declarar una ganancia bruta de apenas 3 millones. Nunca un resultado tan exiguo fue tan sumamente grande. Eso es seriedad y eso es fortaleza. Lo mejor que a Cajasol le podría haber pasado.

P. D.

La parva. El mundo parece necesitado de líderes y, cuando alguien despunta, se agarra a él como a un clavo ardiendo. Así sucedió con Barack Obama, cuya llegada a la Casa Blanca fue un soplo de esperanza para quienes confiaban en una pronta recuperación de la economía y, además, que se pusiera coto a los desmanes financieros de la etapa de George Bush. En el Viejo Continente, sobre todo en los países con serios problemas, entre ellos España, los partidos de izquierda se empeñan en ver al socialista galo François Hollande, quien disputará al conservador Nicolas Sarkozy la Presidencia de Francia, como el baluarte de una nueva Unión Europea sin tanta pleitesía ante el poderío de la alemana Angela Merkel. Seguimos sin aprender que una cosa es la política con sus campañas electorales y otra cosa bien distinta son la realidad y la gobernanza. Como ejemplos, estos dos: Zapatero y Rajoy.

La simiente. Lástima que Felipe González se autodescartara para la Presidencia de la Comisión Europea hace sólo dos años. Si allí hubiera mantenido el discurso que ahora va pregonando por doquier, quizás otro gallo cantaría en los destinos del conjunto de los Veintisiete y, por tanto, en las estrategias para la salida de la crisis económica. González, homenajeado la semana pasada por la SER en Andalucía, cargó contra Angela Merkel, de la que poco menos que dijo que ella es y será la crisis, criticó la caótica situación en la que está sumergida Europa y, por último, consideró que hay que ayudar al Gobierno de Rajoy aunque el Gobierno de Rajoy no se deje ayudar. Pues sí, hay que escuchar al expresidente socialista, aunque en su justa medida. Porque, y enlazo con La Simiente, una cosa es lo que se dice y otra lo que se hace. No lo podemos comprobar, no quiso ser presidente de la Comisión.

La paja. ¿Para qué sirven ya esas mastodónticas asambleas generales de las cajas de ahorros que no son cajas de ahorros sino bancos? Un ejemplo, Cajasol. Una vez consumada la absorción de Banca Cívica, la caja sevillana tendrá poco más de un 1% del capital social de Caixabank, y por este porcentaje recibirá los dividendos y, por tanto, los recursos para una Obra Social que conservará su actual marca y se sumará a la que La Caixa despliega en Andalucía. La asamblea de Cajasol, compuesta por 174 miembros, deberá aprobar la operación en mayo o junio. ¿Y después seguirá? ¿Tiene sentido mantener este órgano cuando carecerá de poder de decisión sobre Caixabank? Hay quienes responden que sí, es necesaria esa representación social (Junta de Andalucía, ayuntamientos, diputaciones, impositores y trabajadores). Yo lo dudo. Son ganas de mantener instituciones… y dietas.

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¡A mí la legión europea!

El Gobierno central desconfía de la Junta de Andalucía, ésta desconfía de aquél y yo, ciudadano, desconfío de ambos. Necesito, pues, árbitros que no sean de parte. Sí. Que vengan aquí ya, pero ya, inspectores comunitarios para examinar con lupa las cuentas autonómicas, y que tal petición, mi querida Carmen Martínez Aguayo, sea sincera, no un mero alarde de valentía de quien está segura de que no vendrán –hasta ahora sólo se fiscalizan los grandes números del Estado y, a nivel regional, el uso de los fondos europeos–. Si no hay nada que temer, le conmino a que vaya usted misma a Bruselas y arrastre hasta esta comunidad autónoma al mismísimo Sherlock Holmes si fuera necesario. Porque yo, ciudadano, ya no me creo a nadie. Ni al Rey siquiera. En la Nochebuena de este año apagaré la tele tras el telediario, no vayan a escuchar otra vez mis oídos que de esta larga crisis económica saldremos con el esfuerzo de todos. Manda huevos, diría Federico Trillo.

La confrontación política, mis señores políticos y señoras políticas, no es un juego político que se queda en casa, aquí, dentro de nuestras patrias fronteras. Parece que todavía no son conscientes de que este país, para nuestras desgracias, está en estos momentos en el centro del universo económico, hasta el punto de que en Estados Unidos, donde no saben siquiera dónde situar España en el mapamundi, The New York Times le dedicaba la semana pasada un amplio despliegue a nuestros graves problemas, considerándonos incluso un peligro para el conjunto de la Eurozona y para el futuro del euro. Qué edificantes resultan, pues, las riñas internas…

Las palabras de quien, aun habiendo dependido toda su vida de las administraciones públicas, nunca ha tomado café en horas de trabajo, Antonio Beteta, advirtiendo de cuentas andaluzas opacas que esconden –sugirió sin aportar datos– cosas raras bajo la alfombra, y la indignadísima réplica de la consejera de Economía al grito de a mí la legión de inspectores comunitarios le han servido al prestigioso periódico británico The Guardian para colocar a Andalucía como centro de los grandes problemas de la Eurozona. En su artículo, el periodista es tajante: “Las autoridades españolas no tienen ni idea del tamaño de la deuda (déficit público) en la mayor región del país”. Ni idea. Toma ya.

El autor, asimismo, habla de que las declaraciones de Beteta han hecho estremecerse a la Comisión Europea y, por supuesto, a los mercados de compraventa de deuda española (bonos). Cuanto menos resulta curioso que Mariano Rajoy trate –eso sí, sin nombrarlos, que a tanto no llega la gallardía– de callarles la boca al francés Nicolas Sarkozy y al italiano Mario Monti mientras que en su propio Gobierno y en su propio partido, el PP, a algunos habría que lavárselas con lejía. Si el Ejecutivo central, tal y como ha sugerido el inoportuno secretario de Estado de Administraciones Públicas, puede, podría, pudiere, pudiera o pudiese –empléese la forma verbal al gusto– intervenir Andalucía a partir de mayo como lo hicieron Bruselas y el Fondo Monetario Internacional (FMI) con Grecia, que vaya también lanzando avisos respecto a otras comunidades que, gobernadas por los suyos, están en condiciones aún peores.

Porque, además de la estrategia de la tijera, corta que corta presupuestos y políticas sociales, las sugerencias de los distintos altos cargos del Gobierno –Beteta no ha sido el único– o bien son eso, sugerencias desacertadas, o bien trasladan ya a los mercados que España estaría dispuesta a intervenir inmediatamente en las comunidades díscolas, porque así se lo permite la nueva legislación sobre el control del déficit, y acabar, pues, con el Estado de las Autonomías. Yo, Estado, antes de que me intervengan a mí, intervengo yo a mis comunidades. Y sigue rumiando el Estado: si comenzamos por Andalucía, donde se está fraguando una alianza entre socialistas y nada más y nada menos que comunistas –qué horror para los mercados–, mejor que mejor.

Y no considero que vaya mal orientada esta última sospecha. De hecho, acudamos otra vez a la prensa internacional, en este caso al diario económico británico Financial Times. En su edición de ayer, y citando a una fuente del Ejecutivo de Rajoy, decía textualmente que éste se dispone “a intervenir cualquier región justo el mismo día en que se tengan datos que demuestren que no cumple con sus obligaciones (fiscales)”.

Sí. Sería conveniente que una legión de inspectores europeos viniera a Andalucía para rastrear sus cuentas. Y rápido, mayo está a la vuelta de la esquina. No sé qué encontrarían, pero yo, ciudadano, conocería entonces la verdad que, por confrontaciones políticas, ahora me ocultan.

P. D.

La parva. El año pasado, el consejero andaluz de Economía, Antonio Ávila, presentaba a bombo y platillo el Aerospace and Defense Meetings-ADM Sevilla 2012, el mayor evento de negocios de la industria aeronáutica organizado en España y que se celebrará en Sevilla entre los días 14 y el 17 de mayo del ejercicio en curso. La crisis económica, sin embargo, es muy tozuda y el acontecimiento coincidirá con la particular crisis de la mayor firma andaluza del sector, Alestis, que ha solicitado preconcurso de acreedores (protección judicial para que, en un periodo de tres meses, no le embarguen y pueda negociar sus deudas). Los problemas de esta empresa, participada por la Junta de Andalucía, datan de su compromiso (léase, imposición) para absorber a trabajadores de Deplhi y de sus dificultades para resolver los contratos del avión A350, que Ávila negara justo en vísperas electorales y que, tras el 25-M, afloran.

La simiente. Manuel Jurado, hasta ahora presidente de la asociación empresarial agroalimentaria Lándaluz, asume las riendas de la Academia Andaluza de la Gastronomía y Turismo, una iniciativa que pretende vincular la agroindustria con la cocina y el turismo. Esta estrategia de promoción fue iniciada por Lándaluz hace ya casi una década aprovechando la fama internacional que estaban adquiriendo los cocineros españoles, y más recientemente los andaluces. En suma, apostar por una promoción de productos de calidad y con marca propia, frente a las exportaciones a granel y el auge de las etiquetas blancas (marcas de las cadenas comerciales). El turismo gastronómico es, asimismo, una línea de negocio aún con enormes posibilidades para Andalucía, y aquí Manuel Jurado –directivo del grupo Ebro Foods– hará especial hincapié. Iniciativas como ésta necesitan la agroindustria y la agricultura.

La paja. “Las cosas parece que se encauzan”. Pues sí, señor ministro de Industria, José Manuel Soria, ya vemos cómo se ha encauzado el conflicto empresarial y diplomático entre Argentina y España a cuenta de la nacionalización de YPF, filial de Repsol en el país latinoamericano. La presidenta argentina, Cristina Fernández de Kirchner, ha aprovechado la debilidad internacional de nuestro país –que está económicamente cuestionado– para acometer una expropiación que atenta contra uno de los principales grupos españoles. No estamos hablando de la Aerolíneas Argentinas de épocas pasadas, sino de Repsol. Tampoco estamos hablando de Venezuela ni de Bolivia, sino de Argentina. La imagen jurídica de esta última nación como destino inversor cae en picado, sí, pero también descarría la imagen internacional de España para defender, de la mano de Europa, a sus firmas en el exterior.

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¿Inaudito? No. Es Rajoy

Pues sí. Esta España está condenada y condenados sus españoles. Nuestros políticos siguen jugando a la política –que no haciendo política– mientras que se generaliza hacia nuestro país una gran desconfianza tanto exterior –encarnada ahora por Nicolas Sarkozy, el marido de Carla Bruni– como interior, siendo ésta incluso peor que aquélla, a ver quién levanta la economía nacional arrastrando como arrastramos alforjas repletas de pesimismo. Escuchando a unos y a otros, no sin mediar vergüenza ajena, me miro en el espejo que semanas atrás me regalara Juan Roig, presidente de Mercadona, y me pregunto qué más puede hacer uno por la causa, qué causa, la de salir de esta crisis. Y el careto reflejado frunce el ceño, se mueve de lado a lado y tan sólo responde, Juan, qué mal está la cosa.

No es para menos. La polémica desatada ayer por Luis de Guindos cuando habló del copago sanitario –señor ministro de Economía y Competitividad, usted podrá llamarle paraguas a su bolígrafo, pero seguirá siendo un bolígrafo, así que, por mucho eufemismo que busque, por copago nosotros entenderemos lo que usted denomina progresividad– es un clarísimo reflejo de una España completamente desquiciada. Por un lado, un Gobierno de Mariano Rajoy que acude a la prensa alemana para decir aquello que aquí –donde debería– no se atreve a decir y que rectifica sus propios Presupuestos apenas una semana después de aprobarlos. Por el otro, una oposición de izquierdas que, excesivamente crecida y agitada tras la derrota del PP en Andalucía, nos adentra en cuatro años de permanente campaña electoral, como si este país estuviera para tanta disputa.

Empecemos por esta última y su ya manido eslogan de las líneas rojas. ¿Quién ha dicho que no se puede hablar de qué? Si algo hemos aprendido de esta crisis económica, señores, es la necesidad de debatir de todo, absolutamente de todo, porque todo está en revisión. Desde la sanidad hasta la educación pasando por la legislación sobre el mercado de trabajo, los impuestos, el dinero otorgado a la Iglesia y, si me apuran, hasta la mismísima Monarquía. Insisto. De todo. El debate en sí ni puede ocultarse ni escandalizar porque para escandalosas ahí quedan ya la coyuntura y la elevadísima tasa de paro que tenemos encima. No me vale el decir de esto no hablamos. No. Las líneas rojas no son las reformas, sino cómo se afrontan y a quiénes realmente afectan, y es aquí donde rastreamos la labor del Ejecutivo.

Si no fuera por la seriedad que entraña el tema, daría hasta risa el intento del Gobierno y del Partido Popular por aplacar ayer la polémica desencadenada por De Guindos, que al fin y al cabo no hacía sino revelar la opinión del propio Ejecutivo –al que, por cierto, pertenece– y de varios presidentes y presidentas de comunidades autónomas por el PP regidas. Si el ministro de Economía quería hacer reflexiones personales, expresión utilizada por quienes salieron a rectificarle, que las hubiera hecho sobre la corrida de toros en la Maestranza de Sevilla y la oreja que cortó Manzanares, pero no sobre economía ni sobre una cuestión tan sumamente delicada como es el copago sanitario. Y no. No coló esa estratagema de la progresividad ni tampoco ese guiño populista de que serán las rentas más altas las que asumirán la adicional carga, puesto que, si así fuera, tan ridícula sería la recaudación como ridícula es también la procedente del recargo impositivo que algunas autonomías, entre ellas la andaluza, fijaron para los ricos.

Solución salomónica de Moncloa? Un anuncio tapadera y tardío, a través de un simple comunicado de prensa, de un recortazo adicional para sanidad y educación, con el que se rectifica el Presupuesto del Estado concebido hace apenas dos semanas. ¿Inaudito? No. Es Rajoy y ya nos tiene acostumbrados. Curados de espanto.

Partiendo del hecho de que la sanidad tiene un problema presupuestario, la cuestión sería sentarse y analizar cómo mejorar su gestión, cómo ahorrar y cómo ser más eficientes para que, en su conjunto, siga siendo universal y, en su conjunto, gratuita y no nos carguemos una prestación envidiada en el resto del mundo. Lo malo es que este Gobierno demuestra una y otra vez su nula voluntad de sentarse para consensuar unas reformas económicas que, con el aplauso de una mayoría más holgada que la suya propia, generarían mayor confianza en el exterior y en el interior, mientras que la oposición persiste en no querer darse cuenta de qué nos jugamos. Unos por otros y la casa por barrer. Mañana me volveré a mirar en el espejo. A ver con qué careto me encuentro.

La parva. Una nota de prensa. Sí, una nota de prensa. Una magnífica labor de comunicación –por si no lo captan, esto es suma ironía– por parte de Moncloa para anunciar que acelera los recortes en educación y sanidad por valor de 10.000 millones de euros. Es decir, días después de que Luis de Guindos lo sugiriera a la prensa germana. Y de aplicación inmediata, este mismo mes, de lo que cabe deducir que la tijera estaba detallada desde hace tiempo pero de ella ni nos informaron tras la habitual rueda de prensa del Consejo de Ministros de hace dos semanas ni tampoco en la presentación de los Presupuestos Generales del Estado en el Congreso el pasado martes. Una simple nota de prensa con la que se intenta por parte del Ejecutivo calmar a unos mercados que constatan que la principal deficiencia de las cuentas públicas es que no contribuirán al necesario crecimiento de la economía española y, por lógica, del empleo.

La simiente. Normalmente la simiente es buena, con ella sembramos y cosechamos. Pero el pesimismo es tal que la simiente de hoy viene vana, vacía, seca, podrida. Seguimos, pues, con los recortes presupuestarios y el énfasis que se pone en el gasto social. Desde el Ejecutivo de Mariano Rajoy se anunciaron ayer recortes en materia de educación. Sólo recortes, sin concretar más. Se aparca, por tanto, una de las grandes reformas que requiere este país, la del sistema educativo. Con miras cortas, no a largo plazo, así se actúa. Confiemos, una vez más, en que sea tijera para el gasto superfluo, y no para el esencial en unos momentos en los que, debido precisamente a la larga crisis económica, el fracaso escolar se reduce mientras que la permanencia en clase se alarga y las necesidades de formación se incrementan. Se habla de la generación perdida. Esperemos que, dentro de cuatro años, no hablemos de ésta en plural…

La paja. Y rematemos esta nueva entrada de La Siega con los recortes y sus protagonistas. Luis de Guindos achacaba a las dudas sobre el conjunto de la economía europea, y no sólo sobre la española, la nueva ola de ataques de los mercados a la deuda de nuestro país. Sí, claro. Justo en los días posteriores a la presentación de los Presupuestos Generales del Estado en España se acordaron los mercados de Europa. Para colmo, el Gobierno y el PP aplauden a Sarkozy en sus críticas a la situación de España, echando por tierra los cables de credibilidad que nos había echado la canciller alemana, Angela Merkel, a quien cabría ahora calificar de bendita en comparación con el francés. Pero de esta paja tampoco se libra el PSOE, que ha pedido al Ejecutivo de Rajoy no ser tan duro con los recortes del dinero público destinado a financiar a los partidos políticos. Sí, señores socialistas, su solicitud es todo un ejemplo para la ciudadanía.

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Si Eurovegas eligiera Andalucía…

Y aquí vemos a las dos grandes comunidades, Madrid y Cataluña, peleándose por acoger Eurovegas e intentando seducir, eufemismo de mendigar –los barriobajeros dirían lamer el culo–, al magnate estadounidense de los casinos Sheldon Adelson, a quien el juego y, de paso, la ludopatía le han granjeado dinero a espuertas para invertir decenas de miles de millones de euros y crear decenas de miles de empleos en la copia de Las Vegas en Europa, en concreto en España. En un país, éste en el que vivimos, con cinco millones largos de parados, es lógico que a los gobiernos se les pongan los ojos como platos ante la oportunidad de hacerse con tamaño despliegue de viciodólares y se presten al juego de la suerte de aquel multimillonario, quien, cual tragaperras, les canta al tiempo que les destella: mientras más insert coin, más posibilidades de llevarse mi megaproyecto.

Y aquí vemos a la prensa de Madrid y Cataluña pugnando por destacar lo mejor de sus respectivas regiones y advirtiendo: tú, gobierno autonómico, cuidado, muévete, mira que el rival ha enviado ya una comisión de autoridades autonómicas a la ciudad de Las Vegas para negociar directamente con el que tiene perras, so carajote, que te quedas atrás, y tú, Ejecutivo de Mariano Rajoy, ni se te ocurra intervenir, escrupulosa imparcialidad, boca cerrada aunque aquel insert coin suponga modificar las leyes (urbanísticas, sanitarias, medioambientales) al gusto del señor. Hagamos la vista gorda pues, de lo contrario, correremos el riesgo de que se le estropee y se nos estropee el negocio.

Imagínense por un momento que no es Madrid ni Cataluña sino Andalucía. Esos del sur, los de Depeñaperros para abajo, los que cobran el PER y están todo el día en los bares, en ferias y en romerías, los palmeros de duquesas y señoritos; esos intentando atraer a tierra patria la viciosa calaña de medio mundo, a la mafia, a las prostitutas y, todos juntos, haciendo de España un país de servicios.

Imagínense, además, a la prensa y a movimientos de toda índole de una Andalucía cainita. No podría venir a Sevilla, lo impediría la altura de la Giralda y la contaminación lumínica que, desde aquí, llegaría hasta la muy lejana Doñana, con los linces cegados con las luces de neón y, por tanto, sin aparearse. No lo permitiría tampoco el Gobierno regional de izquierdas, dado que este tipo de complejos de megaocio no tendría cabida en sus manidos eslóganes de la segunda, tercera, cuarta o quinta modernización de Andalucía –he perdido la cuenta de cuán modernos somos– y de una economía sostenible que, por cierto, sin iniciativas empresariales privadas no se sostiene. No se enviaría una comisión de autoridades a negociar a Las Vegas, se diría, ésas van de turismo de lujo a costa del erario público. Y, por último, jamás de los jamases se rendiría pleitesía al magnate, salvo que éste se avenga a ejecutar su sueño lúdico bajo la fórmula del cooperativismo social que tanto gusta a los de Marinaleda. Son elucubraciones –lo cierto y verdad es que no hay infraestructuras de transporte y hoteleras suficientes– aunque no faltas de realidad.

Ni estoy en contra ni a favor de Eurovegas pero sí cuestiono tres cosas. Primera, la condescendencia hacia un proyecto para el que, si fuera necesario, se cambiaría hasta la mismísima Constitución para que ésta se amoldara a aquél y no –como debería ser– a la inversa, mientras que a quienes aspiran a instalar una industria, por pequeña que sea, se le ponen por delante mil y una trabas, como si el magnate de los casinos fuera un bendito y el empresario de aquí, un demonio. Segunda, y enlazada con la anterior idea, me pregunto el porqué de tanto celo hacia la industria en todas y cada una de las comunidades, salvo en la vasca, y el porqué persistimos en hacer de España un país de servicios, cuando la diversificación de los destinos turísticos internacionales menguará la afluencia de turistas, de ahí que, a largo plazo, sólo podremos competir en calidad y no en precios. Y tercera, qué lástima que los esfuerzos realizados por los gobiernos para cautivar a los ricos no se desplegaran también para hacerle la vida un poco más fácil a los pobres, entendidos como emprendedores y pequeños empresarios –no me puedo abstraer aquí de la amnistía o perdón fiscal aprobada el pasado viernes por el Consejo de Ministros y de la que se beneficiará principalmente el dinero negro de las fortunas–. Si así fuera, quizás no necesitaríamos tantísima reverencia.

Y concluyo. Malsana envidia no hay por parte de los andaluces, así que vayan por adelantadas las felicitaciones desde Despeñaperros para abajo hacia cualquiera de esas dos comunidades que, de Despeñaperros para arriba, aspiran al Eurovegas.

P. D.

La parva. En la Confederación de Empresarios de Sevilla se busca a un empresario de verdad –ni abogado ni técnico ni funcionario– que sustituya al dimitido presidente, Antonio Galadí. Y el problema es encontrar a ese empresario de verdad que no tenga problemas en sus propias empresas y sí suficiente tiempo para compaginar la resolución de éstos y las exigencias del cargo en la CES. Movimientos los hay para posicionarse, y suenan desde la rama del metal, de la construcción, de los jóvenes empresarios, de las asociaciones turísticas y de la Cámara de Comercio. Sin embargo, las tensiones en la CEA, a raíz de sus pérdidas económicas en 2011 y el vaivén político de su cúpula, ponen más difíciles las aspiraciones de Francisco Herrero, presidente de la institución cameral y hermano de Santiago, su homólogo en la patronal andaluza. Eso de los Herreros controlándolo todo…

La simiente. Vistas desde el punto de vista político es muy rentable llamar “embajadas” a las oficinas comerciales que las distintas comunidades autónomas tienen en el extranjero. Lo cierto y verdad es que no pocas cuestan al erario público una pasta gansa y, por tanto, no estaría mal cerrarlas si no hay retornos económicos suficientes. Sin embargo, precisamente ahora que las empresas necesitan más que nunca el mercado exterior para dar salida a sus productos ante el depauperado mercado español, los gobiernos deberían resistir la tentación de reducir las partidas presupuestarias a los organismos regionales de promoción que sí funcionan y están ayudando, y mucho, a la internacionalización de la economía. No estamos hablando de la “marca España” o de la “marca Andalucía”, sino de empresas concretas y, sobre todo, de vender. No estamos hablando, pues, de política, sino de economía.

La paja. ¡Chssssss! Entre los empresarios y los periodistas de Economía de Sevilla se ha acuñado un apodo para quienes, dueños y directivos de empresas, acuden a todos los saraos habidos y por haber a pesar de los problemas que arrastran sus compañías, intentando dar una falsa imagen de normalidad. Es el llamado “clan de los tiesos”. Están por todas partes ejerciendo aún una gran influencia sobre las patronales andaluzas y sobre la sociedad andaluza en general, tanto política como empresarial. Quizás deberían retirarse a reflexionar un poco sobre sus problemas y sacar adelante sus empresas antes que persistir en la continua búsqueda de la ascendencia social. No se trata de esconderse y de ocultar penas, sino de dar ejemplo y dedicarle todo el esfuerzo posible a mirar la viga en el ojo propio y no ver sólo la paja en el ajeno. Recordemos qué le pasó a Gerardo Díaz Ferrán…

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