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La banca indultada

Alfredo Sáenz es uno de los principales ejecutivos de la banca española y europea y también uno de los artífices de que el Santander sea hoy uno de los mayores grupos financieros del mundo, con una solvencia y reputación internacionalmente reconocidas. Hasta aquí, de acuerdo. Pero, además de todo eso, Alfredo Sáenz es una persona más y un español más, y como tal, sujeto a los mismos derechos y obligaciones que cualquiera de nosotros que no somos nada de todo aquello. Si comete o cometemos delitos, puede y podemos ser juzgados, puede y podemos ser condenados y, según sea la magnitud de los mismos, el Gobierno de España puede concederle o puede concedernos un indulto o conmutarle o conmutarnos la pena, incluida la de cárcel, un sombrío lugar donde purgar y redimir pecados por ser, como diría mi abuela, malos. ¿Seguimos estando de acuerdo?

Vayamos al meollo de un asunto que, advierto desde ya, se presta mucho a la demagogia porque, insisto, todos tenemos los mismos derechos, entre los que está el ser indultado. De entrada, es tentador comparar la gracia otorgada al directivo con la que se concedió o no a otros españoles de a pie, en la mayoría de los casos ladrones de poca monta arrepentidos, perdonados por sus víctimas y reinsertados en la sociedad antes incluso de ir a prisión; y también lo es circunscribirla al cuestionado papel de la banca en la larga crisis económica actual y sus efectos colaterales, entre ellos la ejecución de hipotecas, esto es, perder la vivienda propia por impago, y el cierre del grifo del crédito, frenando así la recuperación y ahogando a empresas y familias, máxime viniendo el indulto de quien viene, un Gobierno que se presupone socialista y cercano, pues, al obrero –¿o es retórica esta palabra en sus siglas de partido, PSOE?–. OK por el momento, ¿no?

Si queremos profundizar en cuáles habrían sido los argumentos del Consejo de Ministros para proporcionar su absolución al banquero, y hablo en condicional (habrían sido) porque no los conocemos, ocultados quedan a la opinión pública bajo el pretexto de que sus deliberaciones son secretas, cabría hablar de que los delitos de acusación y denuncia falsas por los que fue condenado se remontan a los tiempos de Maricastaña, hace diecisiete años, y, además, que su liviana pena, tres meses de arresto y otros tantos de inhabilitación para el ejercicio de cargos financieros, no era tampoco grande –malo pero sólo un poco, diría mi abuela–. Cuentan que, después de la reunión del pasado viernes de ese órgano gubernamental, hubo quien, de regreso a su ministerio, pegó un portazo al entrar en su despacho. No. El indulto no fue del agrado de todos. Causó sorpresa la propuesta de José Luis Rodríguez Zapatero, ya pactada con el PP, y hasta indignación en algunos de sus propios ministros. Por principios, pero también por la imagen que se trasladaría a la sociedad. Ya no estamos tan de acuerdo, ¿verdad?

En efecto. El perdón no se concedía a la persona, sino al banquero, y aquí está la sutil y, a la vez, la gran diferencia con otros concedidos por el Gobierno. No estamos hablando de un drogadicto que, impulsado por su dependencia de la heroína, roba en una joyería, lo cogen, lo llevan a juicio pero, mientras tanto, se ha desintoxicado, se ha casado, ha tenido un crío, ha recibido la generosidad de su víctima, ha sido condenado y, por fin, ha pedido el indulto y su pueblo o barriada se ha movilizado para respaldar tal solicitud. Aquí sí existe, al menos lo creo sinceramente, motivo más que sobrado para la indulgencia, la persona por encima de su condición y no la condición por encima de la persona, y este último, creo, es el caso del banquero Alfredo Sáenz. Pueden discrepar todo lo que quieran, pero de esta afirmación no me muevo, de este burro no me bajo.

Con su inesperada clemencia, que quizás hubiera sido más comprensible en otro gobierno no del PSOE, sí del PP, el socialista José Luis Rodríguez Zapatero refuerza entre la sociedad la creencia de que existe una amnistía generalizada hacia la clase financiera, y que por mucho estropicio que ésta haga –véanse, como monumentos al desastre gestor, los ejemplos de las cajas de ahorros intervenidas– al final sale indemne tanto de los perjuicios causados por su labor directiva, de la que, incluso, reciben compensaciones millonarias, como de la acción de la Justicia, a ver quién recuerda a un banquero que en este país haya pisado la cárcel y que no sea Mario Conde. Eso sí, muchos expedientes abiertos por el Banco de España y por el Ministerio de Economía e investigaciones por parte de los fiscales, aunque sanciones en firme y cobradas, ninguna, y nada hace presuponer que haya quien pase alguna que otra temporada entre rejas.

P. D.

La parva. Al menos hay una cosa que está muy clara en el próximo Gobierno que conforme Mariano Rajoy: que habrá Ministerio de Agricultura, y lo habrá con este nombre, no enmascarado, como ahora, en el de Medio Ambiente y Medio Rural y Marino, así lo bautizó el presidente saliente, José Luis Rodríguez Zapatero, en la creencia de que con los nuevos apellidos España sería más moderna y verde. Pues no, el campo aún pesa mucho y, en esta ya larga crisis, la industria agroalimentaria ha demostrado su solidez como pilar esencial de la economía española. Anda Miguel Arias Cañete, el último ministro de Agricultura, lo fue en tiempos de José María Aznar, dejándose querer para ocupar la cartera por Navidad, cuando se conozca cómo quedará el equipo de Rajoy. Las papeletas apuntan hacia él, y no sólo por su amplia experiencia agraria familiar y ministerial, sino también por sus conocimientos de Europa.

La simiente. No queda más remedio que agudizar el ingenio para sortear los injustificados obstáculos que los gobiernos imponen a las relaciones comerciales entre Estados. Es el caso del grupo aceitero sevillano Acesur, propietario, entre otras marcas, de La Española, Guillén y Coosur, que exporta el aceite de oliva a Venezuela no directamente, sino a través de su filial agroalimentaria en Siria, montada con un socio local. Si lo hiciera desde España, mil y un problemas, que el Ejecutivo de Hugo Chávez tiene aún atragantada la diplomacia con nuestro país. Si lo hace a través de Siria, cuyo régimen gubernamental ha sido y es de todo menos democrático, las puertas venezolanas están abiertas de par en par, y ello a pesar del enorme rodeo geográfico que tiene que afrontar la compañía andaluza –eso sí, económicamente le sale rentable–. Dios los cría y ellos se juntan, qué gran verdad…

La paja. La política es una difícil empresa. Decir sí y no a la vez tiene que resultar agotador. Mientras el presidente de la Junta de Andalucía, José Antonio Griñán, aseguraba en la Cámara regional que no haría especial sangre al Gobierno de Mariano Rajoy, puesto que la economía no está precisamente para puñaladas traperas, y que no le exigiría nada que no le hubiera exigido al Ejecutivo de José Luis Rodríguez Zapatero, su consejero de Empleo, Manuel Recio, andaba por esos mundos de Twitter cuestionando la bienvenida que daban los mercados a Rajoy, cuando no jactándose de que la alfombra no fuera precisamente roja. ¿Nos vamos a enterar o no de que la economía no tiene fronteras autonómicas y de que estamos todos en este mismo barco? Los malos vientos que soplen contra España lo harán también contra Andalucía, a ver si remamos juntos, que muy mala es la herencia…

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Estimado Mariano:

¿Cómo decirle que no me gustaría estar en su pellejo? Primero porque su paso por La Moncloa no será un camino de rosas, como sí suele serlo cuando las cosas del bolsillo, de la economía, andan bien, al pueblo dénle pan y circo, una verdad verdadera. Segundo porque, quizás muy a su pesar, pasará a la historia como el presidente de la tijera, la que aplicará, corta que corta, a las políticas sociales, ejecutando la dictadura de los mercados, en la creencia –me temo que insana– de que este proceder nos sacará de la crisis. Tercero porque defraudará, sí, defraudará, a muchos de los suyos, tanto de la vieja guardia como de los nuevos adeptos, cuando constaten cuán humillante para el orgullo patrio será rendir pleitesía a quien realmente manda en Europa, la alemana Angela Merkel –quien se cree que todos somos cigarra y ella una sola hormiga–, ya ni siquiera el francés Nicolas Sarkozy. Cuarto porque, para satisfacer a la extrema derecha tan asentada en su partido, deberá abordar cuestiones muy delicadas (matrimonio gay, ley del aborto) cuyos debates, siempre polémicos, le entorpecerán su primerísima labor, la de solucionar el problema del desempleo. Y quinta porque, señor Rajoy, ni usted mismo sabe qué hacer para sacar al país del abismo, nunca hubo un programa electoral tan etéreo e inconcreto en materia económica, vendrán otros (banqueros, empresarios, especuladores) a imponérselo.

A los políticos se les va la fuerza por la boca y siguen resistiéndose a reconocer la evidencia hasta que ésta les da dos guantazos en la cara. No aprenden. Hasta hace sólo una semana el Gobierno saliente no ha admitido que ni la economía española ni el empleo crecerán como él esperaba. Para que se entienda, quitemos los rodeos: sin más actividad y trabajo los ingresos del Estado serán menores y difícilmente se podrá cumplir, pues, con el objetivo de déficit público, y si no es así, seremos intervenidos –aún más– como ya lo son Grecia, Irlanda, Portugal e Italia.

Como vivo en Sevilla, no puedo obviar la situación regional. Aquí la Junta de Andalucía, con elecciones a la vuelta de la esquina, sigue jugando a la política, con unas previsiones para el ejercicio 2012 cuanto menos optimistas, así hay que considerarlas a tenor de que el Ejecutivo central, por fin, acaba de admitir su error de cálculo. Juega, además, sobre la base de marcar distancias con usted, lo seguirá haciendo en un desesperado intento de evitar la debacle socialista en las autonómicas. Tome nota: la verdad, con sus cifras reales, señor Rajoy, que esté siempre por delante, tanto balbuceo a la hora de hablar, tanta inconcreción, tanto sí pero no, dejan entrever o que juega a las medias verdades, o que su programa, efectivamente, está oculto o que no tiene respuestas.

A lo que iba. Lo primero, estimado Mariano, concrete su programa económico y laboral, pues ayer quedó demostrado que los mercados no le han recibido precisamente con alfombra roja, quede ahí la lección número uno del principiante. Antes de ejecutar los recortes, mucho me temo que deje trasquilones, piense que quizás sería mejor poner antes patas arriba a las administraciones públicas y afrontar una de las mayores reformas pendientes de la economía española, basta ya de centrarnos en la laboral, elimine las duplicidades, que cuestan dinero, y las trabas administrativas para los emprendedores, que cuestan, además de dinero, la generación de empleo. Después, no caiga en la tentación de formar gobierno pagando favores y lealtades políticas, que es, sencillamente, lo que esperan de usted su equipo que le rodea y la vieja guardia, por mucho que se sientan defraudados, lo advertí al comienzo de esta carta, cuídese de los suyos. Escoja a los mejores profesionales para cada una de las carteras ministeriales, sea dentro o fuera de su partido, y no se escude en la herencia socialista, aun siendo mala a más no poder, para justificar su propia inoperancia, miremos al futuro, no a las pinturas rupestres –tiene usted ganada hasta la mismísima Andalucía, así que no hace falta que haga sangre–. Y, por último, recuerde que los trabajadores no somos los causantes principales –alguna responsabilidad sí tenemos– ni tampoco los sindicatos –alguna responsabilidad también tienen, en ocasiones justifican lo injustificable, hay convenios colectivos en empresas públicas cuyas cláusulas claman al cielo–, así que, mi querido Rajoy, no ejerza el poder sólo al dictado de empresarios (patronales), banqueros y grandes fortunas.

Sin más cometido, le saluda el que firma. En Sevilla, un día después del 20-N, fecha que, por dos veces, nos trajo grandes cambios, el primero fue glorioso, el segundo está por ver.

Posdata. Con la extraña sensación de estar escribiendo la carta a un Rey Mago de barba en blanco y negro…

P. D.

La parva. La asociación de envasadoras de aceite, Anierac, lanzó la semana pasada una voz de alarma. Siete de cada diez litros de aceite de oliva se venden en España bajo marcas blancas, esto es, etiquetas de las cadenas de distribución comercial. Hace apenas un lustro eran cuatro de cada diez, crecimiento evidente, ocaso de las marcas de los fabricantes. A su queja habría que hacer dos matizaciones. La primera es que la mayoría de sus socios, hasta los más renombrados, están dentro del negocio de las marcas blancas, es decir, envasan el oro verde para los hipermercados y supermercados. La segunda es que si no hubiera sido por las marcas blancas, más baratas que las otras, no se habría conseguido que el aceite de oliva superara a los de semillas como el más comercializado en nuestro país y, por tanto, no se le hubiera dado salida a los incrementos constantes de la cosecha nacional.

La simiente. Una buena idea para un próspero negocio. Fábrica para todo tipo de artilugios y complementos que porten la bandera de España o tienda en la que se comercialicen estos artículos. A tenor de los cánticos, que viva España, que viva España, escuchados frente al balcón de la madrileña calle Génova, sede nacional del PP, en la noche electoral del pasado domingo, justo cuando su presidente, Mariano Rajoy, salió con su equipo a saludar a los adeptos y anunciar las buenas nuevas, hemos ganado, la bandera bicolor cotizará al alza, pues entre los votantes de este partido está extendida la creencia de que sólo ellos defienden (¿son?) España y hay que llevarla en el pecho, en la muñeca, en el cuello, en la cabeza y prefiero parar de enumerar. Emprendedores, adelante, el negocio está garantizado y asegurada la financiación de la banca, para este tipo de empresas sí hay crédito.

La paja. En 2004, en vísperas de las elecciones generales, ésas que entonces le quitaron el poder al PP, el entonces ministro y cabeza de lista del PP al Congreso por Jaén –ayer era un jiennense más como hoy es un sevillano más–, Cristóbal Montoro, anunciaba que Eurocopter, filial de Airbus, tendría una fábrica de helicópteros en esa provincia. No la veo por ningún lado. Pelillos a la mar. Espero que la Junta de Andalucía y el Gobierno saliente tengan amarrada para Huelva, en El Arenosillo, la sede del centro de experimentación de aviones no tripulados de Cassidian, otra filial del fabricante aeronáutico, y no haya sido un brindis al sol también con vistas a las elecciones, adelantándose a otras dos regiones aspirantes, Cataluña y Galicia. Eso sí, podría ser muy tentador para Airbus un ofrecimiento de un desembolso propio de cuantía cero y toda la inversión a costa de las arcas públicas…

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Que el gasto social no sea excusa

Dos formas hay de elaborar un presupuesto, sea público, sea de empresa. De abajo arriba, esto es, contamos primero los euros que tenemos y nuestras previsiones de ingresos y después decidimos en qué gastaremos e invertiremos, o de arriba abajo, démosle la vuelta a esa secuencia, grandes objetivos marcados y, posteriormente, ajustaremos los medios. Ambas son válidas, si bien, en estos tiempos de crisis económica, sería más lógico poner los bueyes delante de las carretas, no al revés. Esta última ha sido la opción de la Junta de Andalucía: las políticas sociales (educación, sanidad, dependencia, formación) por encima de cualquiera otra. Loable, sí, sin duda, aunque, a tenor de cómo los cumplirá la Administración autonómica, me temo que será la creación de empleo privado la principal damnificada, cuando ésa tendría que ser precisamente la principal política social.

En la obra pública, el Gobierno andaluz se aferra a la financiación público-privada, tan arraigada en otros países, especialmente en Alemania. Sería perfecto. Lo malo es que pretende implantar esta fórmula no poco a poco, sino generalizarla en 2012, como si las puertas de los bancos estuvieran abiertas de par en par a las compañías, que a muy duras penas consiguen el oxígeno crediticio para el día a día, y como si las administraciones públicas, en especial las regionales y locales, que son morosas a más no poder, fueran consideradas en estos precisos momentos y en este país como avales inequívocos de pago.

Imagínense la escena. “Que mire usted, señor banquero, no tengo un euro en caja pero voy a construir una carretera de veinte millones, démelos, que se los voy a adelantar yo a la Junta de Andalucía, ella me pagará cuando pueda, siempre cumple lo que promete y planifica”. Pues va a ser que no. Muy bien amarrado tendría que estar todo para que las entidades financieras prestaran los dineros, no está el horno para los bollos sin perspectivas claras de que salgan bien cocidos.

La noticia que ayer adelantaba la edición andaluza del diario económico Expansión es reveladora del esperpento en que se pueden convertir los auténticos bandazos en materia de obras públicas. Carta de la antigua Egmasa a las empresas adjudicatarias de proyectos hidráulicos –a última hora de la tarde de ayer fue matizada por una nota de prensa de la Consejería de Medio Ambiente– en la que les informa de que su reprogramación exige que busquen financiación privada, que anda la cosa muy cortita de liquidez, o, de lo contrario, se deberá ralentizar la ejecución. Y las consecuencias sobre el empleo, sin medir.

A una gran empresa, a una multinacional, quizás le cueste relativamente poco encontrar el crédito exigido, puesto que su robustez como grupo le sobra y le basta cuando llama al banco. Pienso, por ejemplo, en la compañía sevillana Abengoa. En cambio, quienes tienen más que perder son las pequeñas y medianas empresas, a duras penas consiguen contratos de las administraciones porque competir con los gigantes es harto complicado, y más podría serlo a partir de ahora.

Se podrá alegar que basta de mamar de la teta pública, llega el momento de que las empresas arriesguen. Sí, por supuesto, pero caben dos réplicas. La primera, la citada de la falta de financiación bancaria, y aquí cabría recordar que la propia Junta de Andalucía ha cargado contra las entidades financieras por no abrir el grifo crediticio. Y la segunda, que las administraciones públicas españolas arrastran un serio problema de credibilidad, y así queda demostrado con los ataques que sufre nuestro país en los mercados (crisis de deuda).

Se podrá alegar, además, que es hora de un cambio en el modelo productivo, y sí, lo es, pero me pregunto, ¿es el momento idóneo para acometerlo de manera radical, con un desempleo andaluz por las nubes y sin alternativas actuales? Y llegamos a la cuestión laboral, realmente la que me interesa.

Educación, sanidad, dependencia, formación. Hablamos de empleo público, no privado, aunque muy loable sea, como ya comenté al comienzo de este artículo y ahora reitero, la apuesta por las políticas sociales, el campo de batalla del partido que gobierna en Andalucía, el PSOE, frente al que lo hace en la mayoría de las comunidades autónomas españolas, el PP.

En el camino, sin embargo, se va penalizando el empleo privado, con los reajustes del gasto público regional que lo incentivan y desarrollan, las obras públicas las he cogido como ejemplo, pero hay más. Por ello, en la conjugación del verbo recortar que tanto gusta a los socialistas andaluces, vosotros recortáis, nosotros no, cabría introducir y asumir otro verbo: crear (economía).

P. D.

La parva. La Cámara de Comercio de Sevilla consideraba que, a pesar de su delicada situación por la pérdida de ingresos en 2012 tras la supresión de la cuota cameral obligatoria, debía entrar en el accionariado de Banca Cívica, la entidad financiera que lidera Cajasol, aglutinante de Caja Canarias, Caja Navarra y Caja Burgos y que ha traído su sede social a la capital hispalense. La compra, por tanto, era estratégica, al menos así lo consideraba el presidente del organismo cameral, Francisco Herrero, a pesar de que los órganos de gobierno de la institución conocieron a posteriori esta operación, un motivo de queja, amén de las pérdidas bursátiles que ha cosechado. La adquisición, además, tenía otro objetivo que aún no ha trascendido: el compromiso de Banca Cívica de mantener la tradición de Cajasol como miembro de la Cámara de Comercio de Sevilla, siendo su aportación jugosa tal y como está el patio…

La simiente. Discuto con una compañera, muy metida en cuestiones de partidos, sobre la evidente llegada de tecnócratas a los gobiernos europeos –Grecia e Italia son claros ejemplos– frente a los políticos. “No estoy de acuerdo”, dice tajante. En efecto, esta tendencia tiene cierto tufillo –o tufillo entero– de que la economía toma el poder, de que los mercados están ganando la batalla, e incluso de que la democracia podría estar en peligro. No dudo de que sea así, pero, ya que estamos ante la inminente formación de un nuevo gobierno en España, quizás sería conveniente situar en las carteras ministeriales a personas especialistas en su materia y no pagar la fidelidad o intentar un equilibrio territorial colocando a políticos por muy buena predisposición que éstos manifiesten –una cosa es querer y otra muy distinta poder–. Para el futuro necesitamos mucha gestión y no tanta política.

La paja. No quiero pensar mal, pero no tengo más remedio que hacerlo. Con tantísimos expedientes de regulación de empleo que ha aprobado la Junta de Andalucía, me pregunto si no habría bendecido también el de Cádiz Electrónica, filial gaditana de la multinacional Visteon, si no estuviéramos en vísperas de elecciones. Espero, de verdad, que el respaldo que están teniendo los trabajadores por parte de la Administración autonómica –no sólo rechazando el ERE sino también poniendo en conocimiento de la Inspección de Trabajo las supuestas irregularidades laborales de la compañía e incluso anunciando que podría denunciarla ante la Fiscalía– se mantenga tras los comicios del próximo domingo. Si no lo hiciera, sí comenzaría uno a pensar muy mal de su comportamiento. Espero que sea un conflicto laboral que no se le enquiste, como sí otros muchos…

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Berlusconi: Merkel, no las jovencitas

La dimisión del primer ministro griego, Yorgos Papandreu, y la soga al cuello que ya tiene echada el italiano, Silvio Berlusconi, revelan, más que nunca, cuán poderoso es don dinero, que quita reyes sin tan siquiera dar la palabra a quienes los pusieron, qué peligrosísimo mensaje para los mercados, tú, gobernante de un país periférico, conviértete en oveja y venga, al redil. Visto lo visto estos días en Europa, donde, además, está arrollando la ola del conservadurismo político –la derecha, para que se entienda–, no puedo dejar de preguntarme cuánto más habría durado José Luis Rodríguez Zapatero como presidente del Gobierno español si no hubiera convocado elecciones anticipadas. Pues me temo que no mucho más.

Papandreu se atrevió, o se le fue la olla, más bien esto último, a anunciar un referéndum para que su pueblo hablara, dijera sí o no, a los planes de rescate cocinados por la Unión Europea para su país, léase, más sacrificios. De entrada, dos evidencias: la primera, si no tienes ni una gorda para pagar y puedes acabar en bancarrota, no debes morder la mano de quien te pretende ayudar y dar de comer; la segunda, si tus ciudadanos están abonados a una huelga general permanente y a la picaresca fiscal, parte de cuya culpa la tienes tú como gobernante porque no pusiste los medios necesarios para controlarla ni para ordenar las cuentas del Estado, ¿pretendías ahora que refrendaran los recortes que tú mismo firmaste con los líderes de la Eurozona o, con un órdago, forzar otra negociación pese a tu posición de debilidad? Votarían no.

Pero al margen de ambas cuestiones, la salida de Papandreu muestra que o el borrego, llámese éste Atenas, Dublín, Lisboa, Roma o Madrid, vuelve al rebaño conducido por la pastora alemana Angela Merkel y el perro pastor francés Nicolas Sarkozy, o destierran al herido y lo dejan a merced de la jauría de lobos especuladores, ésos que hemos bautizado como los mercados.

Si no fuera por la gravedad del caso, lo de Italia tendría hasta su gracia. Un primer ministro por mil veces ante los tribunales y de licenciosa vida pública, a su edad y con sus cirugías, están locos estos romanos por concederle tantas veces su confianza, podría caer en desgracia no tanto por sus devaneos con jovencitas, aireados por la prensa y que claman al cielo, sino por sus devaneos en las finanzas estatales y por las llamadas al orden de la canciller Merkel.

Acorralado como en su día lo estuviera Papandreu, Silvio Berlusconi se defiende como gato panza arriba para no abandonar el poder, pese a ser muy consciente de que solamente la unidad de las principales fuerzas políticas puede sacar adelante los recortes sociales que siempre lleva aparejado cualquier programa de ajuste presupuestario.
Al final va a ser la economía, y no la falta de catadura moral, la que ponga a Il Cavaliere en su sitio, porque Italia es lo suficientemente grande para la estabilidad del conjunto de la Eurozona como para dejarla caer, al igual que ocurre con España.

El caso español es muy distinto al de Grecia e Italia, aunque me atrevería a decir que lo es ante la proximidad de las elecciones generales y la evidencia, cada vez más patente, de que el 20-N se producirá un vuelco político y que, hasta esa fecha, apenas cabe por determinar si la victoria del PP será más o menos arrolladora. Otro gallo cantaría si Zapatero hubiera agotado su mandato, puesto que la oposición parlamentaria hubiera pasado de saborear una transición tranquila, como la que está saboreando, a la necesidad de avasallar, cuanto más mejor, al Gobierno socialista y de formular propuestas económicas concretas frente a las vaguedades que abundan ahora en su programa.

Aquí, en España, al PSOE y al PP les une un férrero compromiso europeísta, tanto que al jefe del Ejecutivo saliente seguro que se le terminarán reconociendo, pero sólo dentro de muchísimos años, los esfuerzos emprendidos para esquivar la intervención extranjera, aun renunciando a no pocos de sus ideales sociales. Eso sí, y me adelanto a sus críticas, querido lector, hay que reconocer que estamos como estamos primero porque desde el Estado español y aquí incluyo a las autonomías, no se controlaron las cuentas públicas como debieran, eran tiempos en los que todos éramos económicamente felices, y segundo, pero es un argumento incluso más importante, porque tampoco incentivó un cambio de modelo productivo que Zapatero, a la desesperada, creía poder implantar por real decreto.

Ni las huelgas generales en Grecia, ni las jovencitas de dudosa reputación en Italia ni el movimiento del 15-M en España. Bastará sólo un desafío al euro para que poderoso don dinero –o doña Merkel, tanto monta– nos quite y ponga rey.

P. D.

La parva. Qué lástima que la consejera andaluza de Hacienda y Administración, Carmen Martínez Aguayo, no hubiera dicho antes qué opinaba del empresariado andaluz –suponemos que se dirigía expresamente a la patronal CEA, no al empresariado en general–. Según se desprende de la entrevista publicada en este periódico, los patronos se han acostumbrado a chupar de los presupuestos autonómicos y ahora que mengua la teta lloran y lloran como críos. Loable es que las cuentas de la Junta de Andalucía dediquen tres de cada cuatro euros a políticas sociales, lo que, por otra parte, no podría ser de otra manera, pues al fin y al cabo gestiona competencias y las educativas y sanitarias son las que más absorben. Pero también hay que tener en cuenta que el incentivo a la inversión es otra gran política social, pues, ante la estrechez de los recursos públicos, a ver quiénes van a crear trabajo no funcionario.

La simiente. Nuevo récord en la campaña del arroz en las marismas del Guadalquivir e incrementos medios por hectárea de los que no se recuerdan. Los agricultores, sin embargo, tienen la sonrisa avinagrada, porque se les viene encima la reforma de las ayudas comunitarias (la PAC) y las negociaciones con la industria, que este año es casi única, puesto que Herba, filial de Ebro Foods, reforzó hegemonía con la compra de SOS, su otrora principal rival. Y cuando hay solo uno es más complicado negociar buenos precios, la competencia se reduce. A pesar de estos contratiempos, que condicionan el mercado, se debe destacar la labor de la Federación de Arroceros de Sevilla, a cuyo frente están Julián Borja (presidente) y Manuel Cano (gerente), por su especial trabajo en la expansión del arroz de producción integrada o semiecológica, con un control reforzado en el uso de abonos y plaguicidas.

La paja. El informe de Comisiones Obreras sobre las retribuciones de los cajeros andaluces convertidos en banqueros tras la bancarización de las cajas de ahorros, y que el sindicato tildó de vergonzosas, revela cuán ineficaz se muestra la reforma de la legislación autonómica aprobada por la Junta de Andalucía. En unos momentos en que salían a la palestra las escandalosas indemnizaciones cobradas por exdirectivos de Novacaixagalicia y Caja de Ahorros del Mediterráneo –esta última, para más inri, nacionalizada y sostenida en vida con oxígeno público–, el Gobierno andaluz trató de vender que su reforma supondría freno a los sueldos de los cajeros, ya que ninguno podría cobrar más que el presidente de la comunidad. Tenía razón, los cargos ejecutivos en las cajas tendrán sus retribuciones limitadas, pero no como ejecutivos de los bancos. Y eso es vender la piel del oso…

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Las riñas empresariales de Herrero y Galadí

No existe la armonía que se presupone y debiera existir entre los empresarios sevillanos en tiempos de crisis. La alianza que intentan fraguar la patronal CES, encabezada por Antonio Galadí, y la Cámara de Comercio para integrar servicios tras la supresión de la cuota cameral obligatoria, que implica un fortísimo recorte en los ingresos de la institución por Francisco Herrero presidida, ha encallado y dejado en evidencia las pésimas relaciones entre sus protagonistas, quienes, por aquello de la falsa diplomacia, lo negarán siempre en público, aunque en privado es, en cambio, vox populi.

Después de una veintena de reuniones, los técnicos de una y otra habían redactado un acuerdo, una alianza, que definía el papel de cada institución y creaba, asimismo, una sociedad conjunta que aglutinaría determinados servicios que actualmente se solapan, entre ellos contabilidad y prestación de cursos de formación. La postura de la CES, discutida ya y respaldada por unanimidad en sus órganos de gobierno, consiste en otorgar a esta firma mixta un criterio estrictamente empresarial, donde un empresario presida aunque la gestión del día a día sea encomendada a profesionales que ocupen los cargos de consejero delegado y director general. En cambio, en las cumbres del órgano cameral, cuyo pleno aún no ha debatido los entresijos de la alianza –el próximo está convocado justo para este mes–, se frenó el borrador al entender: primero, que ella aporta más al entente cordiale, segundo, que la presidencia debería recaer sobre Herrero, y tercero, que habría que esperar al modelo nacional de colaboración que todavía negocian la CEOE y el Consejo Superior de Cámaras y también al marco regional que, tras éste, pactarán CEA y Consejo Andaluz de Cámaras.

Lo cierto y verdad es que el tiempo juega en contra de la institución cameral, pues en 2012 no podrá cobrar las cuotas obligatorias, al tiempo que los hombres de la CES tienen mayoría en el pleno de aquélla y algo menos de la mitad de los votos en su comité ejecutivo. Y si la estrategia de la patronal ya ha sido bendecida por sus órganos internos, será difícil que cambie de opinión cuando Francisco Herrero plantee la suya ante la Cámara. Fractura, cisma.

La tensión, además, ha crecido en las últimas semanas. Por lo pronto, a la patronal no le ha gustado que desde la institución cameral se intente fidelizar a los empresarios eximiéndoles de abonar la cuota durante el primer año, al considerar que entra peligrosamente en una clara competencia desleal y en una guerra de precios cuando carece de potestad, por ejemplo, para cuestiones vitales en la vida de las empresas como es la negociación colectiva y la representación ante administraciones y sindicatos. Para colmo, las declaraciones subidas de tono de Herrero, instando a Galadí a sumar esfuerzos y, por tanto, a no restar. Y como remate, las veladas intenciones del presidente de la Cámara de Sevilla de que esta institución tenga una mayor presencia (¿o control?) en la CES, a imagen y semejanza de Madrid, donde Arturo Fernández preside su institución cameral y, a la vez, la patronal madrileña.

La CES, por su parte, también está realizando malabares internos porque tiene socios (federaciones sectoriales) que no quieren ni oír hablar de alianzas con la Cámara, como los farmacéuticos y los constructores. Sus respectivas dimensiones y filosofías de trabajo, asimismo, son muy distintas. La patronal tiene una reducida estructura, en la que apenas trabajan quince personas, mientras que en el organismo cameral, a pesar de haber realizado un drástico recorte tras el anuncio de la supresión de las cuotas obligatorias por parte del Gobierno central, aún tiene setenta. Se agrega, asimismo, el descontento de algunos empresarios con el desembarco de la Cámara en el campus educativo EUSA, con titulaciones universitarias y de formación profesional, al entender que entra en negocios ajenos.

Si el tiempo juega en contra de la institución cameral, en su favor lo hace: primero, la diversificación de ingresos que ha tenido; segundo, las posibles encomiendas de gestión –como la que actualmente ejecuta con la ventanilla única empresarial– en las negociaciones que entable con las administraciones –es una corporación de derecho público y su tutela le corresponde a la Junta de Andalucía–, y tercero, las órdenes que puedan emanar de la CEOE y de la CEA una vez que arbitren los acuerdos de colaboración de rango superior. Y, por cierto, a la CES tampoco le amargaría el dulce de su parte del beneficio en la empresa mixta…

Comenzaron bien, allá por marzo pasado, queriendo una alianza –el matrimonio es imposible, sus naturalezas jurídicas son distintas– que hubiera servido de ejemplo para España. Pero qué verdad es el antirrefrán de que cuando uno no quiere, dos sí riñen.

P. D.

La parva. Salen la Consejería de Agricultura y el Ministerio del ramo –llamémoslo así, para entendernos– a aplaudir el resultado de la primera licitación del almacenamiento privado del aceite de oliva. Nada más y nada menos, apunten, que 19.000 toneladas, de las que, maticen, sólo la mitad han sido aceptadas por Bruselas y recibirán ayudas europeas (serán 1,3 euros por tonelada, valor que, según los estudios, está por debajo de los costes de producción). Sinceramente, creo que los periodos electorales hacen perder la perspectiva a nuestros gobernantes, cuando la cifra es una absoluta ridiculez (9.163 toneladas). Tanto que me pregunto con qué cara habrán mirado los técnicos de la Comisión Europea a los del Gobierno español y andaluz tras el resultado de la primera licitación para retirar aceite de oliva del mercado. Tanto pedir que se activara un mecanismo de protección que ha llegado tardío…

La simiente. La multinacional sevillana Abengoa es de las pocas que, de vez en cuando, nos da alguna alegría en estos nubarrones de la crisis económica. Su filial Inabensa participa en el consorcio empresarial español (junto con Adif, Renfe, Ineco, Indra, OHL, Consutrans, Imasa, Copasa, Imathia, Cobra, Dmetronic y Talgo y dos firmas saudíes, Al Shoula y Al Rosan) que construirá el llamado AVE del desierto, un tren de alta velocidad que enlazará las ciudades de La Meca y Medina, un contrato de casi 7.000 millones de euros. Se trata de un gran triunfo para estrategia de internacionalización del AVE que promueve el Gobierno español y un ejemplo más para animar a las empresas andaluzas a salir al extranjero, ya que aquí se vaticinan algunos años con recortes en las obras y contratos públicos. Aquéllas que quieran seguir viviendo de las administraciones, muy crudo lo van a tener…

La paja. @RecioManolo 9:49pm vía Twitter for iPhone. “El supervisor financiero español disfrazado de castañera a la hora de la refinanciación. Dónde estaba y dónde está?” Se trata del comentario del twittero y consejero andaluz de Empleo, Manuel Recio, tras los acuerdos para amortiguar la crisis de deuda soberana y recapitalizar a la banca. Tras un sondeo a pie de Redacción, no se entiende bien qué quiso decir, pero la cuestión es que arremete contra la labor del gobernador del Banco de España, Miguel Ángel Fernández Ordóñez. A esta institución se le presupone independiente, pero, qué casualidad, fueron los socialistas quienes colocaron al también socialista Fernández Ordóñez para dirigirla y, recordemos, sin que mediara pacto alguno con el PP para su nombramiento. ¿Será que ahora se lleva renegar de la gente propia para distanciarse de Madrid o renegar de los socialistas renegados?

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