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La precariedad consumada

La filosofía de la legislación sobre el mercado de trabajo ha dado en apenas un año un viraje de ésos que hacen historia. Si la reforma del verano de 2010 pretendía fomentar el empleo de carácter indefinido sin por ello penalizar el temporal, ahora es este último el que se impulsa al facilitar que se alarguen los contratos precarios (el encadenamiento, cuyo tope desaparece durante dos años) y extender el límite de edad para los de formación, de manera que todo un señor padre puede ser considerado un empleado aún en formación a pesar de rozar la treintena.

Se cumplen así dos sentencias radicalmente distintas. Una, la de los empresarios, que ya entonces declararon aquello de que esta reforma laboral no nos sirve, al no ser lo suficientemente flexible, y aquí flexibilidad debe entenderse como despido más barato y facilidad para desprenderse del trabajador cuando cambien las circunstancias de la empresa. Así, lejos de crecer la contratación indefinida, ha bajado y aumentado, en cambio, la temporal, sea por días, meses o años, enlazándose hasta la saciedad contratos, un proceder rayano en la ilegalidad. La segunda sentencia era de los sindicatos, que vaticinaban el fracaso de un cambio en la legislación laboral aprobada vía decreto y que, señalaban entonces, no transformaría en fijos los temporales y, pese al menor coste por despido -se generalizaba el contrato de los 33 días por cada año trabajado en detrimento del de 45 días-, no crearía siquiera más empleo.

Los datos oficiales revelan que unos y otros tenían razón y el Gobierno se ve ahora obligado a reformar de nuevo la legislación estatal del mercado de trabajo, pero dando esta vez más la razón a los patronos que a los sindicalistas, y aun así los empresarios siguen sin estar satisfechos, si bien avanza en sus peticiones, no en las de UGT y CCOO.

Valeriano Gómez, ministro de Trabajo y quien presumiera de su cercanía a las tesis de las asociaciones obreras, no ha tenido más remedio que admitir, para justificar su viraje, que, en los actuales tiempos de crisis económica, es mejor un trabajo temporal que estar en el paro y, además, que cuando cambian las circunstancias, ha de alterarse la legislación laboral. Tiene razón el representante del Gobierno, aunque habrá que saber si se hará un buen uso y no un abuso de las facilidades de contratación, esto es, si su empleo estará justificado o si proveerá a las empresas de la base legal para un encadenamiento de contratos y unos salarios de formación a los que hasta ahora habían recurrido con claros indicios de ilegalidad. Por ejemplo: el contrato en formación, como su propio nombre indica, se justifica durante la formación del trabajador, y no por la edad del mismo -ésta se amplía de 25 a 30 años-.

Como decíamos, el registro de los Servicios Públicos de Empleo canta ese fracaso de la última reforma laboral. En julio pasado, de los 1.349.286 contratos firmados en España (3,43% menos que en el mismo mes de 2010), tan sólo 89.911 eran indefinidos (el 6,66% del total), con un recorte interanual del 6,17%. Por sexto mes retrocedía la contratación de índole indefinida y sólo se registraba un alza entre las personas con alguna discapacidad, cuyos contratos se encuentran bonificados por la Seguridad Social.

En cuanto a los contratos temporales, que diminuyeron en un 3,23%, hasta los 1.259.375, experimentaron el principal crecimiento entre los de prácticas y en aquellos rubricados para sustituir a los empleados que se jubilaron anticipadamente.

En el caso de Andalucía, el número de contratos firmados el pasado julio -el decreto de reforma laboral fue aprobado en junio de 2010- se situó en 271.699 (0,75% más que en idéntico mes del año anterior), de los que 10.431 -sólo un 3,83% del total- eran indefinidos. El hecho de que esta comunidad autónoma muestre una porción menor que la media del Estado en empleo estable se debe principalmente a que las bases de su economía, el turismo y la agricultura, tienen un marcado componente temporal.

Y peor comportamiento en el caso de la provincia de Sevilla ya que los contratos indefinidos bajaron en ese periodo analizado un 8,4%, con 2.628, un 4,22% del volumen global de las relaciones laborales rubricadas durante julio pasado.

Por tanto, los cambios en la legislación laboral no han servido para su principal objetivo, el empleo estable, ni para el segundo, la creación de puestos de trabajo. Así, en el último año el paro registrado se ha incrementado en el conjunto del país el 4,38%, hasta 4.079.742 personas, siendo el alza del 5,2% en Andalucía (908.548 personas sin ocupación) y del 7,04% en el caso de la provincia de Sevilla (212.867).

Pero este rosario de datos torna aún más negro al abordar el problema del desempleo juvenil, contra el que se orientan las medidas del Gobierno aprobadas en el Consejo de Ministros del viernes pasado. Así, la EPA (Encuesta de Población Activa) calcula que la tasa de paro de los menores de 25 años supera el 46%, y los Servicios Públicos de Empleo cifraban el volumen total en julio en los 418.898, si bien hay un recorte en el último año (-2,9%) gracias precisamente  al mencionado auge de los contratos en prácticas y de formación. Y de 89.911 contratos indefinidos rubricados el mes pasado, 7.811 fueron para menores de 25 años, con un retroceso interanual del 15,72%. En cambio, subieron los temporales. Y ni que decir tiene que los de formación y prácticas no son estables…

P. D.

La parva. Resulta cuanto menos curioso que los barones del PSOE estén divididos ahora sobre la conveniencia de reformar la Constitución para fijar límites al déficit público puesto que sus detractores alegan podría condicionar en el futuro, muy futurísimo, las políticas sociales. Me pregunto por qué no hubo ese cisma cuando este gobierno socialista, obligado por las circunstancias económicas, violentó sus propias políticas sociales y, por tanto, su programa electoral. Quizás es que están excesivamente nerviosos ante los próximos comicios generales, en los que la única cuestión por dilucidar es si el batacazo será mayor o menor, porque haberlo lo habrá.

La simiente. El Mercado de Futuros del Aceite de Oliva (MFAO o la popular bolsa andaluza del aceite), con sede en Jaén y cuyo principal accionista es la Junta de Andalucía, acaba de cosechar los primeros beneficios de su historia, y ya era hora. Sudores y lágrimas ha costado que las almazaras y las industrias confíen en este instrumento de canalización de operaciones de compra y venta de oro verde.

La paja. ¿Qué credibilidad puede tener un candidato a la Presidencia del Gobierno que ha participado en un gobierno que ni ha adoptado e incluso ha rechazado lo que ahora son promesas electorales? Que Alfredo Pérez Rubalcaba desempolve el impuesto para los ricos cuando el propio Ejecutivo sigue mareando la perdiz al respecto me resulta extraño, o demagógico.

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#yonoquierovotar

En el día de ayer, Twitter fue un auténtico hervidero de opiniones acerca de la reforma de la Constitución que, pactada por el PSOE y el PP, establecerá un porcentaje máximo de déficit público para que –y esto ha de quedar muy claro- no se desmadren, como hasta ahora, las cuentas de las administraciones. Entre los indignados por la propuesta del presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, dos aportaciones básicas: la primera, que España ha claudicado ante las exigencias de los mercados financieros, llamémosles especuladores, y de Alemania y Francia, que están cociendo una nueva gobernanza económica para la Eurozona; la segunda, una masiva petición para que se convoque un referéndum donde el pueblo se pronuncie sobre  el cambio en la Carta Magna, en la idea, generalizada, de que vote no. ¿Y por qué no? Porque no, quiénes son Alemania, Francia y los mercados financieros, que hemos llamado especuladores, para meter la cuchara en texto tan sagrado, base de nuestro Estado.

Lo de la claudicación, para qué negarlo, es una verdad como un templo, y ahí quedan los ímprobos esfuerzos que el Gobierno está realizando, y los españoles sufriendo, para espantar a quienes, mala sangre, se aprovechan de la debilidad económica de este país y nos chupan los dineros vía pago de intereses de la deuda soberana. No hay que olvidar, por otra parte, que Francia y Alemania han sido contribuyentes netos desde el nacimiento mismo de la Unión Europea, mientras que España ha sido, desde 1986, un receptor neto de fondos comunitarios (para que se entienda: captamos más de lo que aportamos) y que, por tanto, Nicolas Sarkozy y Angela Merkel son quienes pueden decidir rescates de Estados (Grecia, Irlanda, Portugal) y, asimismo, ordenar al Banco Central Europeo la compra de deuda que, al menos por ahora, está salvando de la quema a Madrid y Roma.

Señores, la cuestión es muy sencilla, unos dan y otros pedimos, a ver quién tiene la sartén por el mango, ellos o nosotros, lógico y humano es, por tanto, que nos exijan condiciones para soltar los cuartos, aplíquense el cuento, queridos lectores, ¿ustedes, que rigen ahora sus presupuestos con austeridad, quizás en épocas pasadas no, pues el boom económico cegó a todos, familias ricas y familias pobres, países ricos y países pobres, ustedes, reitero, prestarían dinero a un socio, pongamos incluso amigo, derrochador, sin condiciones, a sabiendas de sus despilfarradoras manos? Por favor, sean sinceros en sus respuestas…

En cuanto a ese quiero votar, quiero votar, quiero votar, no niego el derecho que a todos nos asiste para pronunciarnos sobre cualquier alteración de la norma primaria del Estado, la Constitución, pero, en este caso concreto, el de limitar los excesos del déficit, a ver quién me explica qué necesidad hay de convocar un referéndum salvo que acudamos con la predisposición a votar un no rotundo sólo por el sacrosanto orgullo de decirle a Angela Merkel, chúpate ésa. Siento la ordinariez, pero el debate de ayer en Twitter (#yoquierovotar) se movía, mayoritariamente, en semejantes términos.

Como dice el catedrático sevillano Juan Torres, se nos ha convencido de que, por reglas ignotas, el déficit público ha de quedar limitado al 3% del Producto Interior Bruto, aunque nadie sabe a ciencia cierta el porqué de este porcentaje y no otro cualquiera. No sé cuál es realmente la razón, aunque entiendo que debe ser por la capacidad que tienen las cuentas de un Estado para hacer frente a los intereses derivados de las emisiones de deuda que financian ese déficit público. Sus cálculos habrá, digo yo, no será por antojo…

A los promotores de #yoquierovotar les hago una pregunta muy simple. ¿Por qué no consagrar la estabilidad financiera de un país en su Carta Magna si los desequilibrios nos están amargando la existencia? La Constitución es la esencia legal del Estado  y evitar los desmanes en las cuentas ha de ser esencial para que unas generaciones no hipotequen a las siguientes. Cualquier familia tiene un presupuesto y se debe adaptar, tanto ingresas, tanto gastas, tanto límite puede prestarte el banco, y si no lo hace, llegarán los desahucios.

Establecer un techo de gasto, eso sí, no debe encorsetar las actuaciones del Estado cuando las circunstancias, siempre excepcionales, obliguen a acometer inversiones adicionales para impulsar la economía y el empleo. Sin volverse locos, por supuesto, porque la locura del gasto superfluo nos ha conducido hasta el borde del abismo. Curiosa la reacción, después matizada, de la Generalitat de Cataluña, al señalar que limitar constitucionalmente el déficit iría contra su autogobierno. ¿Su autogobierno para qué, para mantener sus números rojos actuales, de cuyo amasijo, por cierto, participaron los independentistas de Esquerra Republicana?

En suma, si no hay compromiso para meter en cintura las cuentas públicas de las administraciones, en especial de las autonómicas, que sea la Constitución la que sentencie, oye tú, de aquí, de este límite, no pasas, porque tu exceso puede condicionar la salud económica del conjunto de este país. Y, sinceramente, no considero que para esto sea necesario un referéndum. Si lo hubiera, votaría sí.

P.D.

La parva. ¿Alguien se ha extrañado de que el presidente de la CEA, Santiago Herrero, se haya reunido con Mariano Rajoy y Javier Arenas? ¿Alguien se ha extrañado de su acercamiento?  Que las elecciones están a la vuelta de la esquina y, en Andalucía, los de siempre serán vencidos…

La simiente. Esta simiente va por Zapatero, por la valentía de proponer una reforma constitucional cuando está a punto de agotar la legislatura. Cualquier otro le hubiera dejado el muerto al sucesor.

La paja. Menudo papel el de Antonio Jara, presidente de Caja Granada, al embarcarla en el banco BMN. Sus previsiones de dar entrada a socios capitalistas externos no se han cumplido y ahora la entidad, aprisa y corriendo, deberá arbitrar su salida a bolsa para evitar la nacionalización. Y las prisas son siempre malas consejeras.

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Carta a Zapatero antes de irnos al carajo

Mi querido Zapatero:

Me lo imagino a usted en una comparecencia pública televisada. Detrás de usted, una ristra de banqueros y cajeros de este país, para quienes el Estado abrió la despensa, miles de millones para sanear las cuentas de unas entidades que, recordemos, purgaban y purgan aún sus propios excesos en tiempos del boom inmobiliario. A su diestra, el presidente del Partido Popular, Mariano Rajoy, y a la siniestra (palabra que no va con segundas), el resto de las fuerzas parlamentarias. Y enfrente, millones de españoles, inversores, especuladores y mandatarios europeos.

Si yo fuera usted, mi primer mensaje sería el de una férrea unidad con sus rivales políticos, en especial con quienes tienen todos los visos de ganar las próximas elecciones generales, los populares. Tal comunión debería ser tan sincera que, ante los espectadores, reconocería incluso que la pérdida de los comicios, ya segura, no me importa y sí la recuperación económica del país y daría mi mano a Rajoy para prestar toda la ayuda que necesite en su labor de gobierno, que no será precisamente sencilla, pero en ella nos va el futuro. Es difícil admitir la alternancia y claudicar ante ésta, sí, pero, tal y como está el patio económico, constituiría un error histórico persistir en una encarnizada lucha política que, a la larga, no nos conduciría a nada. Lo primero ha de ser lo primero: sacarnos de la crisis. Después abordaremos cómo recuperamos los trabajadores y cómo recuperan los empresarios aquello que hemos y han perdido por el camino.

MI segundo mensaje, cuasi utópico, sería mirar de frente a los tiburones, esos que ejercen hoy una dictadura económica sin precedentes, y decirles, oye, se acabó. Suspendería las operaciones en el mercado secundario de deuda pública, engendro de especulación donde los haya, y, como alternativa, pondría sobre la mesa el firme compromiso de los banqueros y cajeros que a sus espaldas se encuentran, más aquellos extranjeros que quieran sumarse a la iniciativa, de hacerse cargo de las nuevas emisiones de deuda española a un interés fijo interesante tanto para las entidades como para el Estado. Qué irrealizable parece, pero qué golpe de efecto tan sumamente gratificante. Armas  excepcionales para una guerra, la que ustedes nos han declarado, que es sucia.

Mucha gente pregunta por qué tanta saña de los especuladores contra España. La explicación es muy sencilla: quieren obtener con la deuda las rentabilidades que otrora obtuvieran, por ejemplo, con el ladrillo. Es decir, han substituido la burbuja inmobiliaria por la burbuja de la deuda soberana, y seguirán jugando hoy con nuestro país, mañana con otro, hasta que la pompa reviente. El dinero es así.

Pero a lo que iba. Lo malo de ese acuerdo con la banca es que la propia banca está cogida por el cuello por los especuladores, puesto que en su capital están fondos de inversión extranjeros que quieren dividendos, y si éstos se reducen, se van. ¿O nos creemos, por ejemplo, que el Santander es de la familia Botín? Pues no, sus principales accionistas son fondos estadounidenses, y si se marchan, uf. Quizás, y siguiendo con la utopía, sería conveniente que los ciudadanos de a pie invirtiéramos más en nuestros bancos a través de la bolsa, compromiso por compromiso, vosotros aportáis al Estado y financiáis a las empresas y familias, y nosotros reforzamos vuestro capital. Qué idílico matrimonio sería…

Mi tercer mensaje tendría por destinatarios a los mandatarios europeos, a esa burocracia que anda de ventanilla en ventanilla antes de tomar una decisión perentoria ante las urgencias. Me sorprenden las críticas al presidente del Banco Central Europeo, Jean-Claude Trichet, cuando hace unos días no supo responder si el instituto emisor iba a comprar o no bonos de España e Italia. Qué iba a decir, pobrecillo, si es una marioneta de Alemania y Francia, iluso el que crea en su independencia.

Más Europa, pues, que el nacionalismo no obstaculice la prosperidad de todos y quede reducido a quienes sólo se aferran a la historia y a la recuperación de la lengua materna, incluso de aquéllas que están muertas. Si en su día nos embarcamos en el ambicioso proyecto del euro, sigamos con él con todas sus consecuencias, y entre éstas está una mayor colaboración política ya que una unión es imposible.

Mi cuarto y último mensaje, para los españoles. Ajustémonos todos el cinturón, los empresarios en su parcela, los trabajadores en la suya, las administraciones en aquello que sea superfluo, y caminemos juntos para incrementar la competitividad y productividad de nuestra economía. Sacrificios que, sin embargo, no pongan en peligro -más de la cuenta- el Estado del Bienestar y que deberán ser compensados cuando la crisis sea mero recuerdo del pasado.

Y aquí termino, mi querido Zapatero. Saltarán los economistas cuestionando la el fundamento científico y legal de mis palabras, me llamarán ignorante financiero, lo sé, la utopía es así, utópica. Pero algo habrá que hacer, digo yo, para que, hablando mal y pronto, no nos vayamos todos al carajo.

Sin más cometido, le saluda atentamente La Siega.

En Sevilla, a equis días de un rescate.

P. D.

La parva. Analizo el gráfico bursátil de Banca Cívica, donde está Cajasol. Caída del 12,5% desde que salió al parqué. Tal y como está el mercado, no sabe uno si decir bien o mal.

La simiente. Tienen razón quienes piensan que adelantar los pagos a cuenta del Impuesto de Sociedades por parte de las grandes compañías, es decir, que lo abonen antes de que concluya el ejercicio económico, servirá para maquillar las cuentas del Estado y que este año se logre reconducir el déficit al 6%. Salgado, ¿no es un poco trampa?

La paja. A Braulio Medel, presidente de Unicaja, no le interesa la fusión con Caja España-Duero. Simple y llanamente. La operación está más cercana del fracaso que del éxito.

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