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El campanero de Banca Cívica

Sonaron las doce del mediodía y Enrique Goñi agarró con fuerza la cuerda para tocar la simbólica campana con la que Banca Cívica se estrenaba en bolsa. Antonio Pulido, copresidente junto con aquél del grupo de cajas de ahorros, hacía esfuerzos ímprobos para contribuir a ese repicar, mano arriba, mano abajo, déjame un poquito de cabo, cuántas cámaras de televisión, yo también quiero tocar, mirada de las que matan, sonrisa forzada para la prensa.

Tanto uno como otro estaban nerviosos, la cita era histórica, y había costado mucho esfuerzo y muchísimo correr para que la entidad financiera surgida de la fusión fría (o Sistema Institucional de Protección) de Cajasol, Caja Navarra, Caja Burgos y Caja Canarias se estrenara en el parqué en verano, con la dificultad sobrevenida de la incertidumbre sobre el segundo rescate de Grecia y los nuevos ataques de los especuladores a la deuda española.

Sin embargo, al margen del lógico nerviosismo, la anécdota de la falta de compás al tocar la campana y los abrazos y arrumacos posteriores, más falsos que el beso de Judas, revelaban que no es tan avenido este matrimonio entre Pulido y Goñi, y que entre los dos directivos y sus respectivos equipos saltan chispas a las primeras de cambio. Qué malos pueden llegar a ser los personalismos…

Uno se acuerda entonces de cuántas parejas han terminado en divorcio en la banca: Emilio Ybarra y Francisco González, quienes protagonizaron la fusión de los antiguos BBV y Argentaria, ambos copresidentes, y el primero pasó a mejor vida financiera, como ocurrió con José María Amusátegui, quien compartía la presidencia del BSCH con Emilio Botín, historia esta última con dramáticos tintes familiares, pues el hoy único primer ejecutivo del Santander sacrificó a su propia hija, Patricia Botín, para complacer a quien poco después defenestraría, si bien la recuperó posteriormente y la colocó como presidenta de Banesto, chúpate ésa.

Las bicefalias no funcionan ni en el dinero y ni en la política, por mucho que los novios digan que se aman, fíjense cuánto quería Manuel Chaves a José Antonio Griñán, a quien nombró a dedo presidente de Andalucía, y cuánto dio de sí el golpe de mano del discípulo para arrebatar la Secretaría General del PSOE-A a su maestro.

En Banca Cívica juran, aunque yo diría que perjuran, que Antonio Pulido y Enrique Goñi son felices y comen perdices, bienestar conyugal que han labrado sobre una separación de bienes ganancias (ambos están muy bien remunerados, qué gozada salir de una caja de ahorros y entrar en un banco completamente privado) y el compartir las tareas de la casa, tú, sevillano, más institucional y ejecutivo de la corporación empresarial, tú, navarro, más ejecutivo del día a día, bicefalia directiva, pero no simétrica. Me recuerda a esos viejos matrimonios donde la mujer controlaba el dinero, porque sabía controlarlo y de ese ahorro se hacía capital, y el marido lo invertía y gastaba.

En fin, que no me creo esa idílica convivencia, por mucho que sea pacífica. Esperemos al rodaje de Banca Cívica, a ver quién termina tocando solo la campana…

P. D.

La parva. A la Junta de Andalucía se le acumulan peligrosamente los retrasos en los pagos: centros de formación, guarderías, farmacéuticas, constructoras… Mañana, en el Consejo de Política Fiscal y Financiera, planteará un recorte de su presupuesto para 2011 en más de 700 millones de euros. Esperemos que se seleccione muy bien dónde se va a meter la tijera, porque si alarga más los plazos de pago, Torretriana tendrá movilizaciones un día sí y otro también. Al igual que los funcionarios cobran a su tiempo, el resto de trabajadores de empresas que prestan servicios a la Junta de Andalucía tienen derecho a percibir en tiempo sus nóminas, y seguro que a la consejera de Hacienda, Carmen Martínez Aguayo, no se le ocurriría demorar estas últimas.

La simiente. Unicaja y tres universidades (la Internacional de Andalucía, la de Málaga y la Pablo de Olavide) han lanzado la tercera edición de su Guía Financiera, un manual que, de una forma muy didáctica, explica los conceptos financieros, desde qué es un seguro hasta un descuento comercial, pasando por un cheque o un pagaré. Tres ediciones no son precisamente moco de pavo para un libro cuya temática es escasamente atractiva para el público en general.

La paja. Pocos han levantado la voz contra Miguel Ángel Fernández Ordóñez por su actuación ante la Caja de Ahorros del Mediterráneo (CAM), cuya intervención ha sido excesivamente tardía. Si el supervisor conocía ya de sobra el agujero de la entidad alicantina y el fracaso tras fracaso que cosechaba en su búsqueda de socios, a los que quería doblegar a pesar de la ruina que arrastraba, quizás tendría que haber actuado mucho antes para que ese agujero no se hiciera mayor. Cuanto menos resulta curioso que la caída de la CAM sucediera apenas unos días después de la caída de Francisco Camps. Qué dos símbolos para una comunidad tan popular como la valenciana…

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Los siete pecados capitales del empresario

Leo detenidamente los diez folios que conforman el discurso que Santiago Herrero pronunció en la convención empresarial que convocó la semana pasada en Sevilla la patronal que preside, la CEA. Ni una sola autocrítica. ¡Ni una! Se dedican, básicamente, a aplaudir a los suyos y a lanzar dardo tras dardo a las administraciones públicas, qué buenos somos nosotros, qué malas ellas, hagan una Andalucía a nuestra medida, ya verán qué felices seremos todos.

Pues no, señor Herrero. Las administraciones, tanto la central y como la autonómica, se han equivocado muchísimo, y ahora, en efecto, estamos sufriendo las nefastas consecuencias de unas políticas económicas populistas que arramplaron con el dinero cuando la crisis económica, palpable ya, era negada insistentemente por quienes nos gobiernan. Se empecinan, además, en mantener una estructura elefantiásica con ligeros retoques para aliviarla (por ejemplo, la reordenación del sector público andaluz, que está engendrando más quebraderos de cabeza que ahorro) y metiendo la tijera en el gasto social del que tanto presumían los socialistas. Para más inri, se empeñan en duplicidades burocráticas y en una lentitud, cuando no ineficiencia, al tramitar el papeleo –amigo Luis, esto va por ti, cuántas vueltas para presentar tus impuestos, y eso que te salía a pagar-, que hace desesperante la actividad emprendedora de los empresarios. Y para colmo, en medio de una sequía de liquidez para todos, alargan y alargan los plazos de pago literalmente asfixiando a sus proveedores. Hasta aquí, de acuerdo con las palabras del patrón de patronos. Pero, por favor, señor Herrero, que las empresas tampoco son unas santas.

Usted dice que la empresa “es la solución” a nuestros males. No lo dudo, al fin y al cabo es la que crea (y destruye también) empleo, y requiere de un marco jurídico asumible, que al entender de las organizaciones empresariales exige una reforma laboral en profundidad, y no la aprobada hace ahora un año, que poquitos resultados, por no decir ninguno, está dando, y una mayor flexibilidad interna que facilite adecuar las plantillas a la situación real del negocio. Pero, ¿no hay nada de lo que las empresas se tengan que avergonzar? Yo creo que sí, y corríjame si me equivoco.

¿Quién empujó a los empresarios a asumir deudas (apalancamiento) muy por encima de sus posibilidades en tiempos de bonanza económica y crédito barato? Los propios empresarios, que pecaron de soberbia y ahora se ven sometidos a continuas refinanciaciones o directamente apelando al concurso de acreedores (suspensión de pagos) arrastrando a la cadena de proveedores que viene detrás. ¿Quiénes, siendo solventes en sus negocios, se metieron en el inmobiliario atraídos por su rentabilidad? Los propios empresarios, que pecaron de avaricia y, a la par, de envidia de los ladrilleros. ¿Quiénes no diversificaron en actividades y mercados para evitar la excesiva dependencia de los productos o áreas geográficas de toda la vida? Los propios empresarios, que pecaron de pereza. ¿Quiénes cargaron contra la banca y las administraciones, pero no contra ellos mismos, cuando el castillo de naipes se desmoronó? Los propios empresarios, que pecaron de ira. Restan dos pecados capitales, la lujuria y la gula, comunes, por lo demás, a la época del boom económico, cada uno que se los aplique como quiera.

Todo esto no cabe generalizarlo, por supuesto, y hay empresas que esquivaron la tentación y son hoy auténticas referencias y siguen creciendo, creando riqueza y empleo y ganando dinero. Pero también hay sonoros ejemplos de empresas que fueron en su día referencias, y ahora son noticias por concurso de acreedores (suspensiones de pagos) y expedientes de regulación de empleo, y digo yo que sus cuitas no responderán sólo a la vil administración, algo tendrán que decir al respecto sus empresarios y directivos, a ver si éstos van a ser unos angelitos y aquélla, el demonio.

Nada de mea culpa empresarial -“no podemos ni debemos permitirnos el más mínimo sentimiento de frustración o fracaso; somos tan buenos empresarios como los demás”-, pelillos a la mar y miremos al futuro. Dice Santiago Herrero que hay que “tocar el tambor”, “constatar nuestra existencia y manifestar que, frente a los problemas existentes, disponemos de medidas y soluciones”. Pero antes, reformas, reformas y reformas, ésas que habiliten un marco para la necesaria competitividad de la economía española y andaluza, y habla de una regeneración social y económica, a la que yo añadiría otra, la empresarial, porque garbanzos negros los hay tanto en la administración como en la clase patronal. Y apelo a su propia frase: “La línea que separa la corrupción, el delito de cohecho y la extorsión es muy fina, y estamos más veces en lo último que en lo primero”.

Demostración de fuerza, pues, del empresariado andaluz ante/frente a las administraciones, sobre todo la Junta de Andalucía. Curioso que el discurso de Herrero fuera el más light. Lo heavy se lo dejó a los empresarios que hablaron antes, y ellos sí se metieron abiertamente con la administración de José Antonio Griñán. No se me quita de la cabeza que estamos en vísperas de elecciones autonómicas y el Partido Popular tiene muchas papeletas para ganar…

P. D.

La parva. José Antonio Griñán, que viajó a Bruselas para ver qué era eso de la Política Agraria Común (PAC), parece haberse olvidado de ella. La semana pasada conocimos la propuesta financiera de la Comisión Europea para la PAC en el periodo 2014-2020. Todavía estamos esperando que se pronuncie al respecto, a tenor del recorte que se espera en las ayudas a los agricultores (congelación por siete años, léase, tijera).

La simiente. La Caixa ha sorteado con éxito su debut en bolsa, tal y como se esperaba de la primera caja de ahorros de España, ya convertida en banco. Le toca el turno a Bankia y Banca Cívica, que coinciden el mismo día en el parqué. Y aunque lo nieguen, hay nervios entre los directivos de ambas entidades, se juegan no sólo su propia credibilidad, sino la de todo el sistema financiero español. Los mercados (llamémosles especuladores) estarán al acecho al más mínimo error.

La paja. Que el PSOE inicie a la desesperada una campaña contra la banca para arañar votos de cara a las elecciones generales es de chiste y revela que está totalmente despistado. Se le ha visto el plumero al negar con sus votos en el Congreso y en el Senado que se apruebe la dación en pago en las hipotecas (que la entrega del piso sirva para saldar el préstamo). Sabe, a ciencia cierta, que es complicado aplicar esta medida por su fuerte impacto en las cuentas de los bancos y las cajas de ahorros, y el sistema financiero español no está para más incertidumbres. Su posición actual no es creíble.

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