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Medel camina… o tropieza

Unicaja celebró el sábado pasado asamblea general y aprobó, entre otras cuestiones, la gestación de su banco, al que traspasará su negocio financiero y la mayoría de los activos y pasivos. Es su principal objetivo, que salga adelante este proyecto, y saldrá. En paralelo, negocia la integración de Caja España-Duero, proceso que Braulio Medel lleva con sumo sigilo para esquivar el runrún permanente y no fracasar como ya ocurriera en sendos intentos por hacerse con Caja Castilla-La Mancha (CCM) y Cajasur.

El problema no se encuentra tanto en Caja España-Duero, que la malagueña integrará cuasi por mandato específico del Banco de España, sino en cuántas ayudas va a recibir del órgano regulador para amortiguar el impacto de la operación en las saneadas cuentas de Unicaja.

Fuentes financieras advierten, en este sentido, de que el agujero de las cajas castellano-leonesas es de mayor envergadura del calculado inicialmente -hablan de una cantidad superior a los 1.800 millones- y que Braulio Medel, una vez garantizado que el control de la entidad resultante va a recaer sobre Unicaja, pretende obtener del supervisor el mayor respaldo posible.

Y es que Medel quiere arrancar del gobernador, Miguel Ángel Fernández Ordóñez, un esquema de protección de activos -se conoce como EPA- al igual que concedió a la vasca BBK para tomar Cajasur, y que básicamente consiste en que el supervisor asuma las pérdidas futuras (varios años) de la cartera de créditos de Caja España-Duero. En el caso de Cajasur y la BBK, esta fórmula fue por un importe de 392 millones de euros, que el fondo de rescate (FROB) los da ya por perdidos. La diferencia entre un proceso de integración y otro fue que la cordobesa fue intervenida por el supervisor y adjudicada en subasta, asumiendo el Estado -el erario público- parte del agujero de la cordobesa.

Las fuentes insisten en que no hay problemas en la negociación entre las cajas, pero sí en las condiciones en las que Unicaja asumirá “el morlaco” de Caja España-Duero a tenor de los rojos números que salen de las auditorías. Braulio Medel ya nos tiene acostumbrados a prolongar los tiras y aflojas hasta el límite, cuando o todo se arregla o todo termina por romperse.

Esa integración se hará a través de Unicaja Banco, al que también Caja España-Duero traspasará su negocio financiero. Pero los activos inmobiliarios -léase, el ladrillo- quedarán al margen, en lo que se conoce como banco malo, para que no dañe la salud del bueno, al menos de forma directa -indirectamente, eso sí, las pérdidas las tendrá siempre que asumir-. Es ahora la moda. Bankia y La Caixa lo tienen y el propio Banco de España insta a que se arbitre esta vía para así hacer más atractivas las cajas -o bancos de las cajas- ante el inversor. Al fin y al cabo, uno de los grandes objetivos de la reestructuración de las cajas es precisamente abrirla a capital externo (tener accionistas).

“De lo que se trata ahora es de dar golpes al pulpo”. Con tal cita, una fuente revela la complejidad del proyecto de integración pues el pulpo posee muchos tentáculos, y cuando no te agarra uno es el otro. Cabe recordar, asimismo, que el pulpo, para más inri, está aún digiriendo la fusión de Caja España y Caja Duero.

Uno de los grandes campos de batalla será el laboral, puesto que las cuentas de la integración “no saldrán” sin que haya cierres de oficinas y reducción del número de trabajadores. Y aquí hay una cuestión delicada. Para que todos los trabajadores tengan las mismas garantías, o bien los de Caja España-Duero se bajan el sueldo al nivel de los de Unicaja, o bien se mejora a estos últimos. Y es difícil encontrar el equilibrio. Los sindicatos aún no saben nada, la cuestión laboral se deja siempre para el final.

“Braulio Medel está apretando al Banco de España y es lógico que así lo haga porque la novia no está precisamente para tirar cohetes”, dicen las fuentes. Cuando se le pregunta, sólo responde: la cosa va bien. El proceso, dice, se encuentra “bastante bien enfocado” y, además, en los aspectos sustanciales “hay una voluntad de acuerdo y continuidad”.

Sin embargo, no cabría hablar de que la senda está plenamente despejada y, de hecho, la propia entidad castellano-leonesa está preparando un plan alternativo o B para el caso de que el noviazgo con la malagueña no cuajara en septiembre.

En efecto, otras fuentes financieras comentan que Caja España-Duero estaría dispuesta a convertirse en un banco y dar entrada a capital privado si fracasa el matrimonio. “La simple mención de que existe un plan B no dice nada bueno de las negociaciones”, señalan. Aunque las palabras de Braulio Medel son correctas, dado que con la novia está cerrado lo sustancial, queda por avanzar en las negociaciones con el Banco de España para determinar qué nivel de respaldo financiero tendría ese enlace.

Son las prisas las que marcan los ritmos, y lo cierto y verdad es que su plazo -y el de todas las entidades que necesiten reforzar capital para cumplir con las nuevas exigencias del Banco de España- se agota el día 30 de septiembre. Si no hay una salida, el órgano supervisor nacionalizaría de forma parcial la caja castellano-leonesa. Este extremo es precisamente el que le incita a concebir el plan B por si la negociación con Unicaja no llega a puerto, y de hecho las fuentes aseguran que ya incluso se ha puesto sobre la mesa en uno de los últimos consejos de administración.

En este sentido, para poder satisfacer los nuevos requisitos del Banco de España –core capital o capital principal del 10% sobre los créditos ponderados por riesgo y que, por así decirlo, es su tasa de solvencia adaptada a los criterios renovados- la caja de ahorros castellano-leonesa requiere 463 millones de euros. Cabe captarlos a través de una integración -la buscada con Unicaja-, convirtiéndose en banco que dé entrada a socios privados o sacando una parte sustancial del capital a cotizar en la bolsa.

Los 463 millones serían pecata minuta en este proceso de integración, aunque semejante operación tiene mayor trascendencia e implicaciones que una mera inyección de capital a una entidad necesitada. El coste, el impacto en las cuentas de Unicaja, es brutal, por los riesgos de su cartera crediticia -en especial los vinculados al ladrillo-, la cuestión laboral, etcétera. Y Medel sabe que, por experiencia, puede apretar pero no ahogar.

P. D.

La parva. Es curiosa la habilidad que tuvo el consejero delegado de Alestis, Gaizka Grajales, para esquivar a los periodistas andaluces en la ferias aeronáutica parisina de Le Bourget, a pesar de que su compañía pagó una parte del desplazamiento para la prensa. Se queja del trato que aquí se le da. Pues póngase delante de ellos y dé sus razones.

La simiente. La patronal Fedeme (empresarios del metal de Sevilla) se niega a hablar de crisis y prefiere la expresión “situación económica diferente”. Aquí quien no se consuela es porque no quiere.

La parva. Propuesta. Elimínense los debates sobre el Estado de la Nación y el Estado de la Comunidad, puesto que son más de lo mismo, pelea de gallos, sólo le falta como banda sonora Las Corraleras de Lebrija.

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La fragilidad de la despensa

La crisis del pepino, al igual que en su día la del pimiento o la del aceite de orujo, revela con toda su crudeza la fragilidad de la industria del campo andaluz ante cualquier información o rumor, infundado o no, que la vinculen con enfermedades. El principio de protección de la salud prima, por supuesto, sobre el de los intereses económicos, pero cabría preguntarse si los errores de los diagnósticos, en este caso de las autoridades sanitarias de Hamburgo, no deberían acarrear indemnizaciones por parte del Estado de Alemania hacia los agricultores andaluces más allá de las ayudas -con cargo a las arcas de toda la Unión Europea- que Bruselas plantea, lo mismo que los errores médicos terminan en los tribunales con demanda económicas -e incluso punibles- de por medio.

Esa precipitación con la que se ha actuado desde Hamburgo, que aunque no concretó cuál era el origen de la contaminación sí detalló el origen de los pepinos, se comprende ante el agobio de unas autoridades alemanas sorprendidas por la virulencia del mal y la razonable urgencia de la ciudadanía por saber los porqués. Pero si tan claro lo tenían, más que en la prensa y en mostrar su rapidez y diligencia podían haber confiado en la red de alerta sanitaria de la Unión Europea -que para algo está- y no actuar por su cuenta, porque si se demuestra que, al final, todo fue una equivocación, ¿quién lavará la imagen exterior del agro andaluz?

Me sorprende la cobardía de Bruselas, sí, cobardía, no hay mejor forma de llamarla, cuando ni siquiera le tose a Berlín para decirle, oye, que te has pasado tres pueblos, y, en cambio, se aviene a justificar la actuación de las autoridades germanas. El presidente de la Junta de Andalucía, José Antonio Griñán, tiene más razón que un santo cuando sentencia que Alemania será todo lo poderosa que sea, pero no puede hacer lo que le dé la gana. Porque si Madrid hubiera acusado a Berlín sin pruebas irrefutables, el país centroeuropeo nos hubiera acribillado, y el Ejecutivo comunitario aplaudiendo.

En esta polémica, asimismo, tercian los intereses económicos no ya de Andalucía, sino de agriculturas de otras naciones tanto comunitarias como de fuera de la UE. De hecho, la comunidad es la primera que coloca sus hortalizas en Europa -la razón, su climatología- y que en este mes comienzan las cosechas de países competidores que, por cierto, no pocas veces han tirado las españolas por el suelo. Por eso, cualquier noticia que nos venga mal se magnifica, y cuanto más lejos llegue, peor.

La trazabilidad exigida a los productores -por la que son capaces de identificar de qué finca procede una partida y en la que se ha trabajado mucho en la comunidad- debería ser igual de estricta cuando los alimentos llegan a las centrales mayoristas y a los supermercados e hipermercados, dado que también aquí existen procesos previos a la venta al público en los que podrían colarse agentes dañinos para la salud. Aunque, eso sí, a la distribución comercial, en especial a las grandes cadenas, le sobra lo que le falta al agro andaluz, poder, y tiene gran habilidad, por tanto, a la hora de sacudirse las culpas.

Y a falta de semejante poder, al campo sólo le cabe un control mayor de sus propias ventas al exterior -en frutas y hortalizas, 1.800 millones de euros durante 2010- para, de esta forma, no perder la vigilancia del producto hasta que éste llegue a las puertas del mayorista, del súper o del híper y decir habéis sido vosotros aunque sea yo el que siembre.

P.D.

La parva. Las tabaqueras se han embarcado en una guerra de precios sin precedentes que, a la larga, será un mero espejismo. Al Gobierno le viene de perla, puesto que la rebaja de las cajetillas permitirá aminorar la inflación, que anda un tanto desbocada, pero que la tolere no casa con su política para reducir el tabaquismo. Tal y como están las arcas del Estado, estoy seguro de que asistiremos en los próximos meses, de cara a los Presupuestos de 2012, a un nuevo incremento del impuesto especial que grava el tabaco, y entonces se producirá, de golpe, la recuperación de los precios, sangría en el bolsillo. Por cierto, en los semáforos de Sevilla están reapareciendo los vendedores ilegales de tabaco, especímenes que habían restringido su actividad a la Feria de Abril, y esto exige un mayor control por parte de la Policía local.

La simiente. El grupo Ebro Foods, presidido por el sevillano Antonio Hernández Callejas, se queda sin la arrocera australiana Sunrice porque no ha conseguido el porcentaje de acciones que se proponía alcanzar. Quizás haya una segunda vuelta, aunque la compañía alimentaria española no se quedará quieta en su afán por reforzar su liderazgo internacional en arroces y pastas.

La paja. Los farmacéuticos andaluces tendrán todo el derecho del mundo a quejarse de la decisión de la Consejería de Salud de imponer los genéricos, más baratos y con menos margen de beneficio que aquéllos bautizados con marcas. Quizá el departamento de María Jesús Montero debería mirar hacia otros lugares para ahorrar y no cargar siempre con los mismos, como los hospitales, donde, sin duda, existen gastos susceptibles de recortes. Sin embargo, ya no es razonable que los boticarios adviertan de que se van a quedar sin medicamentos como fórmula de presión contra la Consejería, y no lo es porque, sencillamente, no resulta creíble, y menos cuando presumen de tener un sistema de distribución que, en pocas horas, repone el surtido en cualquier farmacia. Con la salud no se juega, y con el miedo a la enfermedad, menos.

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