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El Griñán agrarista

Leo que el presidente de la Junta de Andalucía, José Antonio Griñán, va a realizar una firme puesta por los planes forestales, tan viejos como los árboles, la agroindustria, con la mil veces anunciada ley de la calidad alimentaria, y por los programas de desarrollo rural, cuyo refuerzo era consabido por recomendación de Bruselas. O mucho me equivoco o estamos volviendo a la madre tierra para que genere empleo, ya sea limpiando bosques o sembrando agroindustria, y fijándonos especialmente en los pueblos.

Porque, al fin y al cabo, aunque los técnicos y economistas miran en exceso la contribución estadística de cada sector al Producto Interior Bruto (PIB), y concluyen que basta de tanta política agrarista, lo cierto y verdad es que esta Andalucía es eminentemente agraria y agroindustrial y serán miopes quienes se obstinen en pensar que, por ello, desde la Unión Europea se nos contempla como catetos de boina.

José Antonio Vázquez Rosso, quien durante tres largas décadas ha dirigido el Instituto de Comercio Exterior (ICEX)  en la comunidad andaluza da en el clavo cuando asegura que hay que quitarse el complejo de que exportamos agroalimentación. Lo que realmente importa, explica, es el valor añadido que contenga un producto, y uno alimentario puede incluso contener más que otro tecnológico. Ahí están, por ejemplo, la cuarta y quinta gama, frente a los tradicionales graneles.

A nadie se le ocurre menospreciar la potencia económica de Canadá, Holanda o Australia, por citar tres países de continentes distintos, y, sin embargo, en todos ellos el componente agrícola y ganadero es de vital importancia. Y es que hay veces que no sabemos ni lo que tenemos, pese a tenerlo delante de las narices.

Por supuesto que no hay que pararse en el campo. No estoy diciendo eso. Sí que la tan cacareada economía sostenible, que en principio surgió como idea para superar la dependencia de la construcción y adentrarse en actividades con mayor componente tecnológico e investigador, no llegará de la noche a la mañana, sino que pasarán años y años. Así, fíjense lo lejos que queda el improvisado anuncio de que la España Sostenible comenzaría por Andalucía realizado por el presidente del Gobierno central, José Luis Rodríguez Zapatero, un 24 de mayo de 2009 en un mitin en Dos Hermanas. Ja, ja, ja.

Los cimientos de aquélla se deben poner ya, pero ¿quién ha dicho que la economía sostenible no está ligada al campo, la agroalimentación y el medio ambiente? Durante mucho tiempo, esta vinculación se ha olvidado por parte de quienes, salidos de los despachos universitarios, aún pretendían ver una Andalucía de economía japonesa, cuando aquí lo más próximo al milagro japonés es el milagro almeriense, que transformó radicalmente la riqueza de esta provincia.

Ironiza un amigo ingeniero, aeronáutico para más señas, sobre si ahora los andaluces nos vamos a dedicar a plantar encinas con cargo a los planes forestales. No, respondo, como tampoco nos vamos a dedicar todos a montar aviones. En la diversidad productiva está la clave, cuanta más, mejor.

Dicho esto, a Griñán le está ocurriendo como a Zapatero, que sólo constata la trascendencia de las propuestas a varios años vista, y los planteamientos empresariales que, por proceder de quienes proceden, en principio rechaza, al final termina por aceptarlos.

En este caso, el presidente andaluz, que no gusta del campo, acaba de asumir propuestas de las organizaciones agrarias, en especial de la patronal Asaja, para reforzar las inversiones en planes forestales, y es consciente, ahora más que nunca, de que la agroindustria está entre los sectores menos perjudicados por la crisis económica, por la sencillísima sentencia de que comer hay que comer.

Espero que la apuesta sea real, y no mero titular de millones de euros en la prensa, al tiempo que se avanza, poco a poco, en esa economía sostenible que en otros tiempos llamábamos diversificación. Al fin y al cabo, o la economía es sostenible o ni es economía ni es nada.

P.D.

La parva. El grupo alimentario SOS está a punto de desprenderse de otro de sus negocios, en concreto uno muy ligado a la tierra. Sus actuales socios han salido escaldados de las relaciones con la compañía, labradas en tiempos de la gestión de los Salazar. Los gestores de SOS querían incluso sacar plusvalías de la venta, cuando el valor de la participación ha caído en picado. En breves fechas se anunciará.

La simiente. Ojalá hubiera en Andalucía tantas empresas como la hortofrutícola de Evaristo Ramos, ubicada en Mercasevilla. De las compañías más inesperadas surgen emprendedores natos. Y, encima, se toma su trabajo con alegría. “Esto es todo el día un cachondeo”, dice.

La paja. Gran ofensiva la que están haciendo las cerveceras rivales de Cruzcampo en los bares de Sevilla. En tiempos de crisis, prima más el dinero que la tradición del Gambrinus…

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