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Secretos de confesión de Cajasur y San Vicente

No es que uno comulgue precisamente con la jerarquía eclesiástica –otra cosa es la Iglesia católica, por amor de Dios, déjenme separarlas-, aunque con la reforma de la Ley de Cajas de Ahorros de Andalucía el espíritu del buen samaritano se ha adueñado de mí y hasta lástima me ha dado aquélla tras comerse el órdago que, la pasada semana, lanzara al Gobierno de José Antonio Griñán, entrando, así, al trapo de un envite magistralmente orquestado por los socialistas y sus leales financieros.

Personalmente no me podía creer que en el PSOE andaluz hubiera gente que, a estas alturas y aún vigentes los acuerdos del Estado Español con la Santa Sede, se tiraran de los pelos hablando de los privilegios de los curas. Primero, porque los han tenido, los tienen y los tendrán por los siglos de los siglos amén, y hasta la propia Constitución Española recoge su llamémosle singularidad, más que consagrada en los pactos con el Vaticano de 1979 que, por cierto, ningún Gobierno, ni de derechas ni de izquierdas, ha alterado. Segundo, porque a los socialistas todavía les infunden tremendo temor las sotanas, no tanto por la educación recibida, que ésa se olvida, como por la enorme influencia que ejercen sobre la sociedad, y recordemos a María Teresa Fernández de la Vega, vicepresidenta primera del Gabinete Zapatero, buscando paz en la mansión romana de San Pedro y el estratégico nombramiento del ex alcalde socialista de La Coruña, Francisco Vázquez, católico de pro, como embajador ante la misma. Y tercero, porque en la sevillana calle San Vicente, casa de la rosa regional, y en Torretriana, donde se ubica la Consejería de Economía y Hacienda, se perpetuaba, en un primer borrador de la reforma legal, el status quo de los hombres con alzacuellos en Unicajasur, que finalmente ha sido eliminado en el decreto aprobado por el Consejo de Gobierno.

Por ello, el grito al cielo, y nunca mejor dicho, de los socialistas andaluces tras la publicación del citado borrador era más falso que Judas, y venía a dosificar un globo sonda para diluir lo que no eran sino privilegios menores del Cabildo de Córdoba (qué más da que sus miembros en los órganos de representación de la caja fusionada los elija como le venga en gana o puedan tener hasta 75 años) porque los mayores (el peso en el consejo de administración, una vicepresidencia ejecutiva y un poder nada desdeñable sobre la Obra Social) permanecerán intactos, conforme al protocolo de fusión que pactaron Braulio Medel, presidente de Unicaja, y Santiago Gómez Sierra, su homólogo en Cajasur.

Que a los canónigos cordobeses les toquen lo que sea menos la Obra Social, y recordemos aquí la pactada salida de la socialista Aurora Atoche, quien asumió su dirección en virtud del acuerdo de 2005 que devolvía la tutela de Cajasur a la Junta de Andalucía, una salida en la que pesaron las relaciones con Gómez Sierra. Ocurrió hace algo más de un año, y desde entonces mucho han cambiado las tornas. El remordimiento que ha de tener la Iglesia al entregar ahora una creación suya, la caja cordobesa, nada más y nada menos que al PSOE…

Al PSOE regional, por lo demás, le queda el regusto de haber ganado la partida a un clero que, sin medir sus consecuencias, entró bravucón en la pelea y salió empitonado. No contaba con la seria advertencia de intervención por parte del Banco de España, menudo escándalo hubiera sido no sólo para las finanzas andaluzas, sino para la Iglesia y sus hombres de Dios, que son, y eso no se puede olvidar, los que han conducido a la entidad cordobesa a estar como está, no bien, y en cuestiones de dineros no caben milagros. Después de las arremetidas de éstos contra el Gobierno de Zapatero (matrimonio gay, aborto), quizás Griñán haya disfrutado al no atender las llamadas de auxilio de Juan José Asenjo, hoy arzobispo coadjutor de Sevilla y obispo de Córdoba cuando ambos firmaron aquel regreso de Cajasur a la órbita de la Administración autonómica, ni tampoco las de Gómez Sierra.

Ante la ofensa de la Junta de Andalucía por suprimir algunos de los citados privilegios de los curas-cajeros, a éstos no les ha quedado otro remedio que predicar con el ejemplo y poner la otra mejilla. Al menosprecio que dijeron sentir contribuyó Braulio Medel con sus declaraciones públicas de que no aceptaría singularidad alguna en la caja fusionada, ni una caja dentro de otra caja cual muñeca rusa, y si fuera así mejor paralizar la absorción (sí, hablemos en plata, es una absorción por mucho que la revistan de fusión).

“Existe mucho recelo hacia el otro socio [Unicaja]”, dicen fuentes internas de Cajasur, quienes no descartan “muchos más encontronazos” durante las negociaciones, “aunque ninguno puede ser como éste, que ha rozado el ridículo”. Por lo pronto, otra china en el camino acaba de aparecer, la del sindicato Aspromonte, mayoritario en Cajasur, que tanto debe a la curia y que verá menguada su influencia en la futura entidad. El pacto laboral será arduo, hay que eliminar duplicidades de oficinas y emprender, asimismo, un ajuste de plantilla que no será precisamente reducido.

Primero fueron las compensaciones económicas que el Cabildo de Córdoba quería para transigir con la fusión, y que negoció incluso a espaldas de la propia Cajasur. Después el frustrado órdago y el arrepentimiento exprés. Por dos veces una Iglesia tocada, aunque durante los tres años del periodo transitorio de la fusión no quedará hundida. Eso sí, las finanzas no son un confesionario y cualquier pecado saldrá a la luz pública, sobre todo cuando a quien dice la misa no le gustan los curas…

P.D.

La parva.

El consejero de Innovación, Martín Soler, advirtió a Astilleros de Huelva de que la Junta de Andalucía no pondría ni un euro si no había plan industrial y de que no iba a pagar las nóminas de la plantilla. No hay plan industrial y sí 4 millones de euros de las arcas públicas para avalar un crédito con el que pagar los salarios. No es lo mismo, pero es igual.

La simiente.

No hacen faltan grandes fusiones de cooperativas agrarias muy mediáticas. Fijémonos en Hojiblanca, que sigue extendiendo su red por las provincias andaluzas, y Sevilla no es una excepción. La maraña seguirá tejiéndose.

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Empresarios que no aman a los periodistas

Leo en El País una tribuna de Milagros Pérez Oliva que, bajo el título Políticos que no aman a los periodistas, denuncia cuán incómodas resultan nuestras preguntas para quienes ejercen el poder o aspiran a hacerlo y cómo unos y otros se esconden de nosotros tras los comunicados de prensa o las declaraciones grabadas sin opción a réplica. Compañeros, vamos a ver, la culpa es única y exclusivamente nuestra. Si les damos plantón, seguro que, y por la cuenta que les trae, nos buscan. Pero como, admitamos, la unidad en el gremio es inexistente, les seguiremos el juego, para qué llorar.

Ahí queda la autocrítica, y ésta vale también para aquellos que nos dedicamos al periodismo económico. Al igual que quienes abordan la actualidad política, también nosotros, al hacer nuestro trabajo, soportamos a ciertos empresarios que rastrean las redacciones de los periódicos cuando les conviene e ignoran a los redactores cuando no les interesan, haciendo entonces gala de una sospechosa política del silencio.

De entrada se creen que somos tontos, que como la cuestión económica es compleja, no sabemos ni la mitad del cuarto. Pues bien, señores. Compartí clase durante un año con setenta empresarios y directivos de compañías andaluzas en una reputada escuela de negocios y si yo soy la mitad del cuarto, créanme, no pocos había que ni pesaban cien gramos. Eso sí, eran herederos.

Unos de mis maestros en esta profesión, al que eternamente le estaré agradecido porque aprendí mucho de él y con él, me contaba cómo una caja de ahorros, que al fin y al cabo es una empresa como la que más, presentó en multitudinaria rueda de prensa sus buenísimos resultados anuales, aunque para buenísimo, el maquillaje que tenían, pues a poco que se escarbaran arrojaban pérdidas. Él publicó la verdad y le llovieron piedras. Y a una periodista económica de las mejores que ha dado este país, catalana para más señas, uno de los grandes banqueros españoles le tuvo que pedir perdón en público porque el gabinete de prensa de la entidad financiera le había desmentido una información que era veraz.

A lo que iba. Respeto profundamente el derecho a la intimidad que ejercen los empresarios que no quieren salir en la Prensa, y es una lástima porque son muchos, y aquí en Sevilla diríamos que legión, que realizan una labor encomiable, aunque silenciosa, y digna de ser conocida por la sociedad. Vaya por delante, reitero, mi respeto, pero con una salvedad. Si reciben ayudas públicas, a las que tienen también todo el derecho del mundo, para sus proyectos e inversiones, que no tuerzan la cara cuando se les pregunta cuánto dinero, para qué y cuáles son sus resultados, porque tales subvenciones salen de los bolsillos de los contribuyentes, y a éstos les asiste el derecho a la información.

Al igual que la Consejería de Agricultura y Pesca cuelga en su web el listado, con nombre, apellidos y NIF, de los perceptores de ayudas agrarias, sería bueno que la Junta de Andalucía recopilara en un solo documento las identidades de las empresas y lo hiciera público, para no tener que acudir BOJA por BOJA a indagar cada resolución administrativa por la que se aprueba la concesión de subvenciones. Quizás descubramos que, al igual que en el campo, existen cazadores de primas en la clase empresarial.

Llegados aquí, vuelvo al principio, esto es, a la cuestión de quiénes no nos aman, y apunto con el dedo acusador a los vendemotos -en tiempos no mecanizados, vendeburras– que se valen de la Prensa para airear proyectos e inversiones que nunca se cumplen porque están edificados sobre el humo. Se les ve a la legua pero, por aquello de que prevalece también el derecho a la presunción de inocencia, hay que prestarles atención, qué remedio. Tiempo al tiempo. Esta crisis económica ya los barrerá, ya los está barriendo -y que quede clarísimo, me estoy refiriendo a los vendemotos, y no a los empresarios que, mis respetos por delante, después de una larga trayectoria profesional y un loable sacrificio están también pagando los platos rotos de la complicada coyuntura que vivimos-.

Tampoco nos aman esos empresarios que, gabinetes de comunicación de por medio, lanzan sus notas de prensa de cuatro líneas sin ofrecer la posibilidad siquiera de obtener más detalles, ni, como contraste, aquellos que las emiten como churros y que sólo interesan al churrero porque su trascendencia informativa es nula, ni los que que se creen con la potestad de comprarnos, y de estos últimos hay tela larga.

¿Qué hacer si no nos aman? Pues actuar como profesionales de la información económica y hacer nuestro trabajo con profesionalidad y dignidad y teniendo siempre presente que no escribimos para ellos, sino para el conjunto del público. Insisto, el tiempo colocará a cada uno en su sitio, y debemos ser conscientes del nuestro. Y para quienes se sientan ofendidos con estas opiniones, les sugiero que escuchen entera la canción No tienes corazón de Café Quijano y Joaquín Sabina.

P. D.

La parva.

Cuidado con la industria envasadora de aceituna de mesa. Una de las más grandes, la utrerana Agroaceitunera, ha presentado suspensión de pagos (convenio voluntario de acreedores), pero otra también está apurando plazos para renegociar su deuda con los bancos. Y digo lo de cuidado porque estamos ante un sector en el que Sevilla ejerce el liderazgo internacional y no se le está prestando la suficiente atención. La creciente competencia de países terceros nos puede lastrar.

La simiente.

Si la concertación social andaluza sale adelante este mes, menuda lección la que, de nuevo, se dará a los negociadores de Madrid, a saber, sindicatos, patronal y, esporádicamente, el Gobierno. (Simiente sólo a medias; me pregunto qué ocurriría si Andalucía tuviera competencias para legislar sobre los contratos y éstos se pusieran encima de la mesa regional de negociación).

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El perol de Nüremberg

Sucedió en Nüremberg. Allí acudieron, en febrero pasado, altos cargos de la Consejería de Agricultura y Pesca para promocionar las producciones andaluzas en la que es la feria internacional más importante para el campo ecológico, Biofach, y, de paso, presentar a los empresarios y a la prensa la edición 2009 de Biocórdoba, una muestra similar, aunque en pequeñito. Despliegue de medios, periodistas de varios países, qué grande que iba a ser esta vez el certamen regional, que también es el único de su especialidad en España, cuánta gente nos iba a visitar, gran volumen económico el que íbamos a mover. Pues bien, Biocórdoba no se ha celebrado, lo hará en 2010.

Entiendo los argumentos de sus promotores para cancelar la cita, que pasan por la crisis económica y el estrés de las empresas agroalimentarias regionales por asistir a tanta feria, y recordemos que Andalucía Sabor, en Sevilla, y Biocórdoba casi coincidían en el tiempo. Sin embargo, me pregunto qué imagen de seriedad quedará de un evento anunciado internacionalmente por la Junta de Andalucía si es que, por otro lado, algo interesó a los presentes en Nüremberg, espero que sí, y lean lo que sigue, que promete.

Uno no acierta a veces a captar la trascendencia de los acontecimientos planetarios, expresión acuñada por el don de la palabra de Leire Pajín, secretaria de Organización del PSOE, y lo del don va con ironía, por si alguien no lo capta. En la rueda de prensa que en la citada ciudad alemana dio el entonces director general de la Producción Ecológica, José Román Montes, tras especificar las bondades de la muestra cordobesa describió el cierre previsto para la muestra cordobesa, que consistía, detalló, en un perol, que es tanto una salida campestre con su comida incluida (tipo romería) como un utensilio de cocina. Menos mal que dijo ecológico, así entendimos que se trataba de gastronomía, no de vasija metálica.

Imagínense la cara de los periodistas españoles allí sentados. Pero fíjense, sobre todo, en la de aquel rubio y sonrosado intérprete alemán al oír eso del perol y explicarlo, a su manera y creo que lo dejó ir, a sus conciudadanos.  El perol en Córdoba es algo tradicional, pero en Nüremberg quedaba desapercibido como acontecimiento planetario.

Y aquí llego a una de las carencias de la agroindustria andaluza. Envidia me daban en Biofach los stands italianos, ellos sí saben vender, y aunque quizás tan sólo sean imagen, la comida entra por los ojos y después, por el paladar. Las cosas están mejorando, por supuesto, y ahí se reflejan en los esfuerzos de la asociación empresarial Lándaluz, que preside Manuel Jurado, y del director general de Industrias y Calidad Alimentaria de la Junta, Ricardo Domínguez. La vinculación que han hecho entre agricultura, agroindustria y gastronomía en la feria Andalucía Sabor es todo un acierto. Ideas como ésa hacen falta, porque abundamos en lo mejor, los productos, y escaseamos en imaginación para colocarlos en el escaparate internacional.

Estar presente en una feria alimentaria no consiste sólo en colocar un expositor con productos en cuatro baldas, escatimando, con sumo espíritu tacaño, las muestras de prueba para los visitantes. Empresarios, véndanse, inviertan en marketing, en publicidad, en diseño, pónganle algo de gusto. Consejería de Agricultura, ayúdelos en esta materia. Y después, si quiere, vayámonos todos a perolear.

P. D.

La parva. A la Consejería de Economía y al PSOE se le está atragantando la reforma de la Ley de Cajas de Andalucía, en especial el apartado de la singularidad de Cajasur por haber sido fundada por la Iglesia. El respeto al pacto de fusión con Unicaja será escrupuloso, sobre todo durante el periodo transitorio. Las cosas cambiarán después.

La simiente. Mi querido Pedro Sánchez-Cuerda, director de Explotación del grupo La Raza. Le admiro. Ojalá hubiera tantos empresarios como usted que, ante los (presuntos) trapicheos de los gestores públicos, denunciaran los casos y no se prestaran, pues, a la dádiva (presuntamente) corrupta. Fíjese cómo, tirando del hilo, estamos conociendo la madeja y los (presuntos) manejos en Mercasevilla. Cuán contento se mostraba usted cuando, en la serie Marcaje al Empresario que publica cada domingo El Correo de Andalucía, decía en diciembre pasado: “El proyecto que más nos ilusiona es montar una escuela de hostelería en Mercasevilla, con restaurante y cafetería en sus instalaciones. Si todo va bien, será realidad en el primer semestre de 2009”. Lástima.

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Cajas y cajeros amarrados. La reforma

Lo que en principio iban a ser ligeros retoques de la Ley de Cajas de Ahorros de Andalucía para dar cabida a las singularidades que comporta la fusión de Unicaja y Cajasur (más Caja de Jaén) y permitir que Braulio Medel, presidente de la primera y al que le tocaba dejar el cargo tras agotar sus mandatos, capitanee esta operación se ha convertido en una auténtica reforma de la legislación de las finanzas de la comunidad autónoma. Al margen de que Medel pueda permanecer año más o menos y de que el Cabildo de Córdoba obtenga su cuota de poder adicional en la nueva entidad, los cambios regulan cualquier movimiento que se atrevan a cometer las cajas, al tiempo que atan en corto a sus cajeros.

El primer ejecutivo de la caja malagueña, en efecto, pivotará la fusión durante el periodo transitorio, que se alarga hasta los tres años, antes eran dos, y se encajará así en los 65 años, edad de jubilación, aunque Medel tiene cuerda para este rato y otros muchos. Pero esos doce meses se han agregado, además, para dar tiempo a una fusión, la de Cajasur y Unicaja, que se presume compleja, y ahí tenemos la experiencia de El Monte y San Fernando en Cajasol, que a un mes de cumplirse los dos años del periodo transitorio, en mayo pasado, aún andaba enfrascada cerrando flecos. Dos años de engranaje, otro para que ruede la máquina.

El Cabildo de Córdoba, entidad fundadora de Cajasur, obtiene más representación en los órganos de dirección de la caja fusionada, podrá elegir como quiera, y como hasta ahora hacía, a sus representantes y para ella será la segunda vicepresidencia ejecutiva, figura nueva en la ley (antes, sólo una, y si había más no tenía carácter ejecutivo). Para esa presencia reforzada otorgada a la Iglesia, los porcentajes de los distintos grupos con derecho a estar representados (impositores, entidades fundadoras, trabajadores, corporaciones locales y otras organizaciones) se alteran y se amplía el número de miembros de los órganos de gobierno.

Aunque el borrador del decreto-ley de reforma, hoy publicado por El Correo de Andalucía, no especifica cómo, regulará “expresamente” las fusiones de las cajas de ahorros andaluzas con otras que tengan su sede fuera de la comunidad (foráneas). Por un lado, está creando un marco normativo para una nueva realidad, las uniones interterritoriales, con el objetivo de anticiparse a los movimientos que pudiera haber, como el de Cajasol con las cajas extremeñas y la de Guadalajara. Por otro, evita episodios de negociación a espaldas del Gobierno andaluz, como fue el iniciado por Cajasur y Caja Murcia, una operación que la Junta no estaba dispuesta a tolerar.

Pero otras dos claves tiene esta inclusión. Primera, reservarse la última palabra en las fusiones interterritoriales, digan lo que digan la legislación nacional reguladora de las cajas y el FROB (el fondo de rescate, que adjudica a la autoridad nacional el veto en las operaciones de integración de las entidades intervenidas). Segunda, imposibilitar que la sede social de una caja andaluza se vaya fuera de la comunidad, pues en tal caso se perdería la tutela de la misma. Falta especificar cómo se materializarán semejantes claves en la reforma.

Tan importante como el capítulo anterior es la inclusión, también por vez primera, del denominado Sistema Institucional de Protección (SIP), una fórmula de integración sin perder la personalidad jurídica que, en España, está siendo experimentada por las cajas rurales, y en Andalucía por Cajamar con entidades de otras regiones. Dada la férrea oposición de Caja Granada a inmiscuirse en cualquier fusión donde ella no lleve la batuta, el SIP, cuya autorización se reserva la Consejería de Economía y Hacienda ya que se puede acometer con entidades andaluzas o foráneas, es la alianza perfecta, pues la caja se mantiene intacta, aunque dentro de un grupo cajero.

La Junta, además, concede mayores facilidades a las cajas de ahorros para captar recursos vía cuotas participativas, una especie de acciones que, a quienes compren, les reporta un dividendo conforme al resultado de la entidad (sin mermar la Obra Social) pero que carecen del derecho a voto en los órganos de gobierno.

Existe todavía mucho recelo, en especial por parte de los sindicatos, sobre estas emisiones de cuotas participativas, al entender que implican la privatización de las cajas y, de hecho, sólo una de las diez más grandes en España, la CAM, las ha lanzado al mercado. Es, sin embargo, una fórmula más para obtener liquidez, y “podría ser necesaria”, dice el borrador del decreto-ley.

Experiencia tiene Andalucía en cajeros díscolos, como lo fueron Isidoro Beneroso (El Monte) y Juan Manuel Benjumea (Caja San Fernando). La Consejería, con los cambios, aclara cuánto pueden estar en sus cargos, para que no intenten aferrarse a ellos y ante la cierta confusión que entraña la redacción actual de la ley. No en vano, en Caja Granada insistían hasta julio pasado que el presidente, Antonio Claret García, podría continuar hasta 2013 en su sillón, cumpliendo así doce años como establecen los estatutos de la entidad. No, le dijo Economía. Son dos mandatos consecutivos con independencia de que sean cuatro o seis años cada uno, y tú lo has cumplido, aunque no hayas alcanzado los doce. Ya hay pactado otro presidente, Antonio Jara.

Deja claro el borrador, pues, que cada mandato serán de seis años y que es posible una reelección, y de las cuentas sale un máximo de doce años. En casos excepcionales, como el de las fusiones y debido al periodo transitorio, el tiempo en la presidencia podrá ser superior a los seis años, pero “computará como mandato completo”. Es decir, tras cerrarse la operación, el contador no se pone a cero.

Éstas son las principales novedades de la reforma. Son de calado, no meros retoques. Queda la letra pequeña, y corre prisa.

P. D.

La parva.

En los ámbitos agrarios, de uno y otro lado, comienza a preocupar la consejera Clara Aguilera. Son muchas sus declaraciones de intenciones, pocas las realizaciones, según argumentan. Y eso se nota en las calles con las movilizaciones.

La simiente.

Toxo dejó impresionado a quienes asistieron a la conferencia que, en Sevilla, dio ayer dentro del ciclo Los Diálogos de El Correo de Andalucía. Primero, porque conectó con la audiencia por su seriedad y claridad. Segundo, por su cercanía al Gobierno, quizás incluso más que la de UGT.

 

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Doña Florero en una caja

Érase un presidente de una caja de ahorros andaluza que no sabía siquiera lo que era un fondo de inversión. En la entrevista, un lustro ha, no se apartaba ni un milímetro del cuestionario rellenado por su gabinete de prensa, loado sea, y sudores le corrían cuando el periodista alteraba alguna de las preguntas. Era financiero por obra y gracia del partido, un mero florero decorativo, como a sí misma se describiera, para lavarse culpas e imputaciones, doña Pilar Giménez-Reyna, presidenta de Gescartera. Yo no sé nada, pero cobro.

La gran asignatura pendiente de las finanzas andaluzas no es la de las fusiones. Esta última quedaría aprobada si en sus consejos de administración se sentaran profesionales, y no políticos que acceden a los órganos de dirección por fidelidad a las siglas y con el sumo agradecimiento de completar su propia cartera con las jugosas dietas. Al margen de la pecunia, su desinterés es tan grande que no pocas veces entran en las reuniones sin haberse leído el orden del día, ya votaré lo que me digan.

Se me podrá alegar que no hace falta saber de números para dirigir una compañía, es mejor ser estratega y tener visión de futuro. Pero en esta empresa llamada caja de ahorros, donde el negocio son los números, o los conoces al dedillo, en especial por dónde entran y por dónde salen, o corres el riesgo de cometer locuras, ya sea por enajenación propia (¡viva el ladrillo!) o inducida (y aquí entran los proyectos que las comunidades autónomas, que tutelan a estas entidades, estiman estratégicos y terminan siendo un fiasco).

Se me podrá alegar, también, el carácter social de las cajas de ahorros, y para eso está la sociedad representada vía partidos. Pues bien, tal responsabilidad la percibo en la Obra Social, mas no en la actividad financiera, porque a la hora de cobrar por los créditos son tanto o más careras que la banca, y al pagar intereses por los depósitos son tanto o más rácanas que la banca.

El debate de la despolitización de las cajas de ahorros es tan viejo como difícil de creer. No me refiero a sacar a todos los políticos de la cúpula directiva de una entidad, porque hay políticos tan bien preparados como cualquier banquero, sino a aquellos cargos públicos (alcaldes, concejales, presidentes de diputaciones, parlamentarios) que poco o nada aportan, salvo su condicionado voto. Y esto es válido aquí, en Andalucía, o en Madrid, donde asistimos a la encarnizada lucha entre Esperanza Aguirre, presidenta de la comunidad, y Alberto Ruiz-Gallardón, alcalde de la capital, para ganar peso, en el primer caso, o no perderlo, en el segundo, dentro de Caja Madrid.

El día que los sillones de los consejos de administración estén copados por “profesionales” (palabra de José Antonio Griñán, presidente de la Junta de Andalucía), la asignatura de las finanzas andaluzas quedará definitivamente saldada. Y los floreros, en el pasillo, a decorar.

No puedo callarme una maldad. ¿Se imaginan una reunión entre Emilio Botín, presidente del grupo Santander, y mi entrañable florero?

P.D.

La parva.

La Consejería de Agricultura y Pesca ha constituido la Mesa de Interlocución con las organizaciones agrarias Asaja, COAG y UPA. Cuando leí la convocatoria no me lo podía creer. Toda la vida hablando, dialogando y negociando y ahora resulta que hacía falta interlocución…

La simiente.

José Ignacio Goirigolzarri se va del BBVA con una pensión vitalicia de 3 millones de euros anuales. Se trata de un ejecutivo que, junto con el equipo presidido por Francisco González, ha llevado al banco a un puesto privilegiado en el ranking mundial. Su pensión es muy elevada, sí, y causa estupor en tiempos de crisis, pero ¿cuánto ha ganado el banco con su gestión?  Recordemos. BBVA es una empresa privada, sus accionistas deciden. Echemos cuentas de cuánto nos cuestan los malos gestores y carguillos de las empresas públicas, y aquí en Sevilla tenemos unas cuantas. Al menos Goirigolzarri a mí no me toca el bolsillo, los malos gestores y carguillos de empresas públicas, sí, porque sus sueldos los pagamos todos.

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