Perfil

La abeja victimista y sus bribones

Perfil publicado en marzo de 2011 en El Correo de Andalucía que recupero tras la muerte de José María Ruiz-Mateos y que complementaba otro ‘post’ de La Siega de febrero de ese mismo año (http://www.lasiega.esy.es/2011/02/) donde se daba cuenta de las relaciones de amor y odio entre las administraciones y el controvertido empresario jerezano).

…….

En un país multicolor (polen financiero en abundancia), nació una abeja bajo el sol (otrora cara al sol con la camisa nueva), y fue famosa en su lugar (empresarial y excéntricamente), por su alegría y su bondad (que, al final, resultó fingida). Y a la pequeña abeja la llamaron Maya, la traviesa (¡que te pego leche!) y dulce (con Trapa y Dhul) abeja Maya. Maya vuela sin cesar (hasta que rompió sus alas), en su mundo sin maldad (a Dios, el Opus Dei y los Legionarios de Cristo gracias). No hay problema que no solucione Maya (siempre al rescate de empresas y trabajadores), la traviesa y dulce abeja Maya. Maya, yo te quiero (te querían, administraciones incluidas). Maya, ven y háblanos de ti.

Soy José María Ruiz-Mateos Jiménez de Tejada, marqués de Olivara. Nací en Rota en abril de 1931, pero me crié en Jerez de la Frontera, donde mi padre tenía una bodega, y estudié en los Salesianos de Ronda. Heredé esa firma y comencé a exportar vino sin intermediarios, para que lo haga otro, yo. Corría el año 1961 y en pocos convertí la compañía en el mayor holding privado de España, Rumasa, fíjense ustedes, vinos, licores, hoteles, tiendas selectas, grandes almacenes, bancos, aseguradoras. Quienes me critican, bribones ellos, dicen que fue gracias al crédito oficial de la dictadura y la manga ancha de los políticos del régimen de Franco, a mí, que soy un mero trabajador, llevo toda la vida trabajando y, a punto de cumplir los 80, sigo trabajando.

El Banco de España, llegada la democracia, me avisó de una peligrosa concentración de riesgos de los bancos del holding en mis empresas y de un exceso de inversión, y repliqué ¡mentiras, todo en orden! Pero recién ocupada La Moncloa por el primer Gobierno socialista, su ministro Miguel Boyer, mal aguijón que le clave, expropió mi panal, con su miel, reina y zánganos, sin valorarlos ni calcular el justiprecio, y ni me pagó ni me paga. Fue una confiscación pura y dura, aunque ellos, a quienes negué información sobre los balances reales del grupo, argumentaron que actuaron para evitar la quiebra y males todavía mayores en una maraña de 700 empresas -se acordarán ustedes de Galerías Preciados, por ejemplo-, con 350.000 millones de pesetas de facturación y 60.000 trabajadores.

Huí al extranjero, pero por poco tiempo, dicen que para expatriar dinero, ponerlo a salvo, otra mentira que me cargan, apenas pisé la cárcel, aunque me acusaron de fraude y evasión fiscal, agredí e insulté a Boyer y me disfracé de Supermán, presidiario, chulo y torero para acudir a los juzgados, parodias con las que capté la atención de los medios y con ellas pasaré a la historia. ¿Se creían que me iba a arrugar? No.

Renací en 1986, dicen que con el patrimonio que logré poner a salvo, yo digo que de cero, y fundé Nueva Rumasa, mi nuevo enjambre, primero la bodega Garvey y el equipo del Rayo Vallecano, en cuya presidencia coloqué a mi mujer, Teresa Rivero, después los flanes Dhul, más tarde los bombones Trapa, luego recuperé la cadena hotelera Hotasa, y fui, poco a poco, al calor crediticio del boom económico, agregando firmas y marcas, Clesa, Cacaolat, Letona, Tranchettes, Santé, Elgorriaga, Cavas Hill… Allí donde había una empresa con problemas, allí que acudía yo a rescatarla y a asegurar los puestos de trabajo. Las administraciones, tan contentas, me daban ayudas y se fotografiaban conmigo, y los sindicatos, también. ¡Ah! Y en 1989, además, recibí el cariño de 600.000 votos españoles en las elecciones al Parlamento Europeo, dos escaños conseguí, que se chinchen los políticos.

Al frente del nuevo panal, mis seis hijos varones, mis siete hembras no, ellas fueron educadas para ser madres de familia, 52 nietos tengo ya. Con tantas empresas y sin despido alguno, me entrampé, especialmente con el Royal Bank of Scotland y el Santander, y cuando me cerraron el grifo, lancé emisiones de pagarés. Pese a lasadvertencias de la CNMV sobre su riesgo, engatusé a cinco mil inversores.

Y ahora no tengo caja para pagar ni a unos ni a otros, y Emilio Botín no me quiere, y miren que he rezado por él en mi capilla particular, que Dios está en mi casa y no me deja siquiera pegarme un tiro, y al banquero le he ofrecido incluso mi brandy como garantía y le he reconocido que mi devoción por el mundo obrero era sólo marketing, un mentirijilla, la Virgen, a la que amo apasionadamente, me perdone. 28 años después y tropiezo en la misma piedra. Las principales de mis 117 empresas, independientes para que no me las cojan todas, van a suspender pagos. Pero la culpa es de todos los demás, no mía, víctima soy en un país de zánganos que ya no es tan multicolor.

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Agroalimentación, Agroindustria

Aceites de oliva. Bellota a precio de cebo

Primero fue una cadena de supermercados y después otra de hipermercados. No salía de mi asombro. El aceite de oliva virgen extra estaba más barato que el aceite de oliva refinado (el normal y corriente). Como si el jamón ibérico de cebo (pienso) se comercializara más caro que el jamón ibérico de bellota. No sé si me explico bien, así que vaya por delante otra idea, ésta llevada al extremo: atún enlatado para elaborar las mil y una tapas gourmet de la ruta del atún de Zahara de los Atunes. Y no es que uno dude de las calidades de ese aceite de oliva refinado, ni de ese jamón de cebo ni de ese atún enlatado. Para nada. Las calidades se presuponen. Pero cuando se han dedicado tantísimos esfuerzos de tantísimos años a poner en valor y en su valor la categoría extra –y, por tanto, a cobrarlas bien o, al menos, en sus justos términos–, a ver a partir de ahora con qué argumentos se convence al consumidor de que la calidad, sí, tiene un precio.

Quizás saltarán algunos: sería un mero caso aislado. Pues que apunten: no sólo estoy hablando de marcas blancas, sino también de una reputadísima marca andaluza de aceite de oliva cuyos vírgenes extra se estuvieron comercializando la semana pasada por debajo de los normales y corrientes y, para más inri, con cotizaciones inferiores a las etiquetas blancas. Desconozco si semejante estrategia es atribuible a esa compañía –un gran grupo cooperativo, para más señas– o al hipermercado en cuestión, pero sí considero que es un gravísimo error y, si me apuran, una tropelía.

La coyuntura actual de precios elevados, debida a la escasez de producción que se prolongará otro año –la sequía y las altas temperaturas han causado estragos en el olivar andaluz, y con esta evidencia ya juegan todos para la próxima campaña–, no puede ser una excusa para ganar más –unos y otros– y echar por tierra el inmenso trabajo realizado para diferenciar los aceites. Son cortas miras que tendrán sus consecuencias, y quienes las practican muestran una enorme insensibilidad en el caso de las cadenas comerciales o una traición en el caso de las aceiteras, a quienes, para colmo, se les llena constantemente la boca para pedir y pedir y pedir ayudas a la promoción de nuestro oro verde. Manda…

Y, por cierto, eso de nuestro vamos ya a relativizarlo y a ponerlo en cuarentena. Datos oficiales del Ministerio de Agricultura: hasta julio pasado –sobre una campaña que se inició en octubre– España había importado 132.700 toneladas de aceite de oliva, más del doble que las 57.600 de todo el periodo de comercialización 2013-14. Si añadimos a esta cifra las 837.700 arrojadas por la industria oleícola autóctona, se concluye que una de cada seis botellas puestas a la venta en esta campaña es de origen extranjero, y eso sin contar lógicamente con las consabidas mezclas de procedencias… Y que no se deduzca de aquí un ataque a las envasadoras nacionales. En absoluto. Si no hay cosecha, habrá que comprarla donde la haya, sea en Túnez, Portugal o Marruecos, salvo que queramos cargarnos el mercado español con precios realmente prohibitivos.

Y esto nos lleva a otra reflexión. Sin restar importancia a la preferencia que se ha de guardar a la producción olivarera española por parte de las envasadoras, recuerden todos este capítulo de carestía para, en lo sucesivo, no escupir a quienes, hoy por hoy, están aportando parte del aceite de oliva que se consume en España y se exporta desde España. Porque, señores, están permitiendo que España no pierda ni capacidad de producción industrial, ni consumo interior ni mercados exteriores, esto es, los tres elementos esenciales e indispensables para continuar colocando nuestro aceite cuando nuestros olivos vuelvan a estar cargados.

¿Habría algún resquicio que justificara que el precio del virgen extra sea inferior al del aceite normal y corriente en las estanterías de los supermercados e hipermercados? Entre finales de julio y principios de agosto, hubo días en los que la cotización del aceite de oliva lampante (necesita ser refinado antes del envasado y consumo) en los mercados de origen (agrarios) estuvo por encima de la marcada por el virgen y éste, a su vez, se compraba más caro que el virgen extra. Sin embargo, las diversas gráficas del sistema de precios en origen Poolred de la Fundación del Olivar revelan que sólo fueron momentos puntuales, sin grandes diferencias de valores y, además, inmediatamente las diferentes categorías del oro verde encarrilaban sus tradicionales y lógicas tendencias –en la actualidad son entre 15 y 20 céntimos los que distancias a una de otra: 4,18 euros el kilo de virgen extra, 4 el virgen y 3,85 el lampante–.

Por tanto, no es argumento. Quedarían, por último, otros dos alegatos: uno, que el aceite de oliva normal y corriente es el más consumido en la cocina y, por tanto, a más demanda, más precio, cosa incierta pues no cabe comparar el zumo directo de la aceituna, que es el virgen extra, con aquél que requiere de procesos industriales para reducir su acidez y adaptarlo al paladar; y dos, las mezclas entre las distintas calidades para vender como superior la que es inferior, entrando aquí en el terreno del fraude, o a la inversa, tratando así de comercializar con los buenos precios récord actuales el virgen extra sobrante –y esto último debería ser también objeto de contundente denuncia pública por parte de esas organizaciones agrarias que recurrentemente se quejan de ventas por debajo de coste en determinadas cadenas de supermercados e hipermercados cuando las cotizaciones en origen se derrumban–.

Todos estos caminos nos conducen a la misma Roma: un daño tremendo a la imagen del aceite de oliva y, en especial, al virgen extra, horadando el mimo con el que, ahí al ladito, en la misma estantería del establecimiento comercial, otras muchas firmas andaluzas trabajan, seleccionan, envasan, empaquetan, tematizan y comercializan su oro verde extra como lo que realmente es o nos hicieron creer, un producto delicatessen o gourmet.

P.D.

La simiente. Cuando el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero eliminó la cuota cameral obligatoria que pagaban empresarios y autónomos a las Cámaras de Comercio, la de Sevilla revelaba que estaba parapetada de los estragos gracias a la diversificación de sus ingresos y actividades. En efecto, junto con un duro plan de ajuste de plantilla, la institución cameral presidida por Francisco Herrero se adentró en el negocio de la formación reglada con la compra del campus EUSA –la mitad primero, la otra mitad después– y se hizo con el club Antares (centro empresarial y deportivo) que había caído en concurso de acreedores (o suspensión de pagos). Pero estén atentos, que para EUSA existen concebidos planes para ampliar el campus, sus disciplinas, idiomas e incluso alianzas universitarias, y para el club Antares, que en 2015 se encamina hacia la rentabilidad, se ha previsto una búsqueda de socios inversores y/o gestores…

La parva. Dos crisis bursátiles de la compañía Abengoa en menos de un año es, cuanto menos, preocupante, sobre todo si se tiene en cuenta que ambas están provocadas por una misma incertidumbre: el nivel de deuda. Al igual que por su constante innovación tecnológica, loable y mundialmente reconocida, la multinacional sevillana se ha caracterizado por una constante innovación financiera, donde ha puesto los huevos en numerosas y, sobre todo, rebuscadas cestas. Y esto último, si no se gestiona bien y con mesura, puede resultar tan peligroso como poner todos los huevos en la misma cesta…

La paja. No pocos bancos españoles están llamando por teléfono a sus clientes ofreciendo eliminarles inmediatamente las cláusulas suelo de sus hipotecas –ya, en cuanto me digan sí o sí–, porque ellos son muy buenos y como gesto, pues, de buenísima voluntad. Eso sí, con la grabación de por medio, los hipotecados deben renunciar a pleitos judiciales y, por tanto, a todos los importes cobrados en exceso –y que los jueces consideran abusivos– de todos los años en que las cláusulas suelo impidieron aprovecharse de las rebajas del Euríbor. “Oiga, tengo una oferta para usted…”. ¿Una oferta? ¿Quién le hace el favor a quién?

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Periodismo

Todo cambia

He vuelto a escuchar a Mercedes Sosa. A oscuras. Siempre lo hago cuando me enfrento a una cuestión trascendente que requiere, ante todo, sosiego. No hay voz que transmita tanta paz. Sea cual sea la canción que elija, inexcusablemente viene rematada de Gracias a la vida. Y en esta ocasión, sí, he optado por Todo cambia.

No ha sido fácil dejar la Redacción de un periódico. Nada fácil. Primero Diario 16 Andalucía, después Diario de Andalucía, más tarde Diario de Sevilla y finalmente El Correo de Andalucía para marcar un punto y aparte –no final–  a veinte años de papel. Quienes profesionalmente estamos curtidos en él sabemos cuánto gusta, cuánto engancha, cómo se mete la tinta en las venas mañanas, tardes, noches y madrugadas, sin importar las largas horas porque, al fin y al cabo, seguimos siendo románticos –¿tontos románticos o románticos tontos?–.

Fue en octubre de 2007 cuando Antonio Hernández Rodicio me llamó, vía Inma Carretero, para forjar una sección propia de Economía en El Correo de Andalucía que, sin perder la perspectiva general, otorgara prioridad a las cosas de aquí. Bastaron dos reuniones, la segunda con cerveza de por medio en el Arenal, para convencerme, aunque con la primera estaba ya convencido. El empuje definitivo, sin embargo, vino de Juan Contreras –cuya trayectoria, que conozco desde sus inicios, admiro sobremanera tanto como su humildad y su compañerismo–, quien en esos días también, lágrimas incluidas, abandonó Diario de Sevilla y pasó al decano de la Prensa de Sevilla.

¿Y te arrepentiste? Me lo han preguntado muchísimas veces, en especial en las épocas malas, malísimas, cuando El Correo de Andalucía estuvo a punto de cerrar por la acción u omisión de empresarios malandrines –y antes de seguir, un inciso: tengo que reconocer públicamente la valentía del empresario Antonio Morera Vallejo al comprar un rotativo que estaba condenado, sí, a la muerte, y que trata de salir adelante en el complejísimo negocio de la comunicación y, sobre todo, de la prensa escrita–. Pues no, nunca me he arrepentido. En la sede de Américo Vespucio, justo frente a la Facultad de Comunicación, disfruté momentos de absoluta libertad, la palabra más anhelada por un periodista, y nadie puso cortapisas siquiera a los contenidos iniciales de este blog. Encontré, además, una plantilla donde abundaban jóvenes y magníficos profesionales, sabedores de trabajar en una escuela de periodismo y de la responsabilidad de ser partícipes del diario con más historia de la provincia: el decano.

Pero llegaron las estocadas. Las de la crisis económica y las que no eran de la crisis económica, que también las hubo, y que quizás fueron las más dolorosas. Y una tras otra y el periódico se desangraba, y en la forzada fila india de una particular y muy triste ribera del Darro paseaban muchos de los mejores, tanto plumillas como foteros. Cuando hace algo más de año y medio las circunstancias se retorcieron hasta episodios esperpénticos que hablaban de estafadores, conspiraciones, abogados, comités, encierros, notarios y engañifas –para escribir una novela–, la impresionante y no imaginada ola de apoyo y calor social despertada en Sevilla fue como el suero para alimentar esperanzas. Y así fue. Con otro empresario, con otra empresa, con otra sede, también con otras formas.

Dejo una Redacción de El Correo de Andalucía con redactores, créanme, excepcionales como profesionales, a los que su trabajo les encanta, y, lo que es más importante, como personas. Son muchos, los de entonces y los de ahora, y sería este post del blog La siega larguísimo si mencionara de todos y cada uno ellos. Perdónenme los demás si elijo once que resumen, por unas u otras cosas, cuánto bueno reside aún allí…

Mi Isabel Campanario, ahí juntitos ambos haciendo Economía, tantos años siempre pidiendo estar a mi vera, y yo a la suya.

Mi Nicol Jiménez, la eficiencia personificada como periodista y como madre.

Mi María José García, mujer entrañable, sonrisa de rojísimo carmín y tacones medios que retruenan, buena gente donde las haya.

Mi Ana Trujillo, flamenca, sosiego y siempre una buena palabra.

Mi Antonio Morente, la virtud de la paciencia (El Correo le debe muchísimo más de lo que muchos se piensan).

Mi Luis Lastra, trabajador, puntillita, negro humor, quien nunca dejará de recordarme que soy periodista gracias a sus apuntes de facultad.

Mi Diego Díaz, jovencísimo pero con dos dedos de frente, o más bien cuatro, un auténtico descubrimiento para mí por su valía y honestidad.

Mi Txetxu Rubio, servicial, aviador recuperado y en recuperación, a quien alterno el estimado y el querido.

Al otro lado del muro, mi tándem Águeda y María, con sus muchos ratos de trabajo y también los no pocos de carcajadas.

Y, claro está, mi Juan Contreras, mi hermano, y con esto te lo digo todo.

Hay un momento en la vida, cuando se pasa la barrera de los 40, en el que hay que pararse, echar la vista atrás, analizar el pasado y, con la conclusión obtenida, encarar el futuro. Ese momento ha llegado para mí. Me queda media vida de carrera profesional. Sólo media, el tiempo pasa muy deprisa. Y mientras finalizo estas líneas, vuelvo a escuchar a Mercedes Sosa…

Cambia lo superficial 
cambia también lo profundo
cambia el modo de pensar
cambia todo en este mundo

Cambia el clima con los años
cambia el pastor su rebaño
y así como todo cambia
que yo cambie no es extraño

Cambia el más fino brillante
se mano en mano su brillo
cambia el nido el pajarillo
cambia el sentir un amante

Cambia el rumbo el caminante
aunque esto le cause daño
y así como todo cambia
que yo cambie no es extraño

Cambia, todo cambia

Cambia el sol en su carrera 
cuando la noche subsiste
cambia la planta y se viste
de verde en la primavera

Cambia el pelaje la fiera
cambia el cabello el anciano
y así como todo cambia
que yo cambie no es extraño

Pero no cambia mi amor
por más lejos que me encuentre
ni el recuerdo ni el dolor
de mi pueblo y de mi gente

Lo que cambió ayer
tendrá que cambiar mañana
así como cambio yo
en esta tierra lejana

Cambia, todo cambia

Pero no cambia mi amor

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Energía

Encender y pagar la luz por horas

“No hay quien entienda el recibo de la luz”. José María Marín, presidente de la Comisión Nacional de los Mercados y de la Competencia (CNMC), 14 de abril de 2015. El Ministerio de Industria confiere la enésima vuelta de tuerca a la factura de la electricidad, al cómo se cobra, y la sentencia de Marín es válida para ayer, para hoy y para mañana, puesto que la nueva tarificación por horas, que, grosso modo, implica calcular el importe cada hora de cada día en función de los precios en el mercado mayorista –a los que sumar los diversos impuestos–, se sustenta sobre la parte contratante de la primera parte.

En efecto, un simple vistazo a la resolución de Industria publicada en el Boletín Oficial del Estado (BOE) el pasado 4 de junio y por la que se aprobaban los detalles de la operación de cálculo, revela la gran complejidad de una fórmula repleta de conceptos eléctricos, siglas y signos matemáticos para multiplicar, sumar, dividir, restar y elevar a la equis potencia.

La que ahora se inicia es una sencilla guía para saber quién se beneficia de esta nueva tarificación por horas y en qué consiste una fórmula que, según versión oficial, contribuirá a abaratar el recibo. La fecha de inicio: el próximo 1 de julio, un mes antes de lo previsto, aunque hay un plazo de tres meses –1 de octubre– para la necesaria adaptación informática.

Factura

 ¿Quiénes? Los hogares con la tarifa regulada y el contador electrónico.

Dos condiciones inexcusables de entrada. Una, hay que estar acogido a la tarifa regulada: la antigua TUR o ahora Precio Voluntario para el Pequeño Consumidor (PVPC), a la que se adscribe la inmensa mayoría de los hogares en España. Y dos, el contador de la vivienda ha de ser inteligente, digital y telegestionado. No vale el equipo tradicional –el de la ruedecita–, sino el que las eléctricas aún tratan de implantar en todas las casas.

Esa telegestión permite tanto la lectura del consumo como la realización de operaciones de forma remota gracias al desarrollo de un sistema de última generación de comunicaciones entre los contadores inteligentes, que sustituyen a los dispositivos tradicionales, y la propia compañía eléctrica.

Endesa, hegemónica en el mercado andaluz, está desplegando un plan de sustitución de todos los contadores de los clientes con una potencia contratada de hasta 15 kW, es decir, que es la correspondiente a los llamados suministros domésticos. El proceso arrancó en 2011 y no estará completado hasta 2018 (la friolera de 11,5 millones de equipos en España). Eso sí, la tarifa regulada queda actualmente reservada para potencias inferiores a los 10 kW.

Para que se entienda: sólo un contador digital puede comunicar los datos al instante y facilitar el cobro de la energía por horas.

¿Cuánto? Un precio que varía cada hora y con facturas desiguales.

“El precio de la luz puede cambiar cada hora, según evolucione el mercado eléctrico, por lo que nunca será igual en tus facturas y no es posible conocerlo con antelación. Con esta alternativa, el importe de tus facturas dependerá de otros factores adicionales al nivel de consumo, como el clima o la demanda de energía”. Es el certero resumen que hace en Endesa.

En concreto, en el llamado mercado mayorista, o pool eléctrico, se compran y venden paquetes de electricidad hasta cubrir la demanda nacional para un día, según la estimación de consumo que durante la jornada anterior ha calculado la compañía Red Eléctrica Española (REE) y con un precio que, cada tarde, quedará publicado en su página web como referencia para que los consumidores finales (los hogares) sepan a qué atenerse.

El problema: ¿Y quién será capaz de estar pendiente siempre de la web de REE y de su propio contador digital para planificar el consumo personal y, por tanto, el gasto? Pues no. No me imagino al consumidor, al ama o amo de casa, delante de su dispositivo para controlar ese kilovatio que se escapa del presupuesto. Pero seguro que surgen aplicaciones móviles (APP) que cubran esta necesidad…

Endesa

¿Cómo? Tarde y noche más caras, y madrugada y mañana más baratas.

Las horas más caras suelen ser las de la tarde y la noche por la sencilla razón de que el consumo se incrementa sustancialmente con respecto a la madrugada y la mañana. ¿Por qué el clima también influye? Si hay viento, la aportación eólica abarata el sistema.

Pero las oscilaciones de la cotización tendrán efectos sólo para el 37 por ciento del recibo de la luz, dado que el grueso del mismo lo conforman los impuestos y peajes varios, sobre los que no cabe aplicar rebaja alguna. Y esa es la realidad: el limitado impacto. Cojamos una factura cualquiera. Potencia contratada: 4,4 kW, y sólo por eso ya van 29,9 euros intocables; por energía consumida, otros 22,72 euros, y aquí es donde tan sólo cabe ahorrar con la tarificación por horas; por impuesto de electricidad, otros 2,69 euros; por alquiler de equipos de medida y control (el contador), otros 1,16 euros; y por el IVA aplicado del 21 por ciento, otros 11,86 euros. En total, 68,33 euros.

¿Y qué pasa con quienes no disponen de contadores inteligentes? Se les continuará facturando como hasta ahora.

P.D.

La simiente. Todo cambio –otro más– en el recibo de la luz será bueno si lleva aparejados un ahorro para el consumidor y un menor impacto sobre el medio ambiente por la generación de la energía eléctrica.

La parva. Tal y cómo empecé esta Siega. “No hay quien entienda el recibo de la luz”.

La paja. Y para colmo, la tarifa del alquiler del contador se incrementa, y lo hace sustancialmente. ¿No les suena a lo comido por lo servido?

 

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In memoriam

Mi querida Olatz

SAMSUNG DIGITAL CAMERAHan pasado casi seis meses desde aquella llamada de madrugada que ya sabía que anunciaba tu muerte, querida Olatz. Al otro lado del teléfono, la voz de María José Guzmán, ese ángel, sí, que te acompañó durante tan penosa enfermedad sin más interés ni tampoco obligación que las que entraña la amistad, sonaba tranquila, señal inequívoca de que, en su interior, hervía un manojo de nervios. Precipitarme a tu casa y encontrarme allí a Elisa Navas, Reyes Lama, Paco Pepe, Asunción Fernández de Castillejo, Ignacio Díaz Pérez y Rafa Rodríguez –ese otro ángel–, con María Luisa Suero en ausencia aunque presente, me sirvieron para comprobar la calidad humana de todos ellos, y qué labor tan loable y tan callada de la Asociación de la Prensa de Sevilla, a la que debo gratitud y el mismo silencioso respeto.

Parece mentira que a ti, que tanto te gustaba hablar, fuera un cáncer de lengua el que la vida te segara –fíjate, ya recurro a jerga agraria–. Mi primer recuerdo tuyo, yo tímido becario en aquella Redacción de Diario 16 Andalucía que fue, como para tantísimos otros, mi verdadera escuela de Periodismo, es el de una mujer de cabellos tintados de indescriptible rojo gritando que alguien, yo, había pedido Economía. E inmediatamente, una gran conversación sobre eso de la Economía donde tú charlabas y yo… asentía.

Desarrollé, te confieso, una envidiable capacidad para aislarme y seguir trabajando mientras tú, que intuía que andabas detrás de tu habitual montaña de papeles con riesgo permanente de alud, lanzabas tu sempiterna perorata. Era meterte en conversaciones de aquí y de allí, la habilidad para coger al vuelo retazos de unas y otras y hacer malabares con tu lengua. Sí, esa. El radar siempre alerta hasta que, uy, qué horas, tus uñas, no tus dedos, tecleaban –más bien aporreaban– en el Edicom 4000, el programa informático de edición con columnas de verdes letras y verdes números y ¡¡¡hasta tres pasos!!! para colocar un simple punto y aparte.

Como becario y después como redactor del club de las 60.000 (las pesetas del primer contrato en prácticas, ése que hacía la cuenta número dos o tres del que, a la larga, sería un rosario de reformas laborales), en aquella nave del Polígono Calonge trabajé como un mulo pero fui feliz. Hoy, querida Olatz, recorro en coche aquel trayecto que, veinte años atrás, lo hiciera andando entre la parada del bus de Parque Alcosa y la Redacción, un kilómetro de lluvias en invierno y sol de justicia en verano, y no hay día sin añoranza…

Te debo lo que soy, y no te quites mérito. La especialización en Economía, la orientación hacia el Periodismo Agroalimentario, la agonía por el trabajo –aquí te lanzaría un cierto reproche–, la querencia por un papel que, dicen, tan sólo dicen, está llamado a desaparecer y esa alegría de tonto satisfecho cuando, casi a medianoche, sacabas de la rotativa, todavía caliente y entre el traquetear de máquinas y el olor a tinta y bobinas, el periódico impreso de la primera edición de Diario 16, la que iba para Málaga.

Se cerró Diario 16 Andalucía justo cuando, de madrugada, detuvieron a los etarras asesinos de Alberto Jiménez-Becerril y su esposa, Ascensión García. Yo tenía la exclusiva, la casualidad hizo que coincidiera cuando volvía de copas con mi colega Javier Mariscal, a quien guardias civiles como armarios le encañonaron, a él y a su bicicleta, y, sin embargo, no tenía periódico donde escribir y sí un grupo de compañeros que trataban de buscarse la vida tras una nefasta gestión de empresarios malandrines. Tú y yo volvimos a coincidir, por muy breve tiempo, en Diario de Andalucía, y a partir de ahí, caminos distintos…

…que volvieron a converger gracias, sí, a la especialización económica. Para ti hubo años buenos, otros regulares y momentos malos, pero me quedo con esa cara de alegría –no lo puedes negar, te he pillado– que manifestabas cuando coincidíamos en ruedas de prensa, mientras que la mía, además, traslucía el respeto hacia la maestra. Y qué decir de los viajes juntos por motivos de trabajo, y ese saber comer y beber de mesa y mantel que tantísimo te gustó. Y las anécdotas. El hotel que se nos quemó en La Antilla, la maleta pink –así la bautizó aquella antipática azafata– perdida por París, las manifestaciones agrarias en Luxemburgo y Bruselas, el ir de compras y no comprar nada en Milán, los sujetadores y las bragas ecológicos de la feria de Berlín, la ciudad de Varsovia adonde prometimos no volver más, la indigesta cena de Nuremberg –nunca habíamos comido tanto–, la rabona que hicimos en Basilea para poder visitar la ciudad e ir, cual chiquillos, de puesto en puesto de la plaza central para probar sus mil y un quesos… Basilea… No podré olvidar tu dolor de muelas tras comer queso fundido con pan, y que no era dolor de muelas sino tu principio del fin…

Catorce meses después, tras llevarte al hospital, en un trayecto en coche donde hablamos, sí, de agricultura y de las páginas que aún tenías que escribir para el suplemento agrario de Diario de Sevilla, en un intento de olvidarte (y olvidarme) de las habitación de Oncología y esas agujas que para ti (y para mi) constituían un lógico martirio, te quitaste el sombrero y, sorpresa, logré, so coqueta, arrancarte unas risas hablando de tus pelos. Suerte tienes, te salen, a mí no. “Pero canos, tengo que ir a la peluquería, a teñirme, aunque todavía no sé de qué color”. “Pues rojo indescriptible, mujer”. “¡Ay, cómo eres!”. Y al despedirme y darte dos besos, mi querida Olatz, sabía que jamás te volvería a ver.

Han pasado casi seis meses y, ya con el sosiego en el alma, te dedico esta primera entrada del recuperado blog La siega. Porque hay personas que te marcan en la vida, y tú has sido una de ellas. Junto con tu nombre, Olatz Ruiz Melero, reza en tu lápida: Periodista. Qué mejor epitafio para tu vida…

Yo quiero ser llorando el hortelano
de la tierra que ocupas y estercolas,
compañero del alma, tan temprano.
(Miguel Hernández)

 

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General

Mis mujeres y yo

Mi querido señor Miguel Arias Cañete:

Le han llovido chuzos de punta desde que usted dijera aquello que dijo sobre su presumida superioridad intelectual respecto a una mujer. Lo lanzó contra una en concreto, su rival socialista en las elecciones europeas, Elena Valenciano, aunque, cobardía de por medio, obvió su nombre, generalizando así el comentario de una supremacía del macho sobre la hembra. Pues déjeme que le cuente algunas cosas.

Cada vez que uno oye este tipo de comentarios, rayano en el insulto, piensa en su madre o hermana. Mujer es una y mujer la otra, y uno, varón, con todos sus estudios al hombro, ni a la suela de los zapatos le llega en conocimiento de la vida. Sería yo un desagradecido si me atreviera a alardear ante cualquiera de qué, señor Cañete, de qué.

Mujer fue mi primera jefa, Olatz Ruiz, allá en Diario 16 de Andalucía, hace ya muchos años, cuando uno era veinteañero y no sabía del mundillo periodístico absolutamente nada, y menos de la cosa económica, a excepción de las teorías de letras y números que arrastraba de la universidad. Eternamente agradecido le estaré a ella, una mujer. Mujeres fueron las compañeras de profesión del ABC de Sevilla de las que aprendí, mucho y bien, en aquellos primeros años: Encarna Freire, Estrella Yáñez y Pilar de Andrés.

No volví a tener jefa directa, pero mujeres fueron mis primeras compañeras en Diario de Sevilla, Rocío Martín, Mariví Gómez, Carmen González, Marta Cañal y Beatriz Colado –todas ellas hoy al mando de relevantes departamentos de Comunicación–, y después se sumaron Isabel Campanario y Eli García, y, en no pocas ocasiones, a las órdenes estuve de otra gran mujer, María José Guzmán.

Ya en El Correo de Andalucía dos mujeres me acompañaron, Isabel Campanario y Clara Campos, hoy sigue conmigo la primera y, hasta ayer mismo, Iria Comesaña. Enfrente tengo a mujeres, detrás tengo a mujeres, a mi izquierda tengo mujeres y a mi derecha no las tengo por la sencilla razón de que están las ventanas. A ellas las escucho por las noches, porque de aquí se sale muchísimas veces de madrugada, cómo hablan con sus hijos pequeños para desearles buenas noches, para decirles que se porten bien, para preguntarles por la pupa del dedito que se han pillado con la puerta. Y siguen después tecleando con suma entereza, profesionales ellas a más no poder. Qué verdad es eso de que la profesión va por dentro: la de la vida.

No vi, señor Arias Cañete, ni una sola mujer en esa reciente foto de su jefe, Mariano Rajoy, con los mandamases de las grandes compañías españolas. Cuento dieciocho hombres, más el presidente del Gobierno central. Que digo yo que alguna o muchas habrá con méritos sobrados para haber estado. No reclamo igualdad plena para la imagen, complicado en un mundo empresarial y bancario aún dominado por los machos. Pero la ausencia dice mucho.

Me replicarán, oye, que hay tela de mujeres en su Ejecutivo y es mujer la sucesora de Arias Cañete al frente del Ministerio de Agricultura, Isabel García Tejerina. Es evidente, ojos tiene uno, como también los tiene para dejar constancia de que aquélla es una auténtica foto denuncia.

No dudo, señor candidato popular, que usted le dé mil vueltas, porque se las da, a Elena Valenciano en cuestiones comunitarias. Lógico. Lleva usted muchos años ya recorriendo los pasillos de la Comisión y el Parlamento europeos, precisamente allí donde se forjan las negociaciones y, por tanto, la influencia para el país –y, además, para ser comisario, ¿verdad?–. La socialista, en cambio, novata es, como en su día lo fueran la también socialista Elena Espinosa y la ministra de izquierdas Rosa Aguilar, que de la cartera que ejercían, Agricultura, no entendían de la misa a la media, y menos de cómo manejarse en Europa –y así nos fue en algunas reformas agrarias–. Pero entre eso y proclamar su superioridad intelectual hay un abismo.

Lo que nos jugamos en Europa en estas elecciones es muchísimo más que la polémica desatada con sus desafortunadas palabras pues, al fin y al cabo, Europa nos condiciona absolutamente todo lo que, hoy por hoy, es economía en España. En efecto. Es más, la oposición debería ya abandonarla, no seguir porfiando, y tendría que hacerlo básicamente por una razón: porque se necesitan propuestas serias, no palabras que resultan incoherentes –tirando por lo suave– al compararlas con qué se hizo en tiempos de José Luis Rodríguez Zapatero ni verborrea barata. Y, mi querido Miguel Arias Cañete, ha de salir de usted mismo la petición de perdón para cerrar definitivamente la herida, y se lo pide el hombre que esta carta firma y que siempre estuvo y está rodeado de tantas inteligentísimas mujeres.

En Sevilla, a 19 de mayo de 2014.

P.D.

La parva. Es curioso que los socialistas andaluces desempolven la denuncia de que el Gobierno central nos quiere quitar y llevarse la «caja de ahorros» Unicaja, cuando de caja de ahorros sólo tiene unos órganos de gobierno que pintan poco a la hora de decidir la estrategia financiera de Unicaja Banco, y lean bien, banco y no caja de ahorros. Pues, a la vista de cómo ha quedado el mapa financiero regional, con cajas intervenidas por el Estado o rescatadas, a Dios gracias, por otras foráneas, la polémica se antoja trasnochada, y dan ganas de gritar: ¡Políticos de uno y otro bando, dejen las cajas tranquilas ya, que bastante daño les hicieron! La cuestión no está en las cajas de ahorros, sino en las cajas rurales. Éstas sí pueden cambiar, y mucho, con una reforma que las podría reconvertir en bancos finiquitando su modelo cooperativo. Clave: en estas últimas no se sientan políticos…

La simiente. Déjenme que dedique esta buena Simiente a Iria Comesaña, hasta ayer compañera de la Sección de Economía de El Correo de Andalucía y la presidenta de su comité de empresa. Nacida y crecida en esta escuela de periodismo que es el decano de la Prensa sevillana, ejercerá ahora el Periodismo desde otro bando, y seguro que con tantísima profesionalidad como ha demostrado aquí durante década y media. El vacío dejado es triple: uno, como periodista; dos, como líder y portavoz de un movimiento de los propios trabajadores en defensa de El Correo que arrancó la simpatía del conjunto de la profesión periodística y de la ciudad de Sevilla, permitiendo su continuidad integrado en el grupo Morera y Vallejo. Y tres, y sobre todo, como persona. Suerte.

La paja. Lo sucedido este año con la fresa onubense y lo que puede suceder con el melocotón y la nectarina de Sevilla –estamos en el inicio de la campaña– debe hacer reflexionar a los agricultores andaluces, de una vez por todas, sobre la necesidad de realizar una decidida apuesta por mejorar los canales de comercialización y unirse para gestar plataformas para una venta directa. En ambos casos se trata del mismo problema: las altas temperaturas han hecho que estas producciones regionales hayan coincidido en los mercados con otras de comunidades autónomas y países distintos, de ahí el desplome de precios. Pues si eso ha ocurrido, cabría preguntarse si seguimos compitiendo sólo en precios. Si la respuesta es un sí, muy mal vamos.

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Luis Olivencia ‘in memoriam’

La última vez que hablé con él fue en febrero pasado a cuenta de una duda sobre una compañía sevillana en proceso de liquidación sobre la que mucho habíamos hablado –y también cotilleado–. Cogió el teléfono, nunca hizo lo contrario, y me obsequió con una de sus clases magistrales. «Perdona, Luis, no quiero molestarte», me excusé. «Nunca lo hiciste y nunca lo harás. Siempre estaré aquí. Llámame para lo que necesites». Acto seguido, como en tantas otras ocasiones anteriores, me recordaba que uno de sus primeros trabajos fue para El Correo de Andalucía, y con eso bastaba para sentir una humilde y sempiterna deuda con este periódico.

Tanta que hoy revelo que, allá por noviembre de 2013, cuando un individuo malandrín trató de hacerse con este centenario rotativo a través de artimañas societarias ajenas a cualquier empresario –e incluso persona– de bien, Luis Olivencia Brugger atendió la desesperada llamada de este periodista para, en nombre de toda la Redacción, pedirle ayuda y consejo. «Ya sabes, Juan, que estoy limitado. Pero si me necesitáis, allí voy». «No, de veras, no hace falta», repliqué. Sólo unos minutos después, sonaba el teléfono: «Juan, estoy más tranquilo. Pepote (el abogado y expresidente de la Junta de Andalucía José Rodríguez de la Borbolla) va para allá».

Días más tarde, los trabajadores en Plaza Nueva, manifestándose, denunciando su crítica situación y buscando una salida empresarial para este diario. «Desde aquí os puedo ver, pero no puedo bajar para estar con vosotros», y de nuevo sacaba a relucir su vinculación con El Correo de Andalucía. En la sombra de su enfermedad, reconfortando él, no siendo él reconfortado. Es el remordimiento que aflora mientras estas líneas escribo, o quizás la sana envidia hacia su gran persona.

Porque, al margen de su valía profesional, que era muchísima, Luis era –y es y será por siempre– todo un caballero. Quienes trabajamos en el periodismo económico de Sevilla abusamos, sí, de él. Porque opinaba, y bien, de las cajas de ahorros. Porque argumentaba, y bien, sobre las cuestiones mercantiles. Porque explicaba, y bien, los entresijos de los concursos de acreedores. Porque se quejaba, y bien, de la lentitud de la Justicia –«los juzgados son cementerios de empresas». Y, además de todo eso, transmitía una humildad y una sencillez que ya quisieran para sí muchísimos de quienes conforman la sociedad de la abogacía y, si me apuran, ésa que llaman la sociedad sevillana. Retaguardia, pese a ser quien era…

Le bastaba Tarifa para ser feliz y Tarifa y sus atunes estaban presentes en su despacho del bufete Cuatrecasas, Olivencia-Ballester en el histórico edificio de La Unión y el Fénix de Plaza Nueva. Véase aquí una enorme fotografía en blanco y negro. He de admitir que, mientras contaba su relación adolescente y amorosa con esa ciudad de los vientos, mis ojos se iban hacia carpetas y archivadores donde rezaban nombres entonces protagonistas en plena ebullición de las fusiones de cajas de ahorros y de empresas andaluzas y españolas. Cuánto titular allí escondido…

Le gustaba, sí, este mundillo periodístico, y ahí queda su rúbrica en El Mundo –sentido obituario el parido de la pluma de Sebastián Torres– y Expansión. Es más, tenía un pellizco de periodista nato. El respeto y el reconocimiento hacia la labor del periodista y de la prensa –cuántos fueran como vos, querido Luis– era escrupuloso. Sus incursiones –«escaramuzas»– las tuvo en las redes sociales: un blog de sus escritos y un twitter ahora vacíos. Luis Montoto, de ABC de Sevilla, le dedicaba su artículo del pasado domingo –léanlo, dice mucho sobre la personalidad, el magnetismo y la discreción que caracterizaban al letrado–. «Muy apenada por el fallecimiento de Luis Olivencia, siempre tan servicial y con un trato afable y paciente desgranando el Derecho Mercantil», escribía en twitter mi compañera Isabel Campanario, un pesar compartido por quienes en la Prensa tuvieron –tuvimos– la inmensa suerte de conocerlo, tratarlo, admirarlo y quererlo.
Allí donde estés, querido Luis, seguro que sigues siendo el mismo. Descansa en paz.

P. D.

La parva. El proyecto para el dragado de profundización del río Guadalquivir en varios de sus tramos desde Sevilla capital hasta su desembocadura en Sanlúcar de Barrameda ha recibido un auténtico varapalo por parte del Consejo de Doñana y de la Junta de Andalucía, a través de su Consejería de Medio Ambiente. La alternativa de protección de las márgenes del río propuesta por la Autoridad Portuaria no convence, de ahí el no rotundo, y vuelta a los chiqueros. Yo, a estas alturas de la larguísima película, me pregunto si, en lugar de este ir y venir, no sería mejor y urgente que unos y otros se sentaran –la educación no me permite gritar ¡de una puñetera vez!– en una misma mesa y consensuaran medidas preventivas y correctoras que posibiliten afrontar las obras del dragado. Y si realmente no existen, pues hombre, dejen ya de marear y generar falsas expectativas.

La simiente. Después de varios años de declive en la formación de directivos de empresas –ya se sabe que la formación es precisamente una de las grandes damnificadas en tiempos de crisis económica–, el alumnado vuelve a clase. Sí, lo confirman en la escuela de negocios andaluza Instituto Internacional San Telmo, que aprecia ya un repunte en sus principales programas (el PIDE y el AD-1). Una institución académica que, por cierto, acaba de recibir un auténtico espaldarazo internacional tras la decisión de Carrefour de que sus directivos de cualquier parte del mundo se formen en San Telmo –en las sedes de Sevilla o Málaga–. De hecho, una de sus especialidades formativas es la agroindustria y el conjunto de la cadena alimentaria.

La paja. ras las investigaciones afloradas sobre el presunto fraude masivo en las ayudas a los cursos de formación para parados y trabajadores en Andalucía, y como si no tuviéramos ya suficiente con el caso de los ERE y el escándalo de los fondos mal empleados por UGT, se exigen dos cosas inmediatas. Primera: no generalizar, puesto que a raíz de las informaciones, parece que la totalidad de las subvenciones y, por tanto, el conjunto del sistema están bajo sospecha, y no es así: la minoría no puede tomarse por la mayoría de empresas de formación serias y de desempleados que necesitan realmente formación y/o reciclaje para poder trabajar. Y segunda: que el gran enfado público de la Junta de Andalucía no le exime para que saque los papeles caiga quien caiga.

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Gambrinus por el mundo

Cruzcampo necesitaba un golpe de efecto, una reacción rápida ante el descenso general del consumo de cerveza y del suyo en particular en un mercado, el andaluz, en el que Mahou-San Miguel comenzaba a echar el resto para arrebatar cuota en la hostelería. El Correo de Andalucía lo advertía en agosto pasado: el grupo Heineken España, propietario de la histórica marca sevillana, no sólo se distanciaba de ese líder de las rubias, sino que la tercera compañía, la catalana Damm, se acercaba cada vez más y amenazaba con quitarle en pocos años el segundo puesto de este ranking. No pocos interpretaron la noticia, escrita también por éste que La siega firma, como un injusto ataque al sevillanísimo Gambrinus y una claudicación ante los botellines foráneos. Ni una cosa ni la otra. Era simplemente constatar, con cifras certeras de la propia industria, que algo estaba fallando en la estrategia comercial desarrollada por Cruzcampo –y el tiempo, sin falsa modestia, parece haberle dado a uno la razón–.

Si algo ha demostrado esta crisis económica es que no hay tanta fidelidad a las marcas cuando el bolsillo aprieta. De hecho, aquí está la clave del continuo crecimiento en España –más intenso que en el resto de Europa– de las marcas blancas, que son propiedad de las cadenas de distribución: tú me fabricas, yo le pongo la etiqueta con el nombre de mi supermercado. Si dentro del hogar el gasto trata de reducirse, ¿cómo iba a quedar intacto el presupuesto familiar para salir de bares?

Con su tradicional e indiscutible hegemonía –¿soberbia?– en Sevilla y en la Andalucía occidental, a Cruzcampo se le olvidó la sensibilidad de adaptarse a los clientes, y especialmente en una provincia y en una comunidad autónoma que, oh descubrimiento, sufre un insoportable nivel de paro. Aquí radica una parte de la culpa. La otra habría que buscarla en aquellos dueños de bares y cervecerías que, sin dejar de mirarse el ombligo con el tengo la mejor cerveza del mundo, se resistieron a abaratarla para así amarrar los márgenes de beneficio pese a la estampida de los consumidores, sobre todo los más jóvenes, ¿adónde? Hacia los nuevos modelos de restauración low cost, como 100 Montaditos y La Sureña, enseñas ambas de la cadena Restalia.

El grupo Mahou-San Miguel sí entendió muy bien tales necesidades y una gran oportunidad de robar mercado en unas enseñas que daban volumen. Mucho volumen. El cubo de cinco botellines Mahou por tres euros, el gancho de La Sureña, rompería el mercado. Al cambio: dos cañas de Cruzcampo. Y díganme: ¿Quién ha resistido la tentación? Eso sí, también es cierto que era la novedad, y el modelo está llamado a reinventarse con el pasar del tiempo –no en vano, ya se ha iniciado la mutación–. Al compás de más y más aperturas, con Restalia Mahou se hacía cada vez más y más grande…

¿Alguien se extraña ahora de por qué Heineken España perdía cuota de producción? La soleada y turística Andalucía es un mercado estratégico por la sencilla razón de que aquí hay sol y hay turismo. Hace calor, viene gente y bebe –y mucho–. No es una sorpresa, por tanto, que todas las grandes cerveceras nos quieran, y que todas envidien el grado de penetración –y servicio– que tiene Cruzcampo en la hostelería.

En la tardía reacción de Gambrinus se han alineado tres astros: primero y primordial, el interés de Heineken España por no seguir perdiendo cuota de mercado –menos ventas, menos ingresos, más costes de transporte, menos beneficios; he aquí las claves del volumen–; segundo, el interés de Restalia, que ya ha visto las orejas de un lobo que aúlla que la novedad se diluye; y tercero y último, el desinterés de la propia Mahou-San Miguel, que difiere en la estrategia de ampliación de las franquicias de 100 Montaditos y La Sureña, que aborda ubicaciones donde poco puede crecer más, y además es muy consciente de que la hostelería tradicional seguirá siendo coto vedado para ese tío gordo y de rojo.

Éste, asimismo, será un sevillano por el mundo, habida cuenta de que Restalia ha concebido una fuerte expansión al otro lado del Atlántico, al tiempo que abordará zonas norteñas de España ahora muy controladas por Mahou-San Miguel. Son cinco los años del acuerdo, cinco años por delante para acortar distancias con su más inmediato rival y acrecentarlas respecto a Damm. La guerra de la cerveza, por tanto, se librará no ya en el sur, sino en el norte. Y esto suena al donde las dan…

P. D.

La parva. «Desprenderse de La Almoraima es como vender el Guernica de Picasso». Lo ha dicho la consejera de Medio Ambiente, María Jesús Serrano, en una entrevista publicada ayer por este periódico, donde reitera el rechazo de la Junta a la prevista venta de esa grandísima finca gaditana propiedad del Estado. No está mal poner en valor el patrimonio natural y agrario que tenemos, y que éste sea considerado cultura de nuestra tierra. Pero quizás haya que recordar a la Administración autonómica que ella liquidó el IARA –y con él, la reforma agraria–, con el cartel de se vende para sus tierras. Si pocas se vendieron, culpa fue de la crisis. Si alegan que eran para adjudicarlas a sus colonos, no se debe olvidar que si éstos no lo hacían, aquéllas se podían colocar en el mercado. La Almoraima está en el corazón del Parque de los Alcornocales; el IARA, en el corazón de la misma autonomía.

La simiente. Cuando se gestó, hace algo más de ocho años, la Corporación Tecnológica de Andalucía fue acogida con cierto recelo. Era una apuesta de la Administración regional por la I+D+I en unos momentos en los que ésta estaba de moda y, además, había que sacudirse la imagen de una comunidad autónoma eminentemente agraria, agroindustrial y turística. Es más, existía entonces una errónea creencia: que el paso de una economía aún muy tradicional hacia otra más innovadora y tecnológica era cuestión de añitos. Algunas de las empresas fueron incluso arrastradas por la Junta para entrar en la iniciativa. Ocho años después, la CTA ha demostrado, sin interferencias externas, las virtudes de esta gran alianza donde confluyen grandes y pequeñas empresas. Y sus números la avalan.

La paja. Las seis grandes entidades sancionadas por una multa de cuantía histórica por la Comisión Europea tras manipular la evolución del Euríbor hipotecario –a saber, los bancos Deutsche Bank, Royal Bank of Scotland, Société Générale, JPMorgan y Citigroup y la firma bróker RPMartin– y las otras dos – Barclays y UBS– que reconocieron la alteración y colaboraron en las investigaciones deberían ser las primeras en aclarar cuál ha sido el impacto económico de sus tejemanejes en las familias. La Agencia de Defensa de la Competencia de Andalucía, junto con las asociaciones de consumidores y profesores universitarios, ha abierto una investigación al respecto. Desde aquí esperamos la necesaria contribución de los bancos nombrados. Sea al menos por decencia…

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Sevilla, qué gran bazar

La zona más norteña de Sevilla, allá donde se acaba el barrio de Pino Montano y también la propia Sevilla, no la conoce ni la madre que la concibió. Donde sólo había jaramagos se ha cultivado una próspera y en constante expansión área empresarial y comercial que, a mediados de la pasada década, quedó sembrada por las torres azules del parque Torneo, para después abonarse con edificios de oficinas y bloques de viviendas en derredor y ahora ampliarse con un nuevo polígono, el denominado Higuerón Sur, que recolecta sus primeras mieses y en breve, sí, revelará una gran cosecha. Es, de hecho, de los pocos enclaves de desarrollo que, en la capital, parecen cobrar vida. Uno va por allí y regresa diciendo aliviado, uf, parece que algo, sí, por fin algo, se mueve. Obreros, carteles, se lee aquí pronta inauguración, dos pasos más allá, otra, trasiego de desempleados para llevar en persona el currículum, por dónde queda Costco, por dónde Brico Depôt.

Hasta aquí, todo bien, ¿no? Pero siempre hay un pero, oh, fatídica palabra acostumbrada a matizar, precisar, condicionar e incluso a echar por tierra cualquier buena nueva: sólo se está poniendo el ojo en el comercio, y esto preocupa porque, sin restar a la economía, sólo estamos sumando comercios y comercios como bares y bares y cruceros y cruceros, sin que se corte la cinta roja del queda inaugurada esta industria, hisopo y agua bendita.

Preguntó el periodista: «¿Las nuevas compañías con las que se negocia para instalarse en el parque del Higuerón Sur serán sólo y como hasta ahora de la actividad comercial?». «Aquí caben todas», respondieron el alcalde, Juan Ignacio Zoido, y Javier Marín, director general de Bogaris Retail, promotora de la criatura. No dijeron más, aunque recordaron que este parque está preparado para albergar firmas de servicios tecnológicos avanzados. Seamos confiados y a ver si llegan de verdad…

Porque no será por la expectación y el despliegue que le dedicamos –yo el primero– a la implantación de cadenas comerciales. ¿En cuántas ubicaciones hemos colocado ya esa tienda aún nonata de Primark en la capital? Avenida de la Constitución, la Gavidia, el Centro así en general, Los Arcos, un polígono cualquiera de las afueras… ¡Pero qué campaña publicitaria más gorda le estamos haciendo sin que la empresa haya dicho sí, allá vamos! ¡Cómo nos gusta un trapito, oye!

La cosa no queda aquí. Se armó el belén cuando Decathlon, por aquello de las peleítas entre administración local y autonómica a cuenta de su apertura en el complejo del Olímpico, dijo: ahí os quedáis con vuestros papeles, que yo pongo pies en polvorosa. La marimorena, además, la vemos asentada desde hace años en el edificio de la antigua comisaría de la plaza de la Gavidia, que tiene novia, al parecer una gran superficie buscada por el Ayuntamiento a la que, incluso, le asigna la dote de un parking subterráneo en la Alameda –aún por construir–, y a ambos proyectos la Junta de Andalucía les dice que tururú. Y, ya como último ejemplo de advocación comercial, se hará lo posible y lo imposible para no dejar escapar la tienda de Ikea en Sevilla capital, así que hágase la SE-35 y cámbiese lo que proceda. Una acotación sobre esta infraestructura:_matiza el delegado de Urbanismo, Maximiliano Vílchez, que no será sólo para la multinacional del mueble, sino que propiciará una gran zona de desarrollo en el entorno del aeropuerto. OK. Pues esperemos que no sean sólo comercios…

Y no es por menospreciar. Al contrario. El sector se caracteriza por una grandísima capacidad para crear empleos y hacerlo rápido, pero sin olvidar tampoco los altibajos laborales que marcan las campañas –por ejemplo, la de Navidad– y, por tanto, la alta temporalidad. Y hay que tener también en cuenta que una parte –dentro del amplio abanico que va del mucho a la nada– de las compras de las ansiadas grandes cadenas se factura a la industria regional y local, así como el efecto arrastre que supone para otros negocios de servicios o transportes.

Quede constancia, eso sí, de que en esta tierra, además de comercio y turismo, hacen falta más industrias, más firmas tecnológicas y más investigación al servicio de las empresas, y tanto mimo y tanto empuje por parte de todas las administraciones públicas –la Zona Franca de Sevilla es un ejemplo, el impulso a la minería, otro– como lo tienen una gran superficie o una tienda de trapos. Que esto, oiga, ya parece un gran bazar, mientras que pronto se secan las lágrimas por las industrias que cierran, huyen o no vienen –responso y resquiescat in pacem–.

P. D.

La parva. Curioso resulta que el campo andaluz esté muchísimo más indignado con el ministro de Industria, José Manuel Soria, que con el de Agricultura, Miguel Arias Cañete, a pesar del reparto nacional de las ayudas comunitarias de la PAC que tantísimo ha disgustado a la Junta de Andalucía y las asociaciones agrarias UPA y COAG. Y la razón no es otra que la descomunal tarifa de la electricidad, que se sufre especialmente en las producciones de regadío –por las bombas de riego–. No en vano, la patronal Asaja prepara una gran movilización, tanto a nivel andaluz como nacional, para reivindicar otras condiciones en los contratos eléctricos de los agricultores, al tiempo que exige a Cañete que medie ante su colega de Industria, quien está haciendo caso omiso al sector. No son los únicos perjudicados del sistema eléctrico español, que no gusta absolutamente a nadie.

La simiente. La Consejería de Economía, a través de la Agencia de Defensa de la Competencia, ha decidido tomar cartas en el asunto de la manipulación del Euríbor que realizaron ocho grandes bancos europeos, condicionando la evolución del principal índice de las hipotecas y perjudicando, pues, a las familias en plena burbuja inmobiliaria. En su análisis del impacto –cuántos hogares perjudicados y por qué cuantía– se apoyará en las asociaciones de consumidores y profesores de la Universidad de Sevilla. Se trata de una cuestión, la hipotecaria, muy sensible para las economías domésticas. Precisamente por esto, se exigirá celeridad y prontas conclusiones para así determinar si las familias andaluzas pueden o no recurrir de forma individual o colectiva. Que no quede en un titular…

La paja. Volvemos a la Consejería de Economía y a su previsión de que la actividad regrese a la mina de Aznalcóllar en apenas un año. Sí, asegura el departamento de José Sánchez Maldonado. Imposible, responde una industria minera, la ubicada en Andalucía, que está acostumbrada a los dilatados procesos administrativos, especialmente en sus requisitos medioambientales. Cierto es que Economía tiene que hacer atractivo el concurso internacional convocado para explotar el yacimiento, y que atraiga a las grandes multinacionales mineras, habida cuenta de que es un negocio que exige una fortísima inversión inicial. Sin embargo, es también aconsejable que se den plazos razonables, puesto que se corre el gravísimo riesgo de perder credibilidad. Al tiempo.

 

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Las cuentas de la vieja

José Sánchez Maldonado es una buena persona. Un gran hombre, sí. Tanto, que hasta coge el teléfono móvil al periodista un sábado por la tarde tras haber acompañado a su hija ante el altar. José Sánchez Maldonado es un buen profesor y un buen catedrático de Hacienda Pública, con sincera preocupación por las cuestiones sociales, crítico con la excesiva austeridad y partidario de la justa distribución de los recursos de las administraciones. José Sánchez Maldonado es un buen andaluz y, desde su departamento de la Universidad de Málaga –y durante años desde las páginas de este periódico–, siempre ha defendido con argumentos y números los intereses y las necesidades de esta tierra. Pero José Sánchez Maldonado, Pepín, no sabe ser un buen consejero de Economía, Innovación y lo demás que al rótulo institucional sigue –curioso, Empleo va lo último–, si bien conserva todo lo bueno anteriormente dicho.

Porque cuando a uno lo nombran consejero –o cualquier otro cargo público, sobre todo si es de confianza– lo es, para su suerte o para su desgracia, desde que se levanta hasta que se acuesta. Públicamente, por tanto, no cabe hablar en primera persona, puesto que sus palabras serán siempre la voz oficial de aquella institución a la que representa, en este caso, la Junta de Andalucía. Y si uno se quiere pronunciar como un yo individual fuera de ataduras, hágase de puertas para adentro, sea en casa, sea en clase, sea tomando cañas con los amigos.

Señor consejero: ¿Cómo se atreve usted no sólo a hacer sino también a decir en una conferencia la cuenta de la vieja para calcular cuánto empleo creará Andalucía en 2014? La cosa fue como sigue: «Si en 2013 con 0,1 por ciento de crecimiento (del PIB autonómico) fuimos capaces de crear 17.000 empleos netos, para 2014, con esa décima trasladada a un punto de crecimiento (1 por ciento), se podrían crear 170.000 empleos netos haciendo la cuenta de la vieja». Ea, y el buen Pepín se queda tan ancho.

Pues no. Cuando –presumo que conscientemente– se están gestando expectativas de trabajo para casi 1,5 millones de parados, que son los que, según la última Encuesta de Población Activa, hay en esta comunidad, no se puede recurrir con tan insensible ligereza a tales expresiones populares, por muy comprensibles, campechanas e incluso dicharacheras que resulten para el común de los mortales poco duchos en la jerga económica. Si se tiene realizado el cálculo aunque sea aproximado –ya se sabe que las previsiones son eso, sólo previsiones, aunque a algo hay que agarrarse para planificar–, dígase. Si, en cambio, no se han echado los números o éstos no se recuerdan, es preferible callarse y no tratar de salir airoso de una pregunta.

Dada la dilatada trayectoria académica de José Sánchez Maldonado, en absoluto pongo en duda su capacidad para improvisar cuentas, estadísticas, datos, y que, procediendo así, despliegue su sapiencia y buena fe. Pero en su puesto, mi querido consejero, las formas son importantísimas. Quédense las reflexiones particulares para las sobremesas en torno a una camilla. Si un universitario respondiera en un examen con la cuenta de la vieja, la rigurosidad del cero la tiene garantizada.

Lo cierto y verdad es que la todavía escasa trayectoria pública de Pepín está repleta de perlas. Desde que asumiera el cargo diciendo que el de consejero era un buen colofón para su carrera hasta que desatara las críticas de los socios de IU al considerar beneficencia que recuerda a otros tiempos el mínimo vital de luz y agua que propuso la coalición de Diego Valderas, pasando por las metáforas llamémosles didácticas para explicar cómo evoluciona el desempleo y atisbar la recuperación de la economía.

Economista como es, más le valdría a José Sánchez Maldonado gestionar bien y no enredarse con la palabra, que bastante palabrería hay ya entre los políticos andaluces. Su departamento, Economía, Innovación, Ciencia y Empleo es eso, gestión, de números, de cuentas, de ayudas, de acompañamiento a las empresas, de impulso a la I+D+I, y no de meros eslóganes sin saber.
Queden erradicadas las cuentas de la vieja y las sumas con los dedos. Ante todo, seriedad con la Economía, porque más allá de esa cifra redonda de los 170.000 empleos hay nada más y nada menos que 170.000 andaluces de entre casi 1.500.000 almas paradas que hoy se preguntan: «¿Esta vez seré yo, maestro?».

P. D.

La parva. Porque el empresario sevillano Francisco León y la compañía que fundara, Merkamueble, se lo merecen, ojalá esa liquidación de algunas de sus tiendas sea el punto y final consiga remontar. Porque no será por los grandísimos esfuerzos que ha ido acometiendo, y ahí tenemos un complejo del mueble en el barrio sevillano de Torreblanca que, hoy por hoy, no es ni la mínima sombra de lo que era. Aquí no cabe hablar de la asfixia de los bancos. Las entidades financieras acreedoras sí dieron a Merkamueble una oportunidad, y también dos, pero han fallado las previsiones de ingresos por ventas –el sector de la construcción sigue en toda España sin levantar cabeza– y por la enajenación de activos inmobiliarios (parcelas) comprometida. Francisco León todavía confía en las posibilidades de la emblemática firma sevillana. Ojalá que así sea.

La simiente. Por lo visto tenemos una banca que no sólo comienza a salir del profundo agujero de los últimos años –el caso extremo es ese engendro llamado Bankia, que casi le cuesta la vida a todo el país–, sino que gana más y más, presume por ello y vaticina una inminente recuperación económica. Pues ya que estamos, a ver si los empresarios y especialmente los emprenderores nos sorprenden anunciando que ya –de una vez por todas–, los bancos abren el grifo del crédito y comienzan a devolver a los ciudadanos el esfuerzo realizado para rescatar las finanzas. De hecho, algo se mueve. La publicidad ya no es sólo de captación de depósitos –que te doy yo una sartén por tus ahorros–, sino de hipotecas y de préstamos al emprendimiento. Por ese algo se empieza…

La paja. Que la Comisión Nacional de Valores se avenga a eliminar pasada la medianoche un hecho relevante por ¿confusión? o ¿corrección? o ¿incorrección? de las sociedades que lo envían al regulador de los mercados genera incertidumbre si no existe explicación de los motivos de la anulación. Sucedió la semana pasada con la operación de integración de Ceiss y Unicaja. Primero detalla las condiciones de la misma para poco después anuciar que las entidades protagonistas comunican que no están de acuerdo con la información que ellas mismas han proporcionado. La rectificación tiene una sola explicación: Braulio Medel, presidente de la entidad malagueña, no estaba de acuerdo con la información facilitada por Ceiss. Sin estar clara, ¿para qué se apresuraron?

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